
Confiado de que hay “boom” ganadero para todos, el cooperativista entrerriano Fabian Leichner insiste en que la salida es conjunta y describe el plan asociativo que diseñaron para los rodeos más chicos
¿Podrá el pequeño productor aprovechar este “boom” ganadero? Esa es una de las preguntas que sobrevuelan el buen momento que atraviesa la actividad, con altos precios, demanda firme pero tam...
¿Podrá el pequeño productor aprovechar este “boom” ganadero? Esa es una de las preguntas que sobrevuelan el buen momento que atraviesa la actividad, con altos precios, demanda firme pero también la necesidad de invertir para crecer y capitalizarse luego de años muy difíciles.
En el sector cooperativo aseguran tener la respuesta, que desde ya involucra el trabajo conjunto. Aunque inicialmente, y hace más de 100 años, el asociativismo nació como estrategia defensiva, y aunque hoy sigue operando como un gran “paraguas” en el cual refugiarse, su subsistencia también se juega en los proyectos de crecimiento de estos momentos “bisagra”.
Es justamente eso lo que se debate hoy puertas adentro de la cooperativa La Ganadera General Ramírez, la más importante de la provincia de Entre Ríos en la actividad, y compuesta en su mayoría por pequeños y medianos productores.
Fue fundada hace 74 años y opera principalmente en el costado oeste de la provincia del Litoral, más precisamente en el departamento de Diamante. Junto a El Pronunciamiento son las únicas dos cooperativas exclusivamente ganaderas dentro de la federación entrerriana (Fedeco) y juntas comercializan alrededor del 20% de la hacienda de la provincia (más de 175.000 cabezas en el último ejercicio).
Entre grandes “pooles” de siembra y una elevada presión por el uso de la tierra, estas cooperativas reúnen bajo su paraguas a productores que, en promedio, cuentan con rodeos de no más de 40 animales.
En otro momento, asociarse significó resistir a épocas de sequía, y evitar a toda costa descapitalizarse. Hoy, en las entidades el trabajo es igual de complejo pero en el sentido contrario: asociarse para aprovechar el buen momento, invertir y crecer.
-¿De qué modo?-, le preguntó Bichos de Campo al presidente de la cooperativa, Fabián Leichner, quien se anima a hablar de un “plan ganadero”, no a nivel nacional, como alguna vez se discutió en este “boom” de la actividad, sino propio.
“Hay mucho por recuperar porque venimos de varios años perdidos y de mucho desánimo. El productor está incorporando genética pero el dato hoy es que faltan novillos, y eso lleva tiempo”, señaló Leichner.
El dato es que hace dos años La Ganadera había registrado un récord histórico: 130.000 cabezas comercializadas en un año. Pero la marca coincidía con un momento complejo, en el que la sequía y los bajos precios pronto se llevaron mucha hacienda de los rodeos. El desafío es doble, entonces, porque no sólo hay que crecer aprovechando este buen pasar, sino que antes hay que terminar de recuperarse de ese entonces.
Además de las tradicionales líneas de financiamiento, en las cuales la cooperativa o bien actúa de garante o bien brinda sus propios beneficios para adquirir cabezas o insumos, desde la entidad entrerriana decidieron hace un tiempo dar un paso más. Y allí entra el llamado “plan ganadero”.
En resumidas cuentas, explica Leichner, la iniciativa se basa en ofrecerle al productor una evaluación completa de su negocio, brindarle asesoramiento y diseñar un plan de crecimiento con líneas de inversión acorde a lo que se necesite. Se inauguró formalmente el año pasado y el objetivo es unívoco.
“La idea es que el productor forme parte de este círculo virtuoso. A veces no es fácil entrar al establecimiento del productor y cambiarle las cosas, pero esta es la oportunidad para ayudarlos a mejorar y ser eficientes”, señaló el referente.
En paralelo, la cooperativa puso también en funcionamiento un negocio asociativo en “El Pilar”, un establecimiento de 740 hectáreas ubicado en General Ramírez. La propuesta radica en que cada productor pueda acceder a una porción de hasta 30 hectáreas -que adquiere mediante acciones- y pueda capitalizarse allí dentro, con la posibilidad incluso de cerrar su ciclo, porque cuenta con recría y terminación con destino a exportación.
La hectárea cotiza 7200 dólares y se ofrece un financiamiento a 5 años y sin garantías. El productor recibe por ello un arrendamiento y, cuando desee salir, sólo debe vender esas acciones al precio de mercado.
“Para nosotros es una satisfacción que haya productores que puedan capitalizarse con 30 hectáreas y que el día de mañana puedan salir con algo propio. Este campo experimental muestra que todas las herramientas de la cooperativa están al servicio de los productores”, celebró Leichner.
Si bien admiten que la recuperación llevará mucho tiempo, y que para crecer seriamente los próximos años este es un momento fundamental, lo cierto es que en el sector ya ven signos muy positivos. Los números de los últimos remates son algunos de ellos.
“Hemos crecido entre un 20 y un 25% respecto a años anteriores y vamos para más. Eso indica que el productor ve futuro y decide apostar en genética. Hay ánimos de crecer y también hay previsibilidad, lo que es muy importante”, observó el titular de la cooperativa.
Legos de extinguirse, el esquema asociativo ha sabido sacar músculo durante el último tiempo. En el caso de La Ganadera, por ejemplo, ha sumado más de 400 nuevos socios en los últimos 3 años y hace un mes atrás, allí en General Ramírez, pudo celebrar su primera expo.