No todo brilla en el campo: Un informe advierte que detrás de la foto del agro fortalecido, hay empresas con márgenes cada vez más finos
Mientras desde el Gobierno y buena parte del discurso económico se instaló la idea de que el agro volvió a convertirse en uno de los grandes ganadores del actual esquema macroeconómico, un info...
Mientras desde el Gobierno y buena parte del discurso económico se instaló la idea de que el agro volvió a convertirse en uno de los grandes ganadores del actual esquema macroeconómico, un informe de la consultora Zorraquín+Meneses pone un freno a ese entusiasmo y plantea que, detrás de los buenos números agregados, la realidad dentro de muchas empresas agropecuarias es bastante menos cómoda de lo que sugieren las estadísticas.
La percepción de un campo fortalecido se apoya en datos concretos como mayor nivel de actividad, recuperación productiva y exportaciones que vuelven a mostrar volumen. Pero según los analistas, “cuando uno corre el foco de las estadísticas y se acerca a lo que está ocurriendo en las empresas, lo que se observa es distinto”. En otras palabras, una cosa es la macro del sector y otra muy distinta la micro de quienes tienen que producir, financiarse y sostener estructura en un contexto todavía lleno de tensiones.
El informe señala que la campaña en curso combina una cosecha potencialmente importante con una serie de factores que amenazan con erosionar buena parte del resultado. Las lluvias de las últimas semanas demoraron la cosecha en distintas regiones, generaron problemas de calidad en algunos lotes, complicaron a la ganadería y a los tambos y además recargaron la presión sobre una logística que ya venía exigida.
A eso se sumó el impacto de la suba de combustibles y los conflictos operativos que afectaron el acceso a puertos en plena ventana comercial. Para la consultora, “en campañas de márgenes ajustados, este tipo de problemas operativos deja de ser un problema secundario: mayores costos, demoras y pérdidas de calidad impactan directamente sobre el resultado final”.
Pero el análisis va más allá del corto plazo y pone la lupa sobre una cuestión estructural que atraviesa a buena parte del entramado agroindustrial, que es la pérdida de competitividad derivada del atraso cambiario.
Según Zorraquín+Meneses, “la disminución del tipo de cambio deteriora márgenes en buena parte de las empresas agrícolas e industriales”, porque mientras muchos costos siguen ajustándose en dólares, los ingresos no acompañan al mismo ritmo.
“El problema no pasa solamente por el valor del dólar, sino por la dinámica relativa entre ingresos y costos: mientras muchos costos continúan ajustándose al alza en dólares, la capacidad de captura de valor de la producción pierde competitividad”, remarcan.
Ese fenómeno no impacta solamente sobre la agricultura extensiva, sino que el informe advierte que varias economías regionales ya muestran señales de deterioro visibles. La lechería atraviesa una reconversión compleja, la vitivinicultura continúa bajo presión, la fruticultura aparece muy golpeada y la cadena del maní enfrenta números negativos. Incluso en segmentos vinculados al abastecimiento del propio sector, como la distribución de insumos, ya se reconoce una fuerte compresión de márgenes.
En ese marco, la consultora describe una convivencia cada vez más evidente entre dos lecturas del presente agropecuario. “Conviven hoy dos miradas sobre el agro. Una, apoyada en los grandes números, que sugiere un sector fortalecido. Otra, más cercana a la realidad operativa de las empresas, que refleja tensiones crecientes y resultados cada vez más ajustados o directamente negativos”.
La lectura también alcanza al escenario macroeconómico general. Para Zorraquín+Meneses, el Gobierno continúa alimentando expectativas positivas bajo la premisa de que “lo mejor está por venir”, mientras el mercado empieza a preguntarse cuánto de esa mejora podrá consolidarse y cuánto depende todavía de un delicado equilibrio financiero y político.
“En esta macro, que a pesar de sus problemas no deja de ser mucho mejor que otras que hemos vivido, habrá que moverse”, sostienen. Pero enseguida agregan una advertencia central para el sector: “La rentabilidad media del agro es menor a la que se escucha”.
Ese diagnóstico aparece reforzado por la dinámica internacional. El conflicto en Medio Oriente volvió a introducir volatilidad en los mercados agrícolas y generó una recuperación parcial en algunos precios, especialmente en soja y aceites. Sin embargo, la consultora advierte que la mejora en los valores internacionales no necesariamente se traduce en mejores números para las empresas.
“Los commodities podrían subir, pero si los costos lo hacen a una velocidad similar —o incluso mayor—, la mejora de rentabilidad puede terminar siendo muy limitada”, señala el trabajo. Combustibles, seguros, fletes y fertilizantes volvieron a encarecerse y agregan presión sobre negocios que ya venían trabajando con márgenes estrechos.
En ese sentido, el informe marca que el foco de muchas empresas ya no está solamente en capturar precio sino en preservar caja. “Administrar riesgos, cuidar la caja y preservar márgenes vuelve a ser decisivo en las empresas”, resume.
De cara a la próxima campaña, además, empiezan a aparecer nuevas dudas. El aumento del precio de la urea ya obliga a recalcular planteos de trigo y maíz en varias zonas, mientras también comienza a tensionarse la discusión por los arrendamientos, con posiciones cada vez más distantes entre propietarios y productores.
Para la consultora, todo esto ocurre en un país que lentamente empieza a mirar hacia el proceso electoral de 2027, un factor que vuelve a colarse en la toma de decisiones empresariales. Y eso modifica el humor dentro del sector.
“Aunque todavía parezca lejano, el proceso político empieza a incorporarse nuevamente en las decisiones empresariales y comerciales. Ante este panorama se observan opiniones de esquemas más defensivos que ofensivos entre las empresas”, concluye.