La herencia de los Ballester: Además del apellido y la cabaña de su abuelo, Felipe José siguió con la pasión por el mejoramiento y la selección de los mejores caballos de trabajo
“Soy un apasionado del caballo y trato de continuar lo que se vino haciendo desde hace tantos años”, dice con una sonrisa Felipe José Ballester, heredero del legado que inicio su abuelo José...
“Soy un apasionado del caballo y trato de continuar lo que se vino haciendo desde hace tantos años”, dice con una sonrisa Felipe José Ballester, heredero del legado que inicio su abuelo José Blas –uno de los primeros promotores de la cría de caballos criollos en el país- en la cabaña La Esperanza, que hoy administra junto a su padre. Y aunque la tarea es enorme, el devenido criador y economista agropecuario la lleva adelante con gran orgullo.
“José Blas tuvo a mi padre y seis hermanas, así que el apellido Bellester sigue por mi padre. Hoy seguimos con esta cabaña, en la que mi abuelo empezó a inscribir caballos allá por 1937. Después se fueron dividiendo las yeguadas y cada tío armó su manada y cabaña. Pero el origen de La Esperanza se mantiene”, aseguró el productor en charla con Bichos de Campo.
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Aquella esperanza se mantiene viva en la localidad de Yutuyaco, en el departamento bonaerense de Adolfo Alsina. Sus primos, a quienes este medio también entrevistó, lo hacen a través de cabañas como Los Charcos, en 25 de Mayo; El Goyas, en Trenque Lauquen; y San Blas, también en Adolfo Alsina.
“Mi abuelo José Blas y todos los Ballester criaban caballos porque eran usuarios de estos. Eran la herramienta de trabajo y los fueron seleccionando en función de sus andares, mansedumbre, instinto vaquero. Hoy evolucionó todo eso y hay muchísimas pruebas donde compite gente que por ahí no es de campo, pero que usa el caballo para pruebas de rodeo”, explicó Felipe José.
“La finalidad del criollo cambió, no es el animal de trabajo que se seleccionó 100 años atrás. De hecho, nosotros apuntamos hoy a estar en las pruebas funcionales de alto nivel”, indicó a continuación.
Es por esta razón que el foco de su planteo hoy se diversificó, avanzando también con ganadería y agricultura, actividades que acompañan a la cabaña. En esto resultaron clave los estudios de Felipe, que le permitieron reordenar administrativamente el negocio.
“La carrera me dio herramientas para ajustar la parte administrativa y el manejo, que es lo fundamental en el negocio. La economía relacionada al campo siempre me interesó y por eso la elegí. Para nosotros hoy la cabaña es una herramienta más del campo”, resumió.
-¿Qué te gustaría que pase con La Esperanza en el futuro?- le preguntamos.
-El sueño de todos es que siga en el tiempo, que mantenga sus principios, sus bases y su historia. Imagino que alguno de mis hijos la va a continuar. También tengo muchos sobrinos que se podrán ocupar de ella. Espero que continúe siendo La Esperanza.