
Detrás de la 16° edición de la Fiesta de la Mandarina hay una comunidad que mantiene viva una tradición productiva de Quilino, en el noroeste de Córdoba
Este sábado 23 de mayo, en la explanada del ferrocarril de Quilino, tendrá lugar la Fiesta de la Mandarina. El evento, organizado por la municipalidad de Quilino y Villa Quilino, llega a su decim...
Este sábado 23 de mayo, en la explanada del ferrocarril de Quilino, tendrá lugar la Fiesta de la Mandarina. El evento, organizado por la municipalidad de Quilino y Villa Quilino, llega a su decimosexta edición, en plena cosecha de cítricos. La festividad, más que una tradición, marca la existencia de una comunidad que se ocupa de mantener ese cultivo vigente en el extremo norte de la provincia mediterránea.
Uno de esas personas es Rodolfo Noriega. Es técnico agrónomo y de niño siempre lo apasionó la fruticultura. “Yo crecí y me fui formando en un ambiente productivo de escala familiar, dedicado, principalmente, al cultivo de cítricos en esta localidad, donde se destaca el cultivo de la mandarina”, comienza presentándose Rodolfo.
“También tenemos cultivos de vides, de higueras, de olivos, por detrás de las mandarinas que son las más destacadas. Nuestra zona cuenta con sistema de riego que hace posible el desarrollo de los cultivos, más un microclima especial que tiene la zona, lo que ha favorecido el desarrollo de la fruticultura”, agrega.
La fruticultura en Villa Quilino se organiza en unas 25 quintas. Son de superficies variables desde un cuarto de hectárea hasta las dos hectáreas de superficie. “La producción frutícola en Villa Quilino es de unas 15 hectáreas, de las cuales el 60% está ocupada por mandarina criolla y algo más de Clemenules, un 22% con vides, un 4% higueras, 3% con olivos, que son los cultivos más destacados. También hay algunas parcelas con naranjos, limoneros, pero en menor superficie”.
Rodolfo comenta que “uno de los cultivos que se destaca es la uva de mesa que, en estos últimos años, se le está agregando de valor con la elaboración de vinos caseros o artesanales. Algunas fincas están incorporando uvas para vinificación, como Malbec, Cabernet, acompañando el auge de la vitivinicultura en la localidad”.
Julia López y su marido Raúl Villagra, son grandes impulsores de la producción de mandarinas en Villa Quilino. “Hace un año que estamos radicados de lleno en nuestra quinta. Toda nuestra vida la hicimos en Córdoba, donde trabajamos como bancarios, nos jubilamos y decidimos venirnos. Y allá quedó toda nuestra familia, los cinco hijos, los once nietos a los que vemos permanentemente”.
“Esta finca decidimos comprarla por el año 98 y, mientras teníamos la vida en Córdoba, fuimos armándola hasta que es lo que hoy tenemos. Producimos citrus, mandarinas en su inmensa mayoría, pero también tunas, higos, uvas, de todo un poco. Tenemos gallinas de muy buenas razas y cabañas también. Eso es lo que hacemos en este lugar”, se presenta orgullosa.
A lo que agrega: “Hoy estamos con la producción a pleno, ya vendiendo. Nosotros, particularmente, comercializamos mucho en la zona porque son mandarinas muy ricas, grandes y la gente de esta localidad y de los pueblos vecinos las buscan mucho. El que va pasando por la ruta entra y las busca, porque estamos a 700 metros de la ruta 60, sobre asfalto. Tenemos dos predios, dos cuadros de mandarinas criollas. Hemos conformado un grupo de pequeños productores. Estamos felices con lo que hacemos, porque tenemos un producto que se destaca y es muy buscado por su sabor y perfume”.
Alejandro García es ingeniero agrónomo y docente universitario. Está a cargo del vivero municipal que pertenece a la municipalidad de Quilino. Las tareas propias puertas adentro del vivero se balancean con otras actividades con los productores de la zona. “El vivero cuenta con 13 hectáreas, con distintos módulos de producción adaptada a la zona. Es un vivero productivo, pero también es un espacio educativo, desde donde organizamos cursos y capacitaciones”, comienza comentando García. “En la parte citrícola las mandarinas son las de mayor incidencia. Después tenemos las tunas, vides, pitayas, higueras, forestales y ornamentales” complementa Alejandro.
Antes, el vivero pertenecía a la provincia de Córdoba, luego pasó a ser parte del municipio, momento en que se orienta mayormente a la producción citrícola. “Un colega que estuvo en ese momento de traspaso presentó un proyecto a Nación con el que se construyó una cámara de enraizamiento, formamos un umbráculo, un vivero, un invernadero, y empezó la producción”, relata el ingeniero.
“Después fueron pasando los años, las gestiones, y el vivero pasó por etapas con varios altibajos. En 2019, con la gestión actual, se hizo mucho foco en lo productivo y se propuso la recuperación de este vivero municipal, que estaba bastante deteriorado, con poca atención y las plantas venidas a abajo, en cuanto a la a la sanidad, al mantenimiento y a la estructura misma de la planta”, profundiza.
