
La herencia de los Ballester: “El caballo es un animal muy noble”, dice Fernando Bargo que, siguiendo lo que inició su abuelo hace casi 90 años, se abocó a la cría de la raza criolla
La tradición y peso que la familia Ballester tiene dentro del sector equino, y particularmente al interior de la Asociación Argentina de Criadores de Caballos Criollos, solo se dimensiona mirando...
La tradición y peso que la familia Ballester tiene dentro del sector equino, y particularmente al interior de la Asociación Argentina de Criadores de Caballos Criollos, solo se dimensiona mirando su árbol genealógico.
La punta del hilo desde la que hay que tirar es la de José Blas Ballester, el menor de una familia de más de 10 hermanos. En su paso por la Universidad de Buenos Aires, en la que integró la primera camada de veterinarios que tuvo esa institución, conoció a Emilio Solanet, con quien trazó una fuerte amistad y un proyecto que perduraría en el tiempo: la cría de caballos criollos.
Lo que comenzó con el rescate de yeguas en la Patagonia, en 1920 les daría el puntapié para, junto a otros productores, dar inicio a la asociación que nuclearía a los criadores de esta raza. Es allí donde hoy, casi un siglo después, sus nietos mantienen presente el apellido.
“En 1940 José Blas, mi abuelo, comenzó a criar estos animales. Primero presentaba los caballos de su hermano Felipe, alguien ya conocido en el sector, y después inició su cabaña La Esperanza, que hoy posiblemente es la número uno por la calidad de sus ejemplares. De ella salieron grandes campeones de Palermo. Él tuvo seis hijas mujeres y un varón, y nosotros, los nietos, tenemos nuestras propias cabañas y participamos activamente de la Asociación”, contó a Bichos de Campo Fernando Bargo.
Mirá la nota completa:
Aquella tradición es la que Fernando intenta plasmar a diario en Los Charcos, la cabaña que mantiene en la localidad de 25 de Mayo, en la que incluso ya participan sus hijos.
“Yo soy agrónomo y me dedico a la nutrición animal. Ahí tenemos instalaciones para unas cinco o seis yeguas, y desde que son chicas empezamos a ver cuál tiene futuro”, dijo.
Y señaló: “Esta es una actividad que llevamos todos los días. Es algo que nos sale muy naturalmente con mucha pasión y que nos divierte mucho. El caballo es un animal muy noble y la raza criolla es una muy linda”, señaló Bargo.
-Es evidente que hay una cuota de este trabajo que es muy familiar. Se evidencia en la historia de José Blas y en la tuya con tus hijos. Se genera un vínculo con el animal que se hereda en la familia.
-Exacto. La familia de José Blas es toda gente que vivió en el campo. En 1940 se usaba mucho el caballo para todo, y eso se fue pasando de generación en generación. Las propias actividades que hace la Asociación son muy familiares. Esta es una pasión compartida. Yo creo que José Blas hoy estaría orgulloso de ver cuántos de sus nietos están criando y están involucrados en la raza.
-¿En donde se encuentran involucrados?
-Esteban Trotz, mi primo, es vicepresidente y futuro presidente de la Asociación de Criollos. Felipe Ballester, que mantiene viva la cabaña La Esperanza, tuvo diferentes roles en la comisión directiva y es jurado de la raza. Martín Rocha también es jurado y pronto se desempeñará como tal dentro del encuentro de la Federación Internacional en Uruguay. Yo, por mi parte, participo como director de la Escuela de Capacitación de la Asociación. Estamos todos muy involucrados por esta pasión que heredamos.
-¿Cómo ven ustedes a la raza criolla hoy en día?
-No para de crecer. Hay muchos criadores nuevos. Es una raza que ha tenido esa capacidad. En Nuestros Caballos, de los 1.000 animales presentes unos 300 eran criollos. Ella sigue creciendo y esperamos que sea una raza que cualquiera pueda criar.