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“No dan los números”: Lucía y Jerónimo son dos productores formoseños que construyeron su casa gracias a la banana y hoy tienen que achicarse para sobrevivir

En Laguna Naineck, en el norte profundo de Formosa, Bichos de Campo se sentó a hablar con Lucía Muñoz y Jerónimo Sánchez, un matrimonio de productores de banana y mango entre ...

“No dan los números”: Lucía y Jerónimo son dos productores formoseños que construyeron su casa gracias a la banana y hoy tienen que achicarse para sobrevivir

En Laguna Naineck, en el norte profundo de Formosa, Bichos de Campo se sentó a hablar con Lucía Muñoz y Jerónimo Sánchez, un matrimonio de productores de banana y mango entre ...

En Laguna Naineck, en el norte profundo de Formosa, Bichos de Campo se sentó a hablar con Lucía Muñoz y Jerónimo Sánchez, un matrimonio de productores de banana y mango entre esa localidad e Isla Puán que resume, en su propia historia familiar, lo que le está pasando a toda la producción bananera de la zona.

Jerónimo trabaja la chacra desde siempre. Lucía es docente jubilada y hace apenas cuatro años se sumó de lleno a la Federación Agraria, donde hoy preside Mujeres Federadas. Con la banana, cuentan, se hicieron la casa allá por el año 2000, cuando el negocio todavía funcionaba. Veintiséis años después, la historia es otra. “¿En qué año más o menos levantamos la casa nosotros con la banana? En el 2000, más o menos, que ya la banana andaba bien”, recuerda Jerónimo. “¿Y qué pasó en estos 26 años?”, le repreguntamos. “Nada, cada vez peor, cada año peor. Si empatábamos, estábamos felices. Pero nada”.

El mango, que durante un tiempo funcionó como una alternativa para paliar la crisis de la banana, también dejó de ser negocio. “Cuatro años atrás se vendía. Hace dos o tres años que vendí fiado y no cobré. Otro año no vendí, y este último tampoco. Ahora ya estoy dejando, ya está enyuyada mi plantación”, cuenta Jerónimo.

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El ingeniero agrónomo que lo asesora le recomendó directamente empezar a podar y abandonar el manejo en la chacra. “Yo venía abonando, curando, y no se vendió, este último casi no se vendió nada. Hice, de 30 hectáreas, un millón de pesos, y eso no, ni empaté, no cubrí los costos”.

Con la banana el panorama no es distinto. “Se está vendiendo a 2.500 la caja. ¿Alcanza? Para nada, para nada, nada”, dice Jerónimo. Y ahí aparece la comparación entre lo que fue y lo que es: “En épocas buenas teníamos 20 hectáreas con mi hermano. Teníamos diez personas de personal. Ahora no puedo mantener uno solo. El costo del personal es caro y el producto no es rentable, no se vende nada”.

A eso se suma un problema adicional, ya que sin mercado que absorba la fruta a tiempo, la banana se pasa de punto en la propia chacra. “Hay gente a la que se le está madurando la banana”, agrega Lucía.

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Consultada sobre qué puede llegar a pasar con las plantaciones de banana y mango si el mercado sigue así, Lucía no lo duda: van a tener que achicarse. “Yo justamente estaba hablando el otro día que vamos a tener que achicarnos, porque tenemos dos hectáreas de banana”, explica, aunque la definición más dura pasa por otro número. “Te digo achicar, dejar un lote de cuatro o cinco hectáreas y no trabajarlo más, porque no tenemos los insumos, no tenemos plata. El producto te tiene que dar para vender y te tiene que dar para que vos vuelvas a comenzar a trabajarlo, y no nos da”.

La cuenta que hace es contundente, ya que para volver a poner en marcha lo que tienen necesitarían unos cinco millones de pesos, solo de fertilizante. “La urea está a 50.000 la bolsa de 25 kilos. Yo necesito cien bolsas para abonar esa hectárea. Claramente no dan los números”.

Mira la entrevista con Lucía Muñoz y Jerónimo Sánchez:

La posibilidad de reconvertirse hacia otra actividad, como pasó en su momento con el mango, tampoco aparece como una salida real. “¿Por qué vamos a invertir más si yo soy jubilado, o ella es jubilada? Nuestra edad no da”, dice Jerónimo. Y ahí surge otro de los efectos de la crisis bananera: el desarraigo de los hijos. “Nuestros hijos ya no están con nosotros, se fueron todos, no quieren saber nada de la provincia. El que se queda está estudiando afuera. Hay otra que dejó, puso una boutique en Clorinda, le va más o menos. La otra es enfermera. Cada uno haciendo su vida más o menos, pero podridos de la provincia porque no les ofrece nada”.

El matrimonio cuenta que agotó las vías institucionales para pedir ayuda. “Mandamos notas a la provincia, al municipio, a Nación, y no tenemos respuesta. No pasó nada”, dice Lucía. “Que nos ayuden con algo, aunque sea, para poder continuar, para probar aunque sea un año más”.

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Jerónimo confirma el achique que se viene: de las hectáreas que trabajan hoy, va a quedar la mitad. Incluso había pensado en vender un lote de cuatro hectáreas de banana para reinvertir en lo que le queda, pero ni eso resulta posible con los precios actuales. “Yo tenía esperanza de vender un lote de cuatro hectáreas de banana, y con eso hacer algo con lo que te queda. Pero ahora que no se vende, ¿a quién le puedo ofrecer? Ni siquiera hay un inversor que venga, compre el lote, saque las bananas y haga otra cosa. No hay lugar. Yo tenía esperanza porque con producción se puede vender un poco más, hacer un poco de plata. Pero con este precio, ¿quién me quiere comprar así, con producción? Seguro va a querer limpio, y limpio no vale nada”.

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Lucía cuenta además cómo llegó a militar en la Federación Agraria, casi de casualidad, en una reunión en la plaza del pueblo. “Fui a escuchar, por atrás, y la gente lloraba de la miseria, de su chacra, de todo eso. Yo en realidad no estaba bien metida en eso, porque estaba con mi escuela y los chicos. Y eso me llevó a decir: voy a luchar yo”. Hoy, en medio del achique de su propia chacra, no esconde el cansancio. “A veces vengo decaída, pero me levanto de vuelta. Con esto de querer achicarnos, en el sentido de dejar un lote sin trabajarlo, no dan los números. Pero no es que voy a dejar de luchar. Se lucha más todavía”.

Fuente: https://bichosdecampo.com/no-dan-los-numeros-lucia-y-jeronimo-son-dos-productores-formosenos-que-construyeron-su-casa-gracias-a-la-banana-y-hoy-tienen-que-achicarse-para-sobrevivir/

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