
Aprendió a montar en pandemia, ya es campeona nacional y compite entre los mejores: La joven jinete de 15 años, que, sin ser del palo, sabe cómo pisar las pistas más exigentes
Se consagró campeona nacional en Jesús María y acaba de quedar entre las mejores de Palermo. Francina Rossi García, una jinete de apenas 15 años, representa a Trenque Lauquen en las pistas má...
Se consagró campeona nacional en Jesús María y acaba de quedar entre las mejores de Palermo. Francina Rossi García, una jinete de apenas 15 años, representa a Trenque Lauquen en las pistas más exigentes y demuestra que no todas las historias tienen que ser escritas de la misma manera.
Su recorrido es, quizá, un tanto atípico. Su familia no viene de tradición equina, conoció la actividad en pandemia, y, a fuerza de mucho entrenamiento y pasión, integra el selecto grupo de quienes llegan a las instancias finales de las pruebas más vistosas.
Siempre de la mano de su Criollo “San Pedro Montaraz”, su compañero incondicional desde el comienzo, Francina proyecta una nueva etapa y, mientras se prepara para la defensa del título, dialogó con Bichos de Campo sobre lo que hace a un jinete de su nivel.
Ha sido un muy buen año para la joven deportista, que en marzo levantó el trofeo en la final nacional de Jesús María en la disciplina corral de aparte y fue seleccionada entre los 12 mejores competidores para llegar a Palermo en la prueba de tipo y aptitud. Es, de hecho, la tercera vez que Francina monta en la pista central de esa exposición.
Con esa trayectoria a sus espaldas, cualquiera diría que la jinete se dedica a la actividad desde muy chica, pero lo cierto es que montó por primera vez en pandemia, cuando junto a su hermana encontraron en la actividad una forma de distenderse al aire libre.
“Yo no tenía idea de nada, y en mi vida me había subido a un caballo. Fue mi mamá la que me acercó a este mundo y arrancamos como un juego”, relató.
No tardaron demasiado en entusiasmarse. Sin experiencia previa, su papá también incursionó en el deporte y, con sus dos hijas, formó el equipo de aparte campero con el que se presentan en varias de las competencias. Mientras tanto, su mamá despunta la pasión por la fotografía e inmortaliza los momentos desde afuera de la pista.
“Es una salida familiar. Desde lo personal, disfruto mucho de competir porque hago amigos y siempre me vuelvo a casa con nuevos vínculos”, expresó la jinete.
Detrás de los grandes resultados, hay mucha práctica, constancia, paciencia y compañía entre el jinete y su caballo. Es muy lindo ver cómo se construye esa relación durante años, anclada en un sentimiento muy fuerte.
San Pedro Montaraz, es el criollo que le regalaron a Francina cuando se inició en la actividad y que aún participa con ella de todas las pruebas. “Ya nos conocemos mucho”, describe la jinete, que actualmente entrena al menos tres veces por semana para los distintos compromisos que tiene durante el año.
Es de destacar que la raza criolla cuenta con unas 12 pruebas, que se disputan en diferentes instancias y encuentros. En Palermo, Francina participó en las finales nacionales de tipo y aptitud, una prueba destinada a evaluar la morfología y el movimiento natural de los animales en pista, en la que obtuvo el tercer puesto.
Pero no fue una presentación más para el dúo inseparable, sino el cierre de una etapa.
“Este año San Pedro Montaraz se retira de la prueba porque ya cumplió un ciclo con esta competencia, así que fue una despedida. Vamos a seguir entrenando y participando de otras, pero en esta creo que ya lo dimos todo”, expresó la joven, quien no duda que le quedan trofeos por levantar junto a su compañero.
Con la cabeza puesta en las próximas competencias de corral de aparte, en las que defenderá su título nacional, Francina se prepara también para la nueva prueba inaugurada al interior de la raza, la de “domador joven”, en la que tendrá que preparar un potro.
Todavía falta para volver a las pistas, pero mientras se baja de su caballo en Palermo y se prepara para volver a Trenque Lauquen, sabe que ahora comienza la otra etapa, mucho más silenciosa y menos vistosa: la de perfeccionarse, entrenar y dedicarle tiempo a la actividad que le apasiona. Y siempre en familia, como desde el comienzo.