
Sueños cortados como alambrados: Los Tonutti compraron un campo en Monte Quemado, pensando en la jubilación y en producir con sus hijos, pero las usurpaciones les sacaron toda la ilusión
En 2012 el matrimonio Tonutti compró un campo en Santiago del Estero con la esperanza de hacer ganadería. Si bien se trata de una región más bien marginal, con menos productividad, tenían por ...
En 2012 el matrimonio Tonutti compró un campo en Santiago del Estero con la esperanza de hacer ganadería. Si bien se trata de una región más bien marginal, con menos productividad, tenían por delante la posibilidad de tener un campo propio.
Amalia Ferrero y su esposo Omar Tonutti son médicos veterinarios, dedicaron su vida a la profesión y contagiaron su pasión por los animales y la producción ganadera a sus hijos. Dos de ellos son veterinarios y el tercero es técnico en administración agropecuaria.
Los Tonutti viven en la localidad santafesina de Villa Minetti. Esa zona sufrió una seca enorme que arrancó en 2004 y se cortó recién en 2012. Los años más bravos fueron entre 2008 y 2009. En ese período por la falta de lluvias se liquidó el 20% del rodeo vacuno.
Ellos fueron unos de los tantos afectados por el clima en aquellos años. La hacienda que tenían la tuvieron que malvender. Con ese dinero, el que les ingresó por la venta de la maquinaria, ahorros y préstamos compraron el campo. Pero ahora lo tienen usurpado.
Amalia y Omar están en edad jubilatoria y durante años albergaron la esperanza de producir en ese campo familiar junto a sus hijos y dejarles algo de herencia. Cuando compraron, no se imaginaban el tormento que los esperaba.
El establecimiento está en Monte Quemado. Son tres lotes, dos están pegados y el tercero -de 100 hectáreas- queda a mil metros de los dos primeros. Cuando los compraron en 2012, uno de ellos ya tenían ocupantes, pero les importaba en número dos que es el más grande, tiene 1.000 hectáreas.
Asumieron el riesgo, pero al año le usurparon el lote 3, que se ubica sobre la ruta nacional 16, que conduce a Chile y rutas provinciales.
Amalia contó a Bichos de Campo que “se trata de gente humilde que es incentivada por el Mocase, que a su vez está bancado por la política provincial y por eso las causas judiciales que iniciamos no avanzan”.
Desde que comenzaron las usurpaciones hizo infinidad de reclamos policiales y judiciales sin mayores resultados. Por el contrario, las amenazas fueron crecientes.
“Nos encerraban y amenazaban. En una oportunidad nos encerraron con el fiscal y el patrullero policial. Rodearon el acceso al campo con machetes y palos. En otra estábamos con la abogada”, indicó.
En el lote 3 le ingresaron cerca de 15 personas, y cada una de ellos se apropió de 1 o 2 hectáreas, por lo que por cada usurpación debe hacer un juicio independiente. Hasta ahora ganó dos, pero los demás duermen el sueño de los justos, de acuerdo con su relato.
Esa breve “victoria” judicial le significó mayores perjuicios. El último 20 de marzo llegó al campo temprano y se encontró con que le había cortado “casi 3.000 metros de alambrado, en algunos casos los 5 hilos, siempre cada 5 o 10 metros con excepción de los últimos 200 que están cerca de la ruta. Se ve que no querían ser vistos”.
Según contó Amalia, al principio “esas personas armaron ranchos precarios, ahora se construyeron casas y trajeron familiares”.
Lo que ella y su marido soñaron que fuera una empresa familiar destinada a cumplir con su pasión profesional se transformó en un suplicio. “Hay personas que no pueden creer el desgaste que expresa el cuerpo de mi esposo por todo esto, ya casi no vamos, solo una semana al mes, esto es muy frustrante”.
En el pedazo de campo en el que todavía no hay gente instalada, el lote más grande, la familia hace recría y feedlot, pero de lado quedó el sueño de la cabaña Braford: “No la armamos porque nos cortaban los alambrados y los animales se escapaban. Más allá de esas pérdidas, el problema era que hubiera una accidente de consecuencias irreparables”.
Tampoco logró que “se instalara una cerealera, ya que el campo está bien ubicado pero con estos problemas fue imposible”.
En todo este tiempo las respuestas de las instituciones fue muy mala. “Me reuní con ministros, con funcionarios, fiscales, pagué abogados y no pasa nada. Ahora que ganamos dos juicios nos cortan los alambrados de forma intimidatoria. Mis hijos quieren vender. Así no podemos seguir”, finalizó Amalia.
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