
Le avisamos a Caputo que era inútil congelar la actualización del índice de inflación por el aumento del valor de la carne vacuna que venía en camino: Ahora ya sabe que se equivocó
Es carísimo tener un ministro de Economía que luce un desconocimiento supino sobre cuestiones agroindustriales. Dos meses atrás avisamos que haber puesto en el “freezer” la nueva ponderació...
Es carísimo tener un ministro de Economía que luce un desconocimiento supino sobre cuestiones agroindustriales. Dos meses atrás avisamos que haber puesto en el “freezer” la nueva ponderación de la inflación era “pan para hoy y hambre para mañana”. Hoy la evidencia empírica muestra la magnitud de ese error de cálculo.
Este año debería haber comenzado a regir la nueva ponderación realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) para calcular el índice de inflación minorista. Pero el ministro Luis “Toto” Caputo decidió posponerla hasta nuevo aviso.
La razón detrás de esa decisión –que derivó en la salida de Marco Lavagna del organismo estadístico– residió en el hecho de que la actualización del índice confiere una mayor ponderación relativa a ítems tales como vivienda, educación, salud, electricidad, gas y comunicaciones.
En la ponderación vigente, en cambio, tienen mayor preponderancia los alimentos, los cuales en las últimas dos décadas han venido perdiendo peso relativo ante el crecimiento del consumo de servicios.
Caputo, de manera discrecional –práctica propia del kirchnerismo–, decidió posponer la actualización del índice especulando con la posibilidad de que la inflación terminase generando así un número inferior al que se habría obtenido con la nueva ponderación. Pero se equivocó.
La ponderación actual, además de conceder una importancia desproporcionada a los alimentos, comprende un volumen de carne vacuna que ya no forma parte –ni por lejos– de la dieta de los argentinos.
El consumo estimado de proteínas cárnicas en la Argentina en 2025 fue de 116,4 kilogramos por cabeza. La carne vacuna sigue siendo muy importante, pero cubre el 43% del total, mientras que el 57% restante corresponde a la carne aviar y porcina. El amor de los argentinos por la carne roja es sólido, pero el “bolsillo” tiene un límite a partir del cual resulta indispensable buscar alternativas más accesibles.
Tal como advertimos oportunamente, esa desactualización contenía una “bomba de tiempo” inflacionaria, ya que la carne bovina iba camino a registrar un alza de precios enorme y sostenida en el tiempo (fenómeno que no sólo es local, sino que se replica a nivel internacional).
Esta semana el Indec informó que el índice de inflación minorista se incrementó a 3,37% en marzo a partir de la ponderación desactualizada. La inflación con el índice actualizado, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), habría sido del 3,54%.
Es decir: el crecimiento del precio de los alimentos en general y de la carne vacuna en particular terminó neutralizando los intentos de forzar una baja de la inflación testimonial por medio del uso de una ponderación anticuada.
¿Valió la pena bastardear una política institucional de orden técnico a través de una injerencia de naturaleza política por una diferencia de apenas 0,17 punto? La respuesta queda en sus manos.