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Más de 100 dólares por hectárea: la diferencia que puede generar una estrategia nutricional en trigo

En un contexto donde cada punto de rendimiento incide directamente en la rentabilidad, la diferencia entre un buen resultado y uno superior ya no depende únicamente del ambiente o de las condicion...

Más de 100 dólares por hectárea: la diferencia que puede generar una estrategia nutricional en trigo

En un contexto donde cada punto de rendimiento incide directamente en la rentabilidad, la diferencia entre un buen resultado y uno superior ya no depende únicamente del ambiente o de las condicion...

En un contexto donde cada punto de rendimiento incide directamente en la rentabilidad, la diferencia entre un buen resultado y uno superior ya no depende únicamente del ambiente o de las condiciones climáticas, sino del manejo agronómico a lo largo de todo el ciclo del cultivo. De cara a la campaña de fina 2026, el análisis de las últimas dos temporadas permite identificar una constante: entre lotes vecinos pueden registrarse diferencias superiores a los 100 dólares por hectárea, aún bajo condiciones productivas similares.

En este escenario, Amauta —empresa argentina especializada en nutrición vegetal, que desarrolla y comercializa soluciones para acompañar en cada etapa del cultivo— viene trabajando en la evaluación de estrategias que permitan reducir esa brecha a partir de un enfoque más integral de la nutrición.

Un caso relevado en Necochea, Buenos Aires, muestra este fenómeno con claridad. En un mismo establecimiento, un lote de trigo alcanzó un rendimiento de 8.700 kg/ha, mientras que, en otro, ubicado a pocos metros y bajo el mismo ambiente, quedó 500 kg/ha por debajo.

Al respecto, Nadia Favalessa, líder comercial de la región sur de la empresa, explicó: “Muchas veces se tiende a asociar estas diferencias a factores externos, pero en la práctica lo que vemos es que el manejo tiene un peso cada vez mayor en el resultado final”.

En el lote de menor rendimiento se implementó un esquema tradicional, basado en fertilización de base con nitrógeno y fósforo al inicio del cultivo, sin ajustes posteriores. En el lote de mayor rendimiento, en cambio, se aplicó una estrategia planificada durante todo el ciclo, contemplando no solo qué nutrientes incorporar, sino también cuándo aplicarlos, con qué fuentes y en qué dosis en función de la demanda del cultivo.

De la fertilización puntual a la estrategia nutricional

El contraste entre ambos manejos refleja un cambio de enfoque que se viene consolidando en los últimos años: pasar de esquemas centrados en aplicaciones puntuales a estrategias nutricionales integrales. En esa transición, el rol del acompañamiento técnico cobra cada vez mayor relevancia. Desde Amauta, esta perspectiva se traduce en un trabajo sostenido a campo junto a productores y asesores, orientado a anticipar necesidades, ajustar decisiones en tiempo real y construir planteos que contemplen la dinámica completa del cultivo.

En ese sentido, Favalessa señaló que “cada vez más productores están dejando atrás esquemas rígidos para pasar a estrategias que acompañan al cultivo en función de su evolución”. “La clave está en anticiparse y ajustar en el momento justo”, aclaró.

Este tipo de enfoque parte de un principio agronómico conocido, pero no siempre aplicado en la práctica: los cultivos no responden a un único nutriente, sino al factor más limitante en cada ambiente. En este marco, la eficiencia no está dada por la cantidad de insumos utilizados, sino por la capacidad de ajustar la nutrición a las necesidades reales del sistema productivo.

A partir de esta premisa, Amauta desarrolla estrategias que combinan macro y micronutrientes —como nitrógeno, fósforo, potasio, azufre y zinc, entre otros— integrados en un esquema que acompaña al cultivo desde la implantación hasta las etapas finales, con ajustes en función de la evolución del lote.

El rol de cada etapa en la construcción del rendimiento

Los resultados muestran que el rendimiento no se define en una única intervención, sino en la acumulación de decisiones a lo largo del ciclo. Bajo esta lógica, la empresa estructura su propuesta para fina a partir de la estrategia #SabioTrigo, un esquema nutricional integral que combina distintas herramientas según el momento del cultivo, con el objetivo de acompañar su desarrollo desde la implantación hasta las etapas finales.

Según Favalessa, “no se trata de aplicar más, sino de aplicar mejor. Una estrategia como #SabioTrigo busca justamente eso: cubrir los nutrientes que realmente limitan el rendimiento en cada ambiente y en cada etapa del cultivo”.

En las etapas iniciales, durante la siembra y emergencia, el uso de tecnologías como los microgranulados permite mejorar la disponibilidad temprana de nutrientes y favorecer una implantación más uniforme. Ensayos comparativos evidencian incrementos promedio del orden del 5% respecto de tecnologías tradicionales y respuestas de hasta el 20% frente a esquemas sin fertilización de arranque.

En una segunda instancia, la reposición de nitrógeno continúa siendo un factor central para sostener el crecimiento del cultivo. En este punto, estrategias que optimizan la eficiencia del nutriente pueden generar mejoras del 9% respecto a fuentes tradicionales, e incrementos significativamente mayores frente a situaciones sin aporte nitrogenado.

Finalmente, en etapas más avanzadas del ciclo, la nutrición foliar adquiere relevancia como herramienta de ajuste fino dentro del esquema. Aplicaciones de nitrógeno foliar, en combinación con formulaciones a base de aminoácidos, permiten sostener el crecimiento, mitigar situaciones de estrés y capturar mayores niveles de rendimiento, con respuestas que oscilan entre el 7% y el 13%.

Más allá del incremento en rendimiento, uno de los aspectos más relevantes del análisis es la mayor estabilidad lograda en los planteos que integran este tipo de estrategias. La posibilidad de ajustar la nutrición en función de la demanda del cultivo permite reducir la variabilidad, mejorar la eficiencia en el uso de los recursos y contribuir a un manejo más sustentable.

Cuando estos resultados se traducen a términos económicos, la diferencia entre ambos esquemas supera los 100 dólares por hectárea, evidenciando el impacto directo que tiene el manejo nutricional sobre la rentabilidad y el resultado final de cada hectárea.

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Fuente: https://bichosdecampo.com/mas-de-100-dolares-por-hectarea-la-diferencia-que-puede-generar-una-estrategia-nutricional-en-trigo/

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