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El algodón también “chiva”: Nydia Tcach busca entre 700 variedades del cultivo para encontrar las que pierdan menos agua y aguanten mejor el intenso calor chaqueño

Nydia Tcach se crio entre plantas de algodón. Su padre era ingeniero agrónomo y trabajaba investigando ese cultivo. Su hermano Mauricio siguió el mismo camino y también es un reconocido mejorad...

El algodón también “chiva”: Nydia Tcach busca entre 700 variedades del cultivo para encontrar las que pierdan menos agua y aguanten mejor el intenso calor chaqueño

Nydia Tcach se crio entre plantas de algodón. Su padre era ingeniero agrónomo y trabajaba investigando ese cultivo. Su hermano Mauricio siguió el mismo camino y también es un reconocido mejorad...

Nydia Tcach se crio entre plantas de algodón. Su padre era ingeniero agrónomo y trabajaba investigando ese cultivo. Su hermano Mauricio siguió el mismo camino y también es un reconocido mejorador del INTA Sáenz Peña, desde donde acaba de lanzar nuevas variedades con mayor tolerancia a herbicidas. Ella también sigue en ese sendero, aunque últimamente su trabajo se concentra en otros desafíos: encontrar variedades de algodón capaces de soportar mejor el calor extremo y la escasez de agua.

“Nos criamos en el algodón prácticamente. Es como nuestro legado”, resumió Nydia durante una entrevista con Bichos de Campo.

Su trabajo comienza dentro del banco de germoplasma que conserva el INTA en Chaco, donde existen cerca de 700 materiales genéticos acumulados durante muchos años de intercambios con otros países. En esa diversidad podría esconderse una parte de la solución frente a las condiciones ambientales que enfrenta actualmente el cultivo. O mejor dicho, las nuevas condiciones ambientales que se van perfilando frente al innegable cambio climático.

“Estamos buscando genotipos que se adapten mejor a las altas temperaturas y a la escasez de agua”, explicó la investigadora.

Mirá la entrevista: 

Para prosperar en el campo el algodón necesita calor, pero no cualquier cantidad. Según indicó Tcach, cuando las temperaturas superan los 35 grados comienzan a perjudicarlo. Eso sucede con frecuencia durante enero y febrero en el Chaco, justamente cuando el cultivo atraviesa una etapa decisiva para la formación de su rendimiento.

El problema se agrava cuando el calor coincide con una marcada falta de precipitaciones. “El cultivo requiere unos 500 milímetros durante todo el ciclo y hay campañas en las que recibe apenas 150 milímetros”, describió.

En esas condiciones, incluso una variedad con muy buen potencial productivo puede terminar rindiendo poco. La genética importa, pero necesita de un ambiente que le permita expresarse.

“Una semilla puede tener una genética excelente, pero si no tiene agua y las condiciones ambientales no acompañan, el rendimiento baja significativamente”, señaló.

La búsqueda de Tcach consiste, entonces, en identificar dentro del banco de germoplasma aquellos materiales que aprovechan mejor cada litro de agua disponible.

Para explicarlo utilizó una comparación sencilla: las plantas también transpiran. Absorben agua a través de sus raíces y liberan gran parte de ella por las hojas. Pero no todas lo hacen con la misma intensidad. “Hay variedades que transpiran menos. El agua que toman la retienen mejor”, explicó.

Mediante un convenio con una universidad, el equipo del INTA pudo incorporar instrumentos portátiles que permiten medir directamente en el campo cuánto transpira cada material genético. También se observan otras características, como el tamaño de las hojas y el desarrollo del sistema radicular.

En términos menos académicos, se trata de descubrir qué algodones “chivan” demasiado y cuáles saben cuidar el agua. “La principal característica es el ahorro. La planta toma el agua y transpira prácticamente el 99%. Nosotros buscamos las variedades que retienen una mayor proporción”, explicó la investigadora.

Una vez identificados, esos materiales pueden ser seleccionados o cruzados con otros que presenten características agronómicas interesantes. No se trata necesariamente de incorporarles una nueva tecnología, sino de aprovechar capacidades adaptativas que ya se encuentran presentes en su genética.

El mejorador y especialista en algodón del INTA, Mauricio Tchat, adelanta el desarrollo de una nueva variedad resistente a los herbicidas, que proyectan probar en el exterior

El trabajo está más avanzado de lo que podría suponerse. En el marco de su tesis doctoral, Tcach ya logró aislar siete materiales considerados tolerantes al calor y la zequía. También identificó otros susceptibles, que sirven como contraste para comprender mejor cuáles son los mecanismos que permiten enfrentar el estrés térmico e hídrico.

“Ya tenemos siete aislados como tolerantes. Y también tenemos los susceptibles, porque ese contraste nos ayuda muchísimo para la investigación”, afirmó.

El objetivo final es que alguno de esos materiales pueda convertirse en la base de futuras variedades adaptadas a los veranos chaqueños, donde el agua suele faltar precisamente cuando las temperaturas alcanzan sus niveles más altos.

Según Tcach, existen investigaciones similares en soja y otros cultivos, pero esta sería una de las primeras búsquedas sistemáticas realizadas en algodón para seleccionar materiales que respondan simultáneamente al calor y a la sequía.

Bichos de Campo preguntó a la investigadora si creía que su padre estaría orgulloso de ver a sus dos hijos dedicados a mejorar el mismo cultivo con el que él había trabajado. “No llegó a verlo, desafortunadamente”, respondió Nydia. “Pero seguramente que sí”.

Fuente: https://bichosdecampo.com/el-algodon-tambien-chiva-nydia-tcach-busca-entre-700-variedades-del-cultivo-para-encontrar-las-que-pierdan-menos-agua-y-aguanten-mejor-el-intenso-calor-chaqueno/

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