
Tras la aprobación del RIMI, especialistas del INTA sacaron la calculadora y evaluaron cuánto cuesta y cómo impacta la incorporación de equipos de riego
Recientemente reglamentado, el Régimen de Incentivo a las Medianas Inversiones (RIMI) es un esquema de promoción fiscal específicamente orientado a las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipy...
Recientemente reglamentado, el Régimen de Incentivo a las Medianas Inversiones (RIMI) es un esquema de promoción fiscal específicamente orientado a las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes), y que contempla únicamente inversiones productivas. El listado de éstas incluye un inciso dedicado a los equipos de riego, una tecnología costosa que tiene demostrada efectividad sobre los planteos agrícolas.
Sumado a la baja de impuestos a la importación, que de por sí ha ayudado a disminuir los costos de estos equipos, se espera que el RIMI impulse fuertemente su demanda.
Eso motivó a los especialistas del INTA Manfredi, una experimental cordobesa con sobrada experiencia en tecnología de riego, a agarrar la calculadora y estimar cuál es hoy el costo real de su incorporación, como también su implicancia productiva.
“Hoy la mirada es que el riego no es el bombero que apaga el incendio de la sequía de un año, sino una herramienta que permite planificar los próximos diez años”, señaló Aquiles Salinas, director del INTA Manfredi y referente en su utilización en cultivos extensivos, una decisión que toma fuerza en el centro del país..
Y es tal ese proceso, que en el sector estiman que, en los próximos años, la tecnología podría triplicar la superficie irrigable, de las 2 millones de hectáreas actuales a 6 millones, enfocadas fundamentalmente en la producción agrícola convencional.
Claro que allí intervienen también los aspectos básicos del negocio, hoy caracterizado por los costos crecientes y el poco acompañamiento de los precios internacionales. Se espera que el RIMI y otros beneficios fiscales similares sirvan de rueda de auxilio para la mejora de la eficiencia y la productividad que tanto exige el sector.
En ese sentido, Martín Giletta, jefe del departamento de Economía de la experimental, señaló que el nuevo régimen avanza sobre factores que limitaban la adopción tecnológica. “La reducción del IVA sobre la tarifa de energía eléctrica y la amortización acelerada son avances desde el punto de vista contable, financiero e impositivo, van a mover la aguja en el crecimiento del área regada”, afirmó.
Según el relevamiento del organismo entre empresas proveedoras, un sistema por pivote de dos o tres posiciones puede rondar los 2500 dólares por hectárea, mientras que el goteo enterrado se ubica entre 3200 y 3300 dólares. “El alivio impositivo y financiero puede ser clave para definir la inversión”, dijo Giletta.
Lo cierto es que el RIMI busca mejorar la ecuación contable y financiera de las empresas, para impulsar las inversiones que, en el caso específico del riego, no tienen montos mínimos. Lo más destacable es que permite amortizar más rápido la inversión en equipos en el impuesto a las ganancias, además, habilita la devolución anticipada del crédito fiscal del IVA.
La baja impositiva del régimen también se suma a la reducción de los costos a las importaciones, que en el caso específico de los equipos de riego bajó el precio de los insumos en un 30%.
Así y todo, además de la tecnología, el mayor peso lo representa aún el costo de la energía para ponerla en funcionamiento. “La reducción de la alícuota en la factura eléctrica implica una menor erogación y también ayuda a no acumular tanto crédito fiscal”, indicó Giletta, que igualmente alienta a buscar alternativas “verdes” para paliar ese costo.
Dependiendo del equipo adoptado, el precio entonces ronda entre los 2500 y 3300 dólares por hectárea. Dentro del lote, eso se traduce en el salto productivo, con una notable mejora en los rendimientos registrados.
Noelia Barberis, investigadora del Departamento de Economía del INTA Manfredi, aportó datos que evidencian esa respuesta marcada al riego. En trigo, el rendimiento promedio pasa de 2341 a 6976 kilos por hectárea y casi triplica al del secano. En maíz, sube de 7740 a 14.890 kg/ha, con una mejora equivalente a casi el doble. En soja de segunda, pasa de 2550 a 3543 kg/ha.
“Cuando el riego se integra a estrategias de agregado de valor en origen, como con la transformación del grano en proteína animal, su impacto es aún mayor. Es una tecnología llave”, aseguró Giletta.