
¿Quién fue Arnaldo Colusi? Su esposa Alicia, presidenta del Laboratorio Bedson, destaca los aportes del científico a la industria avícola y recuerda cómo armaron una “pyme multinacional” desde un viejo salón bailable de Pilar
Alicia Romero de Colusi nos recibe en su despacho, que es pequeño, modesto y tiene las paredes cargadas de recuerdos. Desde hace bastante tiempo, esta mujer ocupa la presidencia del...
Alicia Romero de Colusi nos recibe en su despacho, que es pequeño, modesto y tiene las paredes cargadas de recuerdos. Desde hace bastante tiempo, esta mujer ocupa la presidencia del Laboratorio Bedson, una empresa de capitales nacionales que genera unos 100 puestos de trabajo y está ubicada en Pilar, pero tiene filiales en otros siete países de varios continentes, y exporta más de la mitad de su producción.
Este despliegue merece contar una historia, que es la de Arnaldo Colusi, el esposo y compañero de Alicia, fallecido hace veinte años.
-¿Quién fue Arnaldo Colusi?
-Sin duda que Arnaldo, para mí, fue todo un referente en lo que nosotros hacemos en avicultura. Pero después podemos destacar que además del profesional fue una persona brillante en todo lo que hizo, y eso le dio un lugar importante a Bedson, la empresa que él soñó junto a su socio Omar Romano. Arnaldo fue microbiólogo. Se capacitó aquí en Argentina, pero después estuvo viviendo dos años en Francia, y de ahí trajo muchos conocimientos. De hecho fue invitado a quedarse allí en Francia. Y Arnaldo, que fue una persona siempre de mucha entrega, les contestó que el viaje lo había hecho porque su país se lo había pagado, y que él tenía que devolverle al país lo que el país le había dado.
Prosigue Alicia: “él creía mucho en Argentina, trabajó siempre para Argentina, todo el tiempo que pudo estar dando su conocimiento en la universidad lo estuvo haciendo. Fue docente y fue funcionario, como director del Senasa en los años donde empezamos la democracia”.
Bedson ya había nacido para ese entonces. La empresa fue fundada en 1979 por los dos socios. Colusi era el ratón de laboratorio, siempre detrás del microscopio, y Romano era la persona que estaba detrás del negocio, porque sabía mirar el mercado y sus tendencias.
“Por eso Bedson fue creciendo de formas distintas. Arrancamos como biológicos, porque fuimos innovadores con la vacuna contra salmonella”, relata Alicia, recordando que su marido fue premiado en 1978 por la Universidad de La Plata por dicha innovación. Fue el impulso para dar forma a la nueva empresa.
“Siempre contamos la anécdota de que empezamos en una casita”, describe la empresaria. Fue en el mismo partido de Pilar, de donde nunca se movieron, aunque “en un momento dado, la casita nos resultaba chiquita porque la vacuna tuvo una aceptación en el mercado impresionante”. En los alrededores de Pilar había muchas granjas avícolas de pequeños productores que se fundían por culpa de esa enfermedad.
-¿La salmonella era un problema crónico en aquel momento en la avicultura?
-Sí, la verdad es que cuando llegaba el verano, el productor temblaba. Tuvimos crisis muy grandes con esa enfermedad deen la avicultura. Cuando salimos al mercado con esta vacuna fue una gran innovación, se vendía mucho. Yo siempre lo asocio a una panadería, porque parecía pan caliente, no podía llegar a enfriarse que ya estaba en el mercado. Por eso tuvieron que salir de la casita y plantar un laboratorio en serio.
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Recuerda riendo la compañera de Colusi que el edificio al que se mudaron en ese momento, sobre la vieja Ruta 8, “en ese momento era un lugar bailable para camioneros. Pero para nosotros era un salón grande, cuadrado, perfecto para poder empezar con muy poco capital. Trajimos lo que teníamos y ahí empezamos lentamente a ampliar todo. En la medida que Bedson iba encontrando más fondo, iba invirtiendo. Porque en eso también vale destacar que los dos, tanto Romano como Arnaldo, eran dos personas muy austeras, y todo lo volcaban al negocio”.
Arnaldo, de todos modos, no se quedó en el éxito de la vacuna y se metió de lleno en nuevos desafíos e investigaciones. Iba al campo, a recorrer granjas de pollos, y volvía cargado de nuevos problemas por resolver.
“Buscaba soluciones distintas a las que había, porque mucho no le gustaba. Pensaba, ¿qué podíamos traer de nuevo? Y así fue con el tema de fosfomicina, una molécula nueva que no estaba en el país, y tampoco se usaba en avicultura. Arnaldo decidió hacer prueba. Y entró muy bien el mercado, los productores la recibían muy bien”, cuenta Alicia sobre ese segundo hallazgo de su marido, un antibiótico de amplio espectro que mostró una alta eficacia en pollos de engorde para tratar y prevenir infecciones bacterianas graves, especialmente colibacilosis (E. coli), Salmonella spp., coriza infecciosa y respiratorias.
