
AgroExportados: El agrónomo Marcos Villamil llevó su pasión por los caballos hasta Kenia y hoy cabalga entre leones, hipopótamos y elefantes
“África tiene una magia tremenda. La primera vez que fui al Masai Mara me encontré con el paisaje que había visto en los documentales de National Geographic o en el Rey León… te parece que ...
“África tiene una magia tremenda. La primera vez que fui al Masai Mara me encontré con el paisaje que había visto en los documentales de National Geographic o en el Rey León… te parece que ya estuviste ahí antes. ¡Imaginate lo que es estar arriba de un caballo, entre leones, leopardos, elefantes, cocodrilos, hipopótamos y todos esos bichos imponentes, cruzando el río Mara! Nunca en mi vida me hubiera imaginado esto”, relata, repleto de entusiasmo, Marcos Villamil, un agrónomo argentino que trabaja como guía de cabalgatas en Kenia.
En 2020, después de un proceso de búsqueda interior, Villamil combinó su amor por los caballos con su deseo de conocer el país desde sus entrañas y en primera persona. Así fue como, a los 32 años, largó el trabajo que tenía en el banco y cabalgó 9000 kilómetros, de Ushuaia a La Quiaca, con Mara, Wayra y Tordo. “Nací para vivir las cosas en primera persona, no para que me las contaran”, dice. Y así fue: anduvo por 16 provincias durante 440 días.
Desde 2022 Marcos es guía de cabalgatas en Tierra del Fuego y hace dos años que se sumó -en una experiencia que ya estaba desarrollando su socio- en las que se organizan por el imponente Masai Mara, en Kenia, el centro-este africano. En otra linda aventura de Agroexportados, “argentinos vinculados al campo por el mundo”, Villamil cuenta cómo vive esa experiencia.
-Contame primero de las cabalgatas en Tierra del Fuego, que es tu laburo desde 2022 durante buena parte del año.
-Las cabalgatas en la Patagonia argentina son de noviembre hasta abril, específicamente en Tierra del Fuego. Duran una semana, viene gente de distintas partes del mundo, y para mí, más allá de todo lo que significa el caballo en mi vida, y estar en contacto con la naturaleza, es una linda manera de mostrarles nuestro país al resto del mundo. Intentamos que se lleven una buena experiencia. Yo siempre prefiero no contar mucho porque después cada uno la vive en primera persona, pero salimos de Río Grande y durante 7 días estamos en contacto con los caballos y con paisajes fantásticos.
“Los días transcurren a caballo a través de valles remotos, bosques milenarios y altos pasos de montaña con vistas panorámicas de los Andes. El ritmo es pausado, pero profundamente inmersivo: largas horas a caballo se combinan con momentos de quietud, comidas compartidas y noches que se pasan tanto en la comodidad de nuestro campamento base como bajo vastos cielos estrellados en nuestros campamentos de montaña. No es simplemente un viaje a caballo, sino una conexión íntima con el paisaje, la tradición y el lujo sereno de desconectarse por completo del mundo”, cuentan en su sitio web.
-¿Cómo es irte a hacer cabalgatas a Kenia?
-Después de esos cinco meses en la Patagonia, me voy unos días en la ciudad, a visitar amigos y familia, y arrancamos para Kenia, donde me quedo julio y agosto. Es una movida espectacular, distinta, porque si bien son cabalgatas también, el contexto es bien diferente. En la Patagonia, les mostramos más paisajes, se ven cóndores, cientos de guanacos y un contexto increíble, pero en Kenia hay vida salvaje: leones, leopardos, chiitas, elefantes, hipopótamos, cocodrilos, cebras y jirafas.
-¿Qué te ha llamado la atención?
-África tiene una magia tremenda. La primera vez que fui al Masai Mara, me encontré con el paisaje que había visto en los documentales de National Geographic o en el Rey León, ¡te parece que ya estuviste ahí antes! Es un vuelo larguísimo (de entre 21 y 35 horas) pero que vale la pena. Imagínate lo que es estar arriba de un caballo, entre tantos animales grandes, y cruzar un río, lleno de hipopótamos y cocodrilos. Nunca en mi vida se me hubiera ocurrido y acá estoy. Llevamos un poco de nuestra tradición al medio de África.
-¿Qué te sorprendió más de la gente y sus costumbres?
-Lo que más me llamó la atención es lo bien articulada que está hoy la convivencia entre la tribu de los masai y el mundo occidental que llegó después. En Kenia pasó algo particular que fue que en los ochenta el gobierno le entregó el título de la propiedad de la tierra en gran parte del Masai Mara a la tribu masai. Entonces, a partir de un acuerdo entre privados, lo que hicieron fue mantener todo sin alambrado y como reserva, y los europeos les pagan un alquiler o arrendamiento.
Antes de la llegada de los europeos, los masai eran un pueblo guerrero y seminómada que dominaba las tierras más fértiles de África Oriental. La llegada de los colonos británicos y alemanes alteró por completo su estilo de vida.
A mediados del siglo XX, los europeos impulsaron la creación de grandes reservas de fauna (como el Parque Nacional Serengueti o el Masai Mara). Hoy en día, la relación ha tomado un rumbo diferente, transformándose en una coexistencia económica y cultural. Los inversores turísticos (muchos de ellos europeos y occidentales) alquilan las tierras directamente a las comunidades masái mediante contratos de arrendamiento a largo plazo.
