
Su padre llegó a Charata directamente desde Francia y él -que nació un año después- ahora toma la posta: Nicolás Listello propone volver a la chacra mixta y apoyarse en la cooperativa para poder seguir produciendo
Cuando el boom de la soja se instaló en Charata, hasta apareció un hotel cinco estrellas en esa ciudad del Chaco. Es que La agricultura prometía transformar todo y atraía gente dispuesta a prob...
Cuando el boom de la soja se instaló en Charata, hasta apareció un hotel cinco estrellas en esa ciudad del Chaco. Es que La agricultura prometía transformar todo y atraía gente dispuesta a probar suerte. Pero después bajó la espuma y quedaron, entre otros, los que ya estaban.
La familia de Nicolás Listello es una de esas que ya estaban y vio todo este proceso. Lleva 37 años en la zona. Su padre, Serge, llegó directamente desde Francia y desarrolló una empresa agropecuaria particular, pues es muy cuidadosa de los recursos y el medio ambiente.
Nicolás nació en el Chaco un año después de aquella llegada. Hoy tiene 36 años y empieza a tomar la posta de un establecimiento mixto, en una región donde las últimas campañas dejaron bastante menos entusiasmo que aquel desembarco sojero. “Hoy en día estamos empezando a hacer el recambio generacional”, contó el joven productor a Bichos de Campo.
La familia Listello hace ganadería de ciclo completo, con pasturas y una terminación a corral que permite aprovechar parte del grano producido en el propio campo. En agricultura produce soja, maíz y sorgo, además de trigo cuando las condiciones del invierno acompañan. Pero Nicolás explicó que están dando más lugar a los cultivos de servicio y ensayando alternativas como la colza.
El objetivo es lograr estabilidad. También recuperar suelo.
“Son suelos bastante frágiles, con mucho limo”, describió Listello. Por eso buscan integrar la ganadería con los cultivos de servicio y las pasturas, mejorar la sustentabilidad del planteo y atender un deterioro que reconocen en sus lotes.
Mirá la entrevista completa:
La propuesta tiene algo de regreso a la chacra mixta, aunque con las herramientas y los problemas de hoy. En una zona donde el ambiente pasa de un extremo al otro, Nicolás considera que concentrar toda la apuesta en dos o tres cultivos deja al productor demasiado expuesto. Tanto en lo económico, como en lo productivo.
La experiencia reciente le da motivos para pensarlo. Contó que ahora vienen de tres campañas difíciles por cuestiones climáticas y que una cosecha con buenos rindes no necesariamente alcanza para reparar los números de los años anteriores. “Los márgenes son más chicos”, resumió, y cuesta acomodar el desfasaje acumulado.
El maíz se convirtió en un ejemplo de esa incertidumbre. Nicolás señaló que hace tres años les resulta difícil encontrarle un lugar seguro dentro de la rotación, entre problemas sanitarios como la chicharrita, las sequías y las temperaturas elevadas durante la floración. El cultivo que aporta grano para la ganadería también obliga a revisar permanentemente la estrategia agrícola.
A esos riesgos se suma una condición que el productor chaqueño conoce bien: la distancia a los mercados. En su cuenta, el conjunto de flete, impuestos y retenciones representa casi 70 dólares por tonelada. Es una estimación de su propia situación, pero explica por qué insiste en que el margen de los grandes cultivos se achica antes de poder recomponer la empresa.
Como todos los productores, sean agroecológicos o convencionales, el reclamo central ante estos números tan finos es contar con presión fiscal más acorde con la realidad productiva. Pero enseguida amplió la respuesta: también hacen falta políticas que incentiven sistemas más variados y estables.
“Son zonas en donde el ambiente es muy cambiante, vamos de un extremo al otro”, repitió. Por eso cree que, para el norte, la discusión debe incluir cómo diversificar la producción.
¿Y cómo se hace? La ganadería puede ayudar, aunque entrar o crecer en esa actividad exige recursos. Nicolás advirtió que los buenos precios de la hacienda no resuelven por sí solos el problema de quien llega sin capital después de varias campañas agrícolas complicadas.
Incluso una decisión básica para aumentar el rodeo, como retener hembras, se vuelve difícil cuando la empresa necesita vender para sostenerse. Implacable, razona que para dejar de vender una tanda de hembras y conservarlas como futuras madres, hace falta financiamiento accesible que permita atravesar ese período.
La conversación ocurrió en un encuentro de cooperativas y jóvenes vinculados a Agricultores Federados Argentinos (AFA). Nicolás había viajado unos 800 kilómetros para participar en Rosario y “bancar este modelo, formarse un poco más e intercambiar con otras partes del país”.
Para él, el cooperativismo permite construir respuestas comunes en un territorio donde hasta una empresa grande puede encontrar dificultades. También ayuda a compensar la diferencia de espalda financiera entre quienes pueden resistir varios años malos y los productores más chicos, que corren el riesgo de caerse del mapa. “Juntémonos un poco y busquemos afinar el número”, propuso.