
Andrea Lenczinski impulsa una producción de té gourmet con raíces centenarias en la chacra familiar de Colonia Guaraní: “Decidí continuar con el legado de mis abuelos”
Durante más de dos décadas, Blanca Andrea Lenczinski desarrolló su carrera en el ámbito de la comunicación y la publicidad. Sin embargo, el llamado de la historia familiar y el vínculo con la...
Durante más de dos décadas, Blanca Andrea Lenczinski desarrolló su carrera en el ámbito de la comunicación y la publicidad. Sin embargo, el llamado de la historia familiar y el vínculo con la tierra, la llevaron a tomar una decisión trascendental: regresar a Colonia Guaraní, en la provincia de Misiones, para recuperar el legado productivo de su familia vinculado a la yerba mate y, especialmente, al té.
Sommelier de té y descendiente de inmigrantes polacos, Lenczinski encabeza desde hace seis años una transformación en la chacra familiar, hoy conocida como Finca Victoria. Allí se enfocó en la elaboración de microlotes de alta calidad, con manejo agroecológico y biodinámico, orientados a posicionar al té misionero dentro del segmento gourmet.
La historia productiva de la familia se remonta un siglo atrás. Sus abuelos paternos, Gregorio Lenczinski y Anastasia Szyszko, junto con su abuelo materno, Ángel Fontana -quien ya exportaba té a Inglaterra en la década del sesenta-, fueron los impulsores de una tradición productiva que aún se mantiene vigente. Más tarde, su padre, Eugenio Lenczinski, dio continuidad al trabajo familiar que Andrea decidió profundizar y resignificar.
“Soy una pequeña agricultora del interior de Misiones que decidió continuar con el legado de mis abuelos inmigrantes en Colonia Guaraní”, se define Lenczinski en diálogo con Bichos de Campo. “Finca Victoria es mi chacra, ubicada en la zona centro de la provincia, donde aplicamos un manejo agroecológico y biodinámico de los cultivos. Aquí realizamos té en hebras de alta calidad. Nuestro objetivo es que de la finca salga directamente un producto gourmet destinado a un público que sabe de té y que disfruta de la complejidad de una infusión elaborada en origen”, sintetiza.
La decisión de incursionar en el mundo del té artesanal surgió del deseo de agregar valor a la producción primaria y diversificar su establecimiento. “Busco que la chacra sea diversificada, combinando tradición con innovación para obtener un producto final que llegue sin escalas al consumidor. Con el trabajo que realizamos, estamos demostrando que desde Misiones se puede producir un té de alta calidad, a la altura de cualquier estándar internacional”, sostiene.
Actualmente, en Finca Victoria elaboran una amplia gama de variedades: tés blancos, verdes, negros, tostados y post-fermentados. Entre ellos, Lenczinski destaca el “Varsovia Roja”, un oolong de alta oxidación que, según describe, “se caracteriza por sus notas a flores rojas y frutas de carozo, representando el salto de calidad y la sofisticación que buscamos”. También recomienda el té negro de la finca, “de perfil robusto, resultado de un proceso de oxidación completa y técnicas de secado que forman parte de nuestro saber hacer familiar”.
Aunque el mercado del té en hebras aún no es masivo, Lenczinski observa un crecimiento sostenido del interés por este tipo de productos. “El público que consume té en hebras va en aumento. A medida que el consumidor conoce el producto, aprende a disfrutarlo y se fideliza. Aún transitamos un proceso de ‘evangelización’ para enseñar a infusionar correctamente y a identificar las notas sensoriales”, explica.
En ese sentido, señala que muchos consumidores comienzan a acercarse a través de blends y, con el tiempo, migran hacia tés puros de origen. “Este auge responde a una búsqueda de autenticidad y a la diversidad de perfiles gourmet que hoy logramos producir con altísima calidad”, agrega Lenczinski.
El desarrollo del té artesanal también se articula con el turismo rural. En Finca Victoria reciben visitantes interesados en conocer el proceso productivo, la historia del cultivo y las particularidades del té misionero. Las experiencias incluyen recorridos con contenido productivo, histórico y cultural, además de degustaciones dirigidas para la cata de té.
Para turistas que buscan una experiencia más completa, también organizan actividades en grupos reducidos que permiten conocer el proceso completo, desde el cultivo hasta la elaboración. “Allí revelamos cómo se cosechan y procesan las distintas variedades y cómo se alcanza el punto justo de cada una, permitiendo que el visitante comprenda la complejidad técnica detrás de una hebra artesanal”, detalla.
De cara al futuro, Lenczinski proyecta consolidar a Finca Victoria como un destino de inmersión total en la cultura del té. Entre sus planes se encuentra la posibilidad de ofrecer alojamiento dentro de la chacra, con el objetivo de que los turistas puedan experimentar la naturaleza misionera y la vida rural.
“Queremos que las personas experimenten la biodiversidad de nuestra flora y fauna y se empapen del ambiente histórico de esta colonia de inmigrantes, viviendo el té no sólo como una bebida, sino como un estilo de vida en equilibrio con el entorno”, concluyó.