
Martín Romeo fue a Vietnam para ayudar a desarrollar una experiencia la ganadería de cría y volvió con ganas de contarlo: “Allá muy poca gente insemina y te cuesta encontrar un veterinario que haga tacto”
Vietnam casi no tiene producción de carne vacuna y buena parte de la carne que consume la compra a Australia, por su cercanía geográfica. En ese escenario, un proyecto privado buscó desarrollar...
Vietnam casi no tiene producción de carne vacuna y buena parte de la carne que consume la compra a Australia, por su cercanía geográfica. En ese escenario, un proyecto privado buscó desarrollar desde cero un planteo de cría con genética carnicera y convocó a un grupo de profesionales argentinos para llevar adelante esa patriada.
Entre esos profesionales estuvo Martín Romeo, médico veterinario y docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba), que durante varios meses participó del armado de un establecimiento ganadero en el país asiático.
La posibilidad surgió a partir de su actividad docente. “