“Eso era lo que mayormente veían los productores. Con pocas dosis solucionaban grandes problemas. Eso hizo un vuelco muy interesante para el mercado. Nosotros siempre recomendábamos que había que retirarla siete días antes de que el pollo vaya a faena, y, de esa manera, también cubríamos la posibilidad de que queden residuos. Pero la verdad que fue un antibiótico que al mercado le sirvió muchísimo, y eso le hizo dar un giro muy grande a Bedson”, describe la empresaria.
La decisión del laboratorio, entonces, fue abandonar la producción de biológicos para concentrarse en el nuevo antibiótico, que comenzó también a exportar a muchos países que no lo conocían. Es explica la presencia de Bedson en varios continentes y también que las exportaciones expliquen el grueso de su facturación. Colusi la había pegado de nuevo.
Como la producción de vacunas no puede convivir en las mismas instalaciones con las de antibióticos u otros fármacos veterinarios, la decisión empresaria fue apostar a la fosfomicina y complementar con otro singular producto también desarrollado por estos empresarios nacionales: el Betgen es un aditivo alimenticio elaborado en base a un producto natural, la alcachofa o alcaucil. Como una hepatalgina de los pollos.
Bichos de Campo contó hace un par de años un momento de fuerte zozobra entre los empleados de esta empresa argentina, que quedó a un punto de cerrar cuando Senasa, siguiendo las intensas exigencias de las autoridades sanitarias de la Unión Europea (UE) para evitar las crecientes resistencias en antibióticos en salud humana, estuvo a punto de prohibir el uso de la fosfomicina. Por suerte para el centenar de trabajadores, hubo una razonable revisión de aquella medida y se acordó la venta únicamente bajo receta para evitar el mal uso de ese medicamento.
Alicia no esconde esa crisis: “La fosfomicina está entre las sustancias cuestionadas porque se han generado resistencia por abuso y costumbre”. Es que la mayoría de los avicultores en todo el mundo comenzaron a usarla de manera más preventiva que curativa.
-¿Están buscándole la vuelta? ¿Bedson se está reconvirtiendo de algún modo?
-Bedson se está reconvirtiendo. Desde el Senasa en un momento dado dijeron que iban a hacer una prohibición. Bedson se resistió, no solo porque es parte del negocio sino más que nada porque no podemos salir de un día para el otro de algo que se está usando. El mercado también necesita tiempo. Salir de un día para el otro sin una solución no es fácil para el productor y para nosotros como empresa. Y nosotros creemos que el antibiótico bien utilizado para las patologías que se necesitan, tiene que existir, tiene que estar ahora más controlado, pero entendemos que las cosas bien usadas tienen que tener una resolución distinta.
La empresa de Pilar finalmente trabajó a destajo con el Senasa para evitar una resolución tan tajante y se acordó crear un sistema para tener un estricto control de la fosfomicina, que comenzó a ser vendida solo bajo receta y para casos que así lo requieran. El sistema de recetas electrónicas servirá de base para que el organismo mantenga bajo control la venta de otros antibióticos de uso veterinario, ya que la presión internacional contra los antimicrobianos que puedan generar resistencia es cada vez más evidente. En el uso y abuso hay un problema que afecta a toda la industria y no solo a este laboratorio.
“Entendemos que el antibiótico con el uso racional no es un problema. No debería generar resistencia”, enfatiza Alicia, que comanda ahora una reconversión de su empresa hacia nuevos productos, en especial los complementos alimenticios ya no solo para aves sino para cerdos, bovinos y hasta peces de criadero. Hay una fuerte apuesta a la alcachofa a la que volveremos en alguna otra nota.
Nos vemos tentados a preguntar si en estos escenarios cambiantes no extrañan demasiado a Colussi y sus investigaciones salvadoras. Pero la determinación de Alicia no nos deja margen de hacerlo.
-No se llegó a cuarenta países así de un día para el otro. De lo que factura el laboratorio el 75% aproximadamente son exportaciones. Esto es una pyme multinacional, realmente.
Enfatiza la empresaria: “Y con los vaivenes, porque realmente a veces Argentina te acompaña, a veces no. Las políticas también son duras. Así y todo, siempre decimos que la palabra imposible en Bedson no existe. Más allá de de las problemáticas que se nos aparecen, estamos siempre peleando para poder salir adelante”.
-¿Así que aquella inquietud fundante de Arnaldo era bastante contagiosa?
-Sí, y ese legado permanece. Ese legado permanece porque lo tenemos impregnado en muchos de nuestros colaboradores, y por supuesto en mi familia. Nosotros sentimos que Arnaldo está.