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En los Valles Calchaquíes falta miel y el INTA quiere sumar apicultores: “Es una actividad buena para los jóvenes que no tienen acceso a la tierra”, explica el técnico Lucas Díaz

En San Carlos, una de las localidades de los Valles Calchaquíes salteños, la miel tiene una particularidad que cualquier productor quisiera para su actividad: prácticamente todo lo que se produc...

En los Valles Calchaquíes falta miel y el INTA quiere sumar apicultores: “Es una actividad buena para los jóvenes que no tienen acceso a la tierra”, explica el técnico Lucas Díaz

En San Carlos, una de las localidades de los Valles Calchaquíes salteños, la miel tiene una particularidad que cualquier productor quisiera para su actividad: prácticamente todo lo que se produc...

En San Carlos, una de las localidades de los Valles Calchaquíes salteños, la miel tiene una particularidad que cualquier productor quisiera para su actividad: prácticamente todo lo que se produce encuentra comprador en la propia región.

“Siempre falta miel para vender”, resumió Lucas Díaz, técnico del INTA, que trabaja junto a los apicultores de esa zona. Pero detrás de ese dato comercial aparece otro argumento que explica por qué desde el organismo buscan impulsar la actividad: para comenzar a producir miel no hace falta ser dueño de una finca.

“La idea es empezar a apuntar un poco más a la producción y que haya más apicultores y más apicultura. Es una actividad que está buena porque los jóvenes, puntualmente, no tienen acceso a la tierra y pueden tener una actividad en el campo”, explicó Díaz a Bichos de Campo.

Las colmenas pueden instalarse mediante acuerdos con propietarios de fincas, sin que el apicultor necesite adquirir una superficie propia. Para Lucas, esa característica puede ofrecerles una alternativa a jóvenes que quieren continuar vinculados con la producción rural. “Hay que encontrarle la vuelta para que se queden también en el campo y no vayan a la ciudad a trabajar de otras actividades. Han nacido acá y les gusta la actividad del campo, pero por circunstancias a veces tienen que hacer otras actividades”, señaló.

Mirá la entrevista:

La apicultura de San Carlos tiene además una historia bastante particular. Según relató el técnico, aunque anteriormente ya se trabajaba con abejas, uno de los momentos que marcó su desarrollo ocurrió en la década de 1990, cuando Cargill realizó ensayos con alfalfa en la zona. “Trajo como 1.500 colmenas y ahí quedaron un montón de productores haciendo apicultura”, recordó.

Décadas más tarde, en 2022, las demandas de algunos de esos productores llevaron a conformar un grupo de Cambio Rural. Esa experiencia continuó luego como un espacio asociativo que actualmente reúne a unos 12 apicultores y también a una escuela técnica de San Carlos.

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El grupo participa además de la organización de la Feria de la Miel, que ya tiene fecha para su próxima edición en mayo de 2027. Allí intervienen también la escuela técnica, el municipio de San Carlos y el INTA.

El ambiente de los Valles Calchaquíes aporta características propias a la producción. La abundancia de monte nativo permite obtener dos mieles diferentes según el momento de la temporada. La primera cosecha se realiza entre octubre y diciembre, dependiendo de las condiciones del año, y proviene principalmente del néctar de los algarrobos blanco y negro, además del chañar.

“Es una miel clara, bien clarita. Y con el tiempo se va cristalizando y se va poniendo cada vez más blanquita”, describió Lucas. Por su tendencia a cristalizar rápidamente, los productores procuran envasarla apenas se cosecha.

Luego llega una segunda tanda, que puede extenderse entre enero y marzo y corresponde a una miel multifloral. “Es una miel un poco más oscura. No es tan oscura como en la zona pampeana o en Entre Ríos. Son mieles suaves, no son mieles fuertes”, explicó.

Buena parte de esa producción ni siquiera necesita salir de los Valles Calchaquíes. “Se termina vendiendo toda la producción que los productores hacen a nivel local. Así que es una salida interesante en la zona”, afirmó el técnico.

Pero el grupo también trabaja puertas adentro de las colmenas. Las abejas presentes en la región tienen, según Díaz, una fuerte influencia de un biotipo africanizado y muestran un comportamiento más defensivo que las que habitualmente se encuentran en otras regiones productoras. 

Lucas prefirió justamente hablar de abejas “defensivas” y no agresivas. “Nosotros vemos que no atacan, sino que se defienden cuando uno ingresa al apiario o interviene la colmena”, explicó. 

Para disminuir esa característica, algunos productores comenzaron a incorporar otras líneas genéticas, entre ellas italianas, y a cruzarlas con las abejas locales. La intención no es reemplazar completamente el biotipo adaptado al Valle Calchaquí, sino conservarlo y hacerlo más manejable.

El procedimiento puede realizarse, por ejemplo, utilizando una reina de genética italiana que luego se fecunda con zánganos criollos. Algunos integrantes del grupo incorporaron reinas fecundadas y otros trabajan con celdas reales para producir nuevas reinas. 

Los primeros resultados, aseguró Lucas, ya se notan. “Vemos que la carga defensiva bajó. Hoy pudimos abrir una colmena en un día nublado, cuando generalmente no es aconsejable, y estuvieron tranquilas”, destacó.

Así, entre el monte de algarrobos y chañares, las particularidades de las abejas locales y una demanda de miel que todavía tiene margen para crecer, el INTA encontró en la apicultura algo más que otra producción posible para San Carlos. “Lo que proponemos es el asociativismo como grupo, las cuestiones técnicas y promover que la gente se quede en el campo”, resumió Díaz.

Fuente: https://bichosdecampo.com/en-los-valles-calchaquies-falta-miel-y-el-inta-quiere-sumar-apicultores-es-una-actividad-buena-para-los-jovenes-que-no-tienen-acceso-a-la-tierra-explica-el-tecnico-lucas-diaz/

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