
Volver para cambiar: El impulso joven de Damián González, que busca regenerar los campos ganaderos del norte neuquino
En el norte neuquino, a unos 40 kilómetros de Chos Malal, se encuentra Tricao Malal, una pequeña localidad enclavada en la cuenca del río Curi Leuvú, entre los arroyos Liuco y Tricao Malal. Rod...
En el norte neuquino, a unos 40 kilómetros de Chos Malal, se encuentra Tricao Malal, una pequeña localidad enclavada en la cuenca del río Curi Leuvú, entre los arroyos Liuco y Tricao Malal. Rodeado por la imponente Cordillera del Viento —una formación que no solo define el paisaje sino también el clima—, este territorio de valles, arroyos y pastizales es hoy escenario de una transformación silenciosa: productores que, con acompañamiento técnico, buscan revertir años de degradación y desertificación.
Uno de los impulsores de ese cambio es Damián González, un joven agrónomo nacido y criado en la zona que, tras formarse en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue, decidió volver a su lugar de origen con la idea clara de aportar conocimiento técnico para potenciar la producción local. “Veía que había mucho potencial, pero que faltaban herramientas para aprovecharlo”, recuerda.
Su regreso no fue sencillo: al principio, reconoce, costó que los productores lo vieran como profesional y no solo como “uno más del pueblo”. Sin embargo, con el tiempo logró construir confianza a partir de resultados concretos.
La estrategia del gobierno provincial fue simple en su concepción, pero profunda en sus efectos y tuvo que ver con desarrollar unidades productivas modelo donde otros productores pudieran ver, en la práctica, los beneficios de nuevas formas de manejo.
El foco está puesto en la planificación del pastoreo, una herramienta clave para recuperar los pastizales naturales, mejorar la salud del suelo y, en consecuencia, la productividad ganadera. “No son grandes tecnologías, sino tecnologías de manejo”, explica González, que intenta convencer a los productores de realizar una rotación planificada de los animales para poder dejar descansar los pastos y que se recuperen.
A eso se suma la incorporación de perros protectores de ganado, una innovación que permitió reducir pérdidas por depredadores entre un 90% y el 100% en algunos casos.
Los resultados empiezan a notarse en campos concretos. Es el caso de Argentino Vázquez, un productor con larga trayectoria en la zona y fuerte compromiso con la organización del chivito criollo del norte neuquino con denominación de origen.
Con experiencia previa en prácticas como el uso de alambrado eléctrico, Vázquez encontró en la planificación del pastoreo una herramienta para ordenar y potenciar su sistema. “Me he dado cuenta de que, en la misma superficie e incluso con menos riego, puedo aprovechar mejor el forraje y tener más animales en mejor estado”, cuenta. Los cambios se reflejan, por ejemplo, en un mayor porcentaje de parición y en una mejor condición corporal del rodeo, incluso en un contexto de sequía.
Su mirada también aporta perspectiva histórica, porque recuerda prácticas del pasado que contribuyeron a la degradación del suelo, como el desmonte y el uso intensivo sin planificación. “Los campos quedaron desnudos y el viento y las lluvias se llevaron la tierra”, señala. Hoy, en cambio, apuesta por un manejo que cuide el recurso y lo regenere.
Otro caso destacado es el de José Leiva, criancero de toda la vida y proveniente de una familia dedicada históricamente a la actividad. Hace dos décadas se independizó y comenzó a desarrollar su propio campo, al que fue incorporando mejoras de a poco. “Con el técnico vi un cambio rotundo”, asegura.
En su caso, el trabajo con planificación de pastoreo —facilitado por cierta infraestructura previa— permitió una recuperación visible del pastizal. “Antes estaba muy degradado, y ahora vuelven especies como los molles y otros pastos. Es un cambio total”, describe.
Leiva, que trabaja principalmente con ganado caprino y practica la trashumancia, destaca además el impacto en la organización del trabajo: “Se aprovechan mejor los recursos y aumenta la producción de manera más eficiente”. Para él, la incorporación de estas prácticas no solo mejora el campo, sino que también transforma su forma de trabajar y de vivir.
El programa, que ya suma nuevos productores cada año, busca justamente eso, escalar estas experiencias y transformar el manejo tradicional en un sistema sustentable. El objetivo es producir primero pasto —recuperando los suelos y los pastizales— para luego optimizar la producción de carne.
En una Patagonia atravesada por la sequía y la desertificación, el desafío es enorme. Pero en lugares como Tricao Malal, los primeros resultados muestran que el camino de la ganadería regenerativa no solo es posible, sino también necesario.