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Mary Contreras hace de todo para seguir en su chacra: Produce frutas y verduras, elabora dulces y “contagia” a los turistas de sus ganas de vivir en Río Colorado

A María del Carmen Contreras todos la conocen como Mary, de tanto verla allí, en su lugar en el mundo. Ella nació en una chacra de Río Colorado, en el norte de Río Negro, donde el puente sobre...

Mary Contreras hace de todo para seguir en su chacra: Produce frutas y verduras, elabora dulces y “contagia” a los turistas de sus ganas de vivir en Río Colorado

A María del Carmen Contreras todos la conocen como Mary, de tanto verla allí, en su lugar en el mundo. Ella nació en una chacra de Río Colorado, en el norte de Río Negro, donde el puente sobre...

A María del Carmen Contreras todos la conocen como Mary, de tanto verla allí, en su lugar en el mundo. Ella nació en una chacra de Río Colorado, en el norte de Río Negro, donde el puente sobre el río conecta con la localidad pampeana de La Adela. Es hija de productores y aprendió desde chica a querer esa tierra. Después le tocó aprender algo bastante más complicado: cómo quedarse allí cuando las cuentas no cierran y los productores vecinos van abandonando sus terrenos.

Su respuesta a ese dilema fue sumar actividades, hacer más. A las peras y manzanas tradicionales de la zona les agregó horticultura bajo cubierta, cerezas, frutillas y frambuesas. Probó con el kiwi y ahora está dando los primeros pasos para incorporarlo como alternativa productiva en una zona inusual para esa fruta. También abrió la tranquera al turismo, organiza eventos y prepara dulces para quienes la visiten. Todo en una chacra de nueve hectáreas y con un propósito que aparece una y otra vez en su relato: seguir vinculada con la tierra.

“Multifacética como para sobrevivir”, se definió durante una entrevista con Bichos de Campo en el marco de un encuentro de mujeres rurales en Mar del Plata, donde estaba nominada en los premios Lía Encalada en la categoría, justamente, de valor agregado.

Mirá la entrevista completa:

Su emprendimiento se llama Frutos del Colorado. Allí, la diversificación fue tomando forma a medida que las dificultades económicas y el clima obligaban a buscar nuevas fuentes de ingresos. La base familiar eran los frutales de pepita, pero depender solamente de las peras y las manzanas se volvió cada vez más difícil.

Mary describe ese deterioro con una cuenta de vecinos que también es una medida del desarraigo. “Nosotros ahí en el lugar éramos 400 productores y no sé si quedan 35. De esos 35 productores habrá diez jóvenes. Entonces el futuro no sé cuál va a ser”, lamentó.

Son impresiones sobre el lugar donde vive y produce. Detrás de esos números hay una pregunta que atraviesa a muchas chacras: quién seguirá trabajando cuando se retiren los que todavía resisten. En su zona, señaló, hay buena tierra y acceso al riego. Pero esas condiciones no alcanzan por sí solas para sostener a las familias.

“Hay que trabajar y hay que tener ayudas crediticias que se puedan pagar”, planteó. Su propia experiencia explica el énfasis en esas últimas palabras.

“Recuerdo que estuvimos 30 años pagando créditos”, contó. En ese recorrido hubo refinanciaciones y amenazas de embargo sobre los tractores. El trabajo no alcanzaba para salir de las deudas: cuando conseguían dinero, debían destinarlo a evitar que les llevaran las herramientas con las que necesitaban seguir produciendo.

“Nunca podíamos salir del pozo. Pero así mismo fuimos haciendo invernaderos y luchando”, resumió.

La horticultura bajo cubierta fue una de las respuestas. Después se sumaron otros cultivos, entre ellos cerezas, frutillas y frambuesas. Más recientemente llegó el ensayo con kiwi: antes de avanzar, dedicaron tres años a comprobar si podía funcionar en la chacra.

“Nos dimos cuenta de que sí”, aseguró. Con esa experiencia compraron algunas plantas para empezar a darle lugar dentro del establecimiento. La búsqueda está relacionada con las dificultades para colocar la pera y obtener un ingreso que justifique el trabajo.

“Hay mucha cantidad de pera que se ha puesto en su momento y ahora nadie la quiere. Entonces, bueno, hay que diversificar”, explicó.

Otra de las alternativas lleva ya 15 años: el turismo rural. Mary vio una oportunidad en recibir visitantes en esa chacra rionegrina, fronteriza con La Pampa. Recuerda que el primer año llegaron 23 familias. Con el tiempo fue incorporando propuestas, eventos y productos elaborados por ella misma.

La visita incluye algo que para una hija de chacareros puede resultar cotidiano, pero que para otros es un descubrimiento: cosechar una fruta de la planta. “Yo les hago que se cosechen la fruta de estación a los turistas. Después se van felices”, contó la mujer.

 

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Lo cuenta sin burlarse. Entiende que a ella podrían pasarle cosas parecidas en una ciudad. Allí encuentra parte del sentido de abrir su lugar: compartir lo que conoce y permitir que otros se acerquen a una experiencia que nunca tuvieron. “Me da mucha felicidad atender a la gente”, afirmó.

Su historia tampoco fue la de una permanencia sin interrupciones. Para que sus hijos pudieran estudiar tuvo que salir a trabajar fuera de la chacra durante un par de años. Pero incluso entonces buscaba la manera de mantener el vínculo: cuando regresaba, aprovechaba los intervalos para cultivar flores y hacer otras tareas.

“Hacía un montón de cosas para no perder el contacto con la tierra. Amo la tierra”, enfatizó. No sabe si logrará contagiar a los turistas las ganas de trabajar en el campo. Pero sí reconoce algo en el momento de despedirlos: “Se van con energía”.

Fuente: https://bichosdecampo.com/mary-contreras-hace-de-todo-para-seguir-en-su-chacra-produce-frutas-y-verduras-elabora-dulces-y-contagia-a-los-turistas-de-sus-ganas-de-vivir-en-rio-colorado/

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