“A la par fuimos poniéndonos a tono con las variedades locales e iniciando un trabajo de recuperación. Como pie para el injerto se utiliza el Citran Troller, y el Naranjo Agrio o el Amargo. Las yemas de los injertos son los de la mandarina variedad criolla, que es la de mayor presencia en la zona, pero después, la Clementina y la Marisol, que son más tempranas. Entonces, fuimos generando nuevas plantas, promoviéndolas, acercándonos al productor, explicando nuestro propósito de que se reactivaran viejas quintas de la zona”, explica Alejandro.
Pero no todo son parabienes con la fruticultura de Quilino. Rodolfo Noriega plantea que “como principal problemática, en estos últimos años, no se está viendo una incorporación de jóvenes, de generaciones nuevas, que tomen la posta y las riendas, en estas quintas. Los que están ya no tienen las mismas energías y se van descuidando las producciones, que van bajando su productividad llegando a quedar algunas fuera de funcionamiento”.
Por su parte Julia agrega que “tropezamos con varios problemas. Al ser pequeños productores, nos haría falta implementos para facilitar la mano de obra y también poder adelantarnos y extendernos más tiempo en producción. En el año 22 armamos un grupo de Cambio Rural donde empezamos a trabajar esas cosas pero, en febrero del 24, le tocó la motosierra. No obstante seguimos unidos, compartimos criterios, tratamos de hacer compras conjuntas para seguir manteniendo lo que tenemos”.
Noriega también destaca el asociativismo como una estrategia viva entre los productores. “En estos últimos años, tanto con el ex programa Cambio Rural y actualmente con el programa Córdoba Agroasociativa del Ministerio de Bioagroindustria, se logró conformar un grupo de productores frutícolas en Villa Quilino. A partir de esto hemos implementado distintas estrategias, sobre todo en el tema riego, para que la producción se siga sosteniendo. El hecho de estar asociados estimula, motiva a continuar en actividad. Se logró conformar una comisión de regantes que es la que, junto al municipio, se encarga de administrar y regular el servicio. Se elaboró un cronograma de entrega de turnos y un reglamento de riego”.
Otra de las actividades asociativas que tiene el impulso municipal es “nuestro Festival de la Mandarina”, dice orgullosa Julia, “y esperamos verlos por acá y para que degusten y conozcan nuestra tierra. Es el sábado 23, comienza a las 15 horas, en el predio del Ferrocarril en Quilino”, refuerza.
Sobre el Festival, Alejandro García agrega que “ya lleva 16 años. Anteriormente se hacía en julio, en tiempo de las últimas cosechas de la criolla. Entonces, se hacía el festival, pero no había mandarina, o las mandarinas que había ya estaban pasadas y tenían que traer de otro lado para hacer el festival. Por suerte, y con criterio, en el gobierno local, se propuso ajustar la fecha de la Fiesta de la Mandarina para la fecha de cosecha, que empieza abril y termina en junio. Entonces se pensó en el fin de semana largo del 25 de mayo, que es cuando tenemos el pico de producción en cosecha. Eso fue otro gran avance”, completa.
Alejandro también sostiene que la estrategia para mejorar algunas problemáticas del sector es el asociativismo, pero incorpora el agregado de valor y el vínculo permanente con el turismo rural. “Es dificultoso poder transportar la mercadería al mercado central de Córdoba. Entonces se generaron distintas políticas públicas para acompañarlos en la comercialización y en el valor agregado para las frutas. Entonces, en la Fiesta de la Mandarina se le da participación exclusiva a los productores que producen y elaboran, y dan valor agregado a la mercadería”.
“También se gestionó una despensa en la ruta 60 y que los ayuda mucho en la comercialización. Estos son pasos para fomentar el turismo local y rural, poder incentivar los productos y la gastronomía local. Tenemos la esperanza de que más personas puedan interesarse en iniciar una producción citrícola o cualquier otra producción que ayude a la diversidad de oportunidades laborales dentro de la localidad”, concluye.
Por su parte, la intendenta Mabel Godoy destacó que “cada una de nuestras fiestas populares representa mucho más que un evento cultural o turístico. Son parte de nuestra identidad, de nuestra historia y del trabajo que venimos haciendo para posicionar a Quilino y Villa Quilino en toda la región y en el país. La recuperación del Vivero Municipal nos da una enorme satisfacción, porque significa recuperar producción, educación, capacitación y oportunidades para nuestra gente”.
Finalmente, afirmó: “Educar, educar y educar. Un pueblo que piensa es un pueblo que decide y eso no te lo quita nadie”. La mandataria valoró además el trabajo conjunto entre productores, instituciones y vecinos para sostener el crecimiento de las economías regionales y consolidar a Quilino como un punto de referencia productiva, cultural y turística del norte cordobés.