La cadena sojera argentina rindió examen en Bruselas, tratando de desmontar por completo la amenaza de la UE sobre las exportaciones de biodiésel
Tal como se había anticipado un par de semanas atrás, cuando el Parlamento Europeo desestimó aplicar de inmediato medidas restrictivas contra el ingreso de biodiésel argentino, un derivado de l...
Tal como se había anticipado un par de semanas atrás, cuando el Parlamento Europeo desestimó aplicar de inmediato medidas restrictivas contra el ingreso de biodiésel argentino, un derivado de la soja al que se acusa de promover una mayor deforestación, las agroexportadoras locales de ese producto debieron concurrir a Bruselas, sede política de la Unión Europea (UE), a brindar mayores explicaciones.
Las exportaciones de biodiésel argentino no están en un pico histórico sino todo lo contrario, en pisos de poco más de 200 mil toneladas en 2025. Sin embargo, la UE es casi el único mercado que le queda en pie y por eso la decisión es cuidarlo. De allí esta reunión bilateral entre la Comisión Ejecutiva de la Comisión Europea y la Argentina, para discutir las condiciones de acceso al viejo continente.
A falta de información oficial -de la Cancillería o de la Secretaría de Agricultura-, la realización de este cónclave se conoció mediante un comunicado de la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), que agrupa a las empresa aceiteras que elaboran el biodiésel a partir del aceite de soja.
“La reunión fue presidida por el Comisario de Comercio de la UE, Maros Sefcovic, y por el vicecanciller Fernando Brun, junto con el embajador Fernando Iglesias y el subsecretario de Mercados Agroalimentarios, Agustín Tejeda por parte de la Secretaria de Agricultura. La Cámara de la Industria Aceitera y la Cámara Argentina de Biocombistibles (CARBIO) participaron de la reunión”, se comentó desde el sector pirvado.
Allí hubo una presentación de propuestas técnicas parea normalizar el comercio y mantenerlo a salvo de nuevas amenazas a cargo del presidente de Ciara-CEC, Gustavo Idigoras, que se enfocó en demostrar que la Argentina “no aumentó su superficie de soja sino que se contrajo y que, además, la superficie de soja de segunda creció sobre el área agrícola poscultivos de invierno, por lo que no existe efecto alguno sobre cambio indirecto de uso del suelo”.
Eso es lo que sugería el Reglamento 807 de la UE, que pretende restringir las importaciones europeas de biocombustibles originadas supuestamente en un “cambio de uso de suelo” a partir del desmonte de grandes áreas para producir soja y luego biodiésel.
Según la posición argentina, ahora que el Parlamento europeoi puso un freno de mano a esa amenaza, “el nuevo reglamento 807 debe incluir una metodología de cálculo basada en datos nacionales y no globales”.
“La realidad productiva argentina no se ve reflejada en la propuesta de legislación de la CE. El Parlamento Europeo coincide con la Argentina y por eso fue rechazada. Ahora tenemos la oportunidad de introducir cambios que tengan en cuenta la superficie real de soja en la Argentina y en el Mercosur, que nos caracteriza por ser un país de bajo riesgo de ILUC”, explicó Idigoras., en referencia a las siglas en inglés de Cambio Indirecto del Uso del Suelo (Indirect Land Use Change).
En ese sentido, la Argentina presentó propuestas para introducir el concepto de “cultivos secuénciales” en una misma superficie agrícola como cultivos adicionales que automáticamente se consideran de bajo ILUC, ya que vienen de un planteo agrícola continuo.
“Esta propuesta está basada en conceptos de la FAO y ayudan a generar producción y comercio de soja y nuevos cultivos como camelina, carinata, colza y cártamo, cuyos productos industrializados podrán venderse en la UE si estos conceptos son incluidos en el nuevo reglamento”, agregó Idígoras.