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Halcones que espantan hasta a los cóndores y protegen a los aviones: El método natural que hace único y seguro al aeropuerto Chapelco

Antes que espantar aves, los halcones patrullan el cielo. Vuelan en silencio, atentos a cualquier movimiento, mientras en tierra un hombre los sigue con la misma concentración. No hay explosiones,...

Halcones que espantan hasta a los cóndores y protegen a los aviones: El método natural que hace único y seguro al aeropuerto Chapelco

Antes que espantar aves, los halcones patrullan el cielo. Vuelan en silencio, atentos a cualquier movimiento, mientras en tierra un hombre los sigue con la misma concentración. No hay explosiones,...

Antes que espantar aves, los halcones patrullan el cielo. Vuelan en silencio, atentos a cualquier movimiento, mientras en tierra un hombre los sigue con la misma concentración. No hay explosiones, sirenas ni pirotecnia. Solo un depredador haciendo lo que sabe hacer desde hace millones de años.

Así funciona el sistema de control aviar del aeropuerto Chapelco, en San Martín de los Andes, uno de los pocos de la Argentina que apuesta por la cetrería como herramienta de seguridad operacional.

Detrás de ese trabajo está François de Grossouvre, francés de origen, cetrero por vocación y responsable de un método que combina conocimiento del comportamiento animal, conservación y una dedicación absoluta. “No entreno halcones, los sirvo”, resume durante una larga charla, dejando en claro que la relación con sus aves está basada en la confianza y no en la dominación.

Pero detrás del especialista en control aviar también hay una historia. François nació en Francia, vivió siete años en España antes de radicarse en la Argentina y asegura que su vínculo con los animales comenzó mucho antes de convertirse en cetrero. Creció en una familia de cazadores, aunque aclara que esa tradición siempre estuvo atravesada por un profundo respeto por la naturaleza.

“Desde chico veía un pajarito caído del nido y trataba de salvarlo. Siempre dibujé animales, me apasiona la fotografía de fauna y el campo. Lo llevo en la piel”, cuenta.

Esa mirada explica también por qué rechaza la idea de “adiestrar” halcones. Prefiere decir que los “sirve”. Para él, un halcón nunca deja de ser un animal salvaje y la única forma de lograr que quiera regresar cada día es construyendo una relación de confianza.

“No le enseño a volar. Le doy todo lo que necesita para que viva bien, cace conmigo y elija volver. Esa es la diferencia”, explica. Su oficio, reconoce, es mucho más que un trabajo. “Es un estilo de vida”. No tiene domingos, feriados ni vacaciones, los halcones necesitan atención todos los días del año. Su sueño es formar un aprendiz que pueda continuar con esta tarea tan poco conocida en la Argentina. Pero advierte que la técnica sola no alcanza.

“Primero tiene que existir la pasión por los animales. Sin eso nunca vas a ganar la confianza de un halcón”, asegura el francés dominando un perfecto español.

La historia del control aviar en Chapelco comenzó casi por casualidad.

François ya trabajaba con halcones en cultivos del norte argentino, especialmente en plantaciones de arándanos, donde las aves generan importantes pérdidas económicas. Un día acompañó a su esposa al aeropuerto de San Martín de los Andes y quedó sorprendido por la enorme cantidad de aves que utilizaban el predio.

Pensó que allí su experiencia podía ser útil. Golpeó la puerta de la administración y propuso hacer una demostración. Pasó una tarde completa volando sus halcones frente a las autoridades del aeropuerto. Bastó esa experiencia para convencerlos. Poco tiempo después, la Dirección Provincial de Aeronáutica incorporó la cetrería al Plan de Control Aviar obligatorio del aeropuerto.

Aunque en la Argentina el sistema sigue siendo una rareza, en el resto del mundo está ampliamente probado. Grandes aeropuertos y bases militares de España, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y Brasil recurren desde hace décadas a los halcones para reducir el riesgo de impacto entre aves y aeronaves.

El éxito del sistema no reside simplemente en mostrar un ave rapaz. De hecho, François desarma uno de los mitos más difundidos sobre la cetrería. “Si el halcón está posado al costado de la pista, las aves igual entran. Lo que realmente les da miedo es un halcón peregrino cayendo desde cientos de metros de altura a más de 300 kilómetros por hora. Le tienen miedo al ataque de su depredador natural”, señala. 

Por eso los halcones vuelan varias veces al día y siempre en actitud de caza. La presión permanente hace que las aves aprendan rápidamente a evitar el aeropuerto. Los resultados son sorprendentes. Los bandos de loros barranqueros, por ejemplo, terminan asociando el vehículo del cetrero con la inminente aparición del halcón. Al principio necesitan ser perseguidos. 

Después de algunos días alcanza con que vean llegar el auto para abandonar el lugar antes de que el ave siquiera despegue. Pero existe otra ventaja menos conocida y, según François, decisiva para la seguridad aérea.

“Los halcones peregrinos no solo mantienen alejadas a sus presas naturales. También defienden el territorio frente a otras aves rapaces que consideran competidores. Caranchos, águilas moras, jotes e incluso cóndores pueden acercarse al aeropuerto y representar un riesgo importante para la aviación debido a su gran tamaño. Cuando aparecen, el halcón peregrino los enfrenta y los expulsa del predio”, detalla.

Esa capacidad territorial convierte al sistema en una herramienta mucho más completa que un simple método para espantar pequeñas aves.

Actualmente François trabaja con cuatro halcones de tres especies diferentes. Cada uno tiene horarios de vuelo específicos y funciones determinadas según el comportamiento de las aves presentes y el cronograma de operaciones aéreas.

“No gasto un vuelo del halcón si el avión aterriza dos horas más tarde. Todo se coordina con los horarios de los vuelos y con la presión que ejercen las distintas especies según la época del año”, explica.

Cada jornada comienza revisando a sus aves y organizando la estrategia según los vuelos programados. Nada queda librado al azar. El trabajo tampoco termina cuando el ave despega.

François conoce cada rincón del aeropuerto y sostiene que el verdadero control aviar empieza mucho antes del vuelo de un halcón. Mientras muchos pensarían en eliminar arbustos cercanos a la pista, él propone exactamente lo contrario en algunas zonas especificas cuando esos ambientes evitan atraer especies de mayor tamaño, tal como bandurrias o cauquénes.

“También aprovechamos la naturaleza misma para mantener un equilibrio que es valioso para la seguridad operacional”, resume.

François observa el paisaje como un ecosistema completo, donde cada especie cumple un papel y cualquier modificación puede alterar ese delicado equilibrio. Afirma que “el control aviar nunca eliminará por completo el riesgo. Siempre puede aparecer un ave en el momento menos esperado, pero el objetivo es reducir ese riesgo al mínimo posible utilizando la herramienta más eficiente que existe”.

En tiempos donde la tecnología parece ofrecer respuestas para todo, él demuestra que, a veces, la solución sigue estando en comprender cómo funciona la naturaleza.

Fuente: https://bichosdecampo.com/halcones-que-espantan-hasta-a-los-condores-y-protegen-a-los-aviones-el-metodo-natural-que-hace-unico-y-seguro-al-aeropuerto-chapelco/

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