
Parece joda: Un estudio científico chino propone dietas más vegetarianas para reducir la dependencia de la soja importada
Un trabajo científico realizado por investigadores chinos en base a suposiciones estadísticas y elucubraciones sociológicas asegura que la nación asiática, si se lo propone, puede dejar de imp...
Un trabajo científico realizado por investigadores chinos en base a suposiciones estadísticas y elucubraciones sociológicas asegura que la nación asiática, si se lo propone, puede dejar de importar soja.
El estudio, denominado “Desbloquear soluciones a la crisis de la soja en China: optimización de los sistemas de cultivo y las estructuras alimentarias” y publicado en la revista Nature, propone alternativas para terminar con una debilidad estratégica de la nación asiática.
Más del 80% de la soja consumida en China es importada. Sin ese recurso, la elaboración nacional de proteínas cárnicas –fundamentalmente pollo y cerdo– colapsaría y debería ser reemplazada por importaciones de carne.
Pero es estudio asegura que el área de siembra de soja puede alcanzar un máximo 52,9 millones de hectáreas para generar una cosecha de más de 89 millones de toneladas. Considerando que en el ciclo 2025/26 China sembró 9,9 M/ha para cosechar 19,6 millones de toneladas de soja, se trata ciertamente de un escenario optimista.
Para llegar a semejante incremento de la superficie sembrada, el estudio contempla la posibilidad de que la soja se incorpore como doble cultivo o que se siembre en zonas con barbechos invernales, lo que requeriría, por supuesto, un mayor nivel de inversión y un volumen creciente subsidios estatales para lograr ese propósito.
El estudio es honesto al admitir que tal “solución” tendría un costo ambiental enorme, ya que el crecimiento sustancial del uso de fertilizantes podría promover contaminación de napas, además de comprometer las reservas de agua dulce en aquellos establecimientos con riego. No se trata de una cuestión menor para una nación con más de 1400 millones de habitantes.
El trabajo reconoce que en el escenario más optimista –que luce bastante improbable en términos reales– China lograría un autoabastecimiento de soja del 77%, lo que implica que seguiría dependiendo del poroto importado.
El documento dice que –suponiendo que pueda aumentarse tanto la producción local de soja– la brecha sin cubrir podría eliminarse reduciendo el consumo de proteicas cárnicas.
Es decir: tendrían que convencer (u obligar) a los chinos que no consuman tanta carne aviar o porcina y que tengan dietas basadas en vegetales. Un retroceso cultural enorme que difícilmente sea aceptado de manera voluntaria.
Cambiar los hábitos alimenticios de 1400 millones de personas es una tarea sociológica monumental. Pero el modelo asume que si la dieta es “nutricionalmente correcta”, la población la adoptará, algo ciertamente dudoso de creer.