Así las cosas, cientos de familias masai dueñas de parcelas individuales de tierra se agruparon y firmaron contratos con operadores turísticos internacionales. Los contratos suelen ser de entre 15 y 33 años y, a cambio de ceder el uso de su tierra, cada propietario masai recibe un pago mensual fijo en dólares. Los visitantes pagan una entrada para conocer sus costumbres, bailes y comprar artesanías, convirtiéndose en una de sus principales fuentes de ingresos junto a la ganadería.
-¿Qué costumbres de los masai has podido ver o aprender?
-Nos han contado que hace 30 o 40 años, para transformarse en hombre, un masai tenía que matar un león con una lanza y traer la cabellera. Hoy no lo hacen más porque está prohibida la caza, pero mantienen otro rito sagrado de iniciación y, para marcar la transición de la niñez a la etapa de guerrero, cada cierta cantidad de años envían a grupos de adolescentes de entre 12 y 15 años en un campamento al monte para vivir como sus antepasados. Este campamento, que antes duraba un año, ahora dura un mes para no interrumpir la escolaridad de los adolescentes y está tutelado por los ancianos de la tribu.
-¿Con qué caballos trabajan en esas cabalgatas?
-Los caballos son cruza con pura sangre, así que son ágiles y rápidos. Ellos andan de una forma distinta a la nuestra: usan montura inglesa, y se paran en el galope, no lo hacen sentados como nosotros. Y el caballo se lo maneja desde el freno. Por ejemplo, si querés ir a la derecha generás tensión en la rienda derecha y le decís, desde el freno, que querés ir para ese lado. En Argentina, en cambio, cuando querés ir a la derecha la rienda toca el cogote del lado externo opuesto y ayudás con el peso del cuerpo hacia el lado que querés.
-¿Alguna comida que hayas probado en África?
-Tienen algo que se llama “ugali”, que es como una polenta a la que le ponen carne. También probé una bebida que ellos toman como medicina, dahua o dawa. Es un té potente, una de las bebidas más emblemáticas de África Oriental.
-¿Qué te dicen los turistas cuando les contás que sos argentino?
-Lo que les gusta mucho, y más que son del palo, es cómo andamos y cómo tratamos al caballo. Les genera admiración y placer.
-¿Qué le recomendarías a alguien que está con ganas de ir unos días a visitar Africa? ¿Qué hay para visitar o hacer?
-Depende mucho lo que quiera ver. En Uganda, tenés los gorilas (allí viven la mitad de los alrededor de 1000 gorilas de montaña que hay en el mundo y es uno de los tres países junto a Ruanda y Congo donde se pueden hacer los famosos trecking para verlos). Si te vas a Kenia o Tanzania vas a ver los animales de la selva. También hay playas espectaculares en el oeste africano. Si te gusta ver vida salvaje en estado natural, tenés que venir al Serengueti o Masai Mara, en el oriente africano.
-En algún momento de tu vida, allá por 2020, diste un golpe de timón, dejaste tu laburo y te fuiste a recorrer el país a caballo. ¿qué le recomendás a alguien que esté pensando en un cambio grande en su vida? ¿Cómo fue tu proceso?
-Ahora justo estoy escribiendo un libro de lo que fue ese viaje. Hablo bastante del viaje en sí pero también de la parte espiritual, metafóricamente sería el agua que pasa debajo del puente. Entonces, para alguien que está pensando en hacer un cambio, lo primero que tiene que saber es que no son cosas que suceden de la noche a la mañana. No te despertás iluminado y pegás un volantazo en tu vida. Es un proceso. En mi caso, fue algo que venía construyendo de chico: me gustaban los caballos, y me encantaba Argentina. Ya más grande, me costaba mucho cuando en la sobremesa se hablaba feo de nuestro país por la corrupción y la política, y yo sentía que quería conocer más de lo que éramos, pero en primera persona.
-Claro, fue un proceso…
-Exacto. Por eso, la primera recomendación es tener paciencia. También se necesita el coraje para hacerse las preguntas incómodas, y afrontar la incomodidad que genera eso que uno quiere. Después, le recomendaría que no te importe lo que diga la gente: no hay que buscar la justificación afuera sino adentro en ese camino personal, tienen que confiar en su intuición.
-Imaginate que el Marcos que sos hoy, que ha transitado todo el camino, se cruza imaginariamente con el Marcos de la oficina, aquel que todavía no había empezado esta aventura. ¿Qué le podría decir o recomendar este a aquel?
-Le recomendaría que salga a caminar la huella a ver qué pasa. Yo tuve la suerte de contar con padres, amigos y hermanos, pero el mayor y mejor maestro que tuve fue el camino. “Andar la huella”, como digo yo, caminarla me hizo necesitar ayuda del otro, y de esa manera me permitió conocer la bondad que hay en el ser humano. La huella es muy sabia y sincera. No tiene filtros, ni segundas intenciones. Te pone en línea. Te enseña a no andar apurado. Hoy que todos estamos siempre preparados para ser autosuficientes, en una burbuja, cada uno tiene o cree tener todo lo que necesita. Pero cuando salís a la huella te das cuenta de que necesitás del otro, y esa necesidad tuya también habilita algo en los otros. Es muy lindo. Son experiencias que no se encuentran en un supermercado, no están en la góndola. ¿Qué valor le puedo poner a todas las personas, paisajes, olores, vientos, días fríos, calores, palabras, conversaciones, mates, que tuve y tengo? Eso para mí es la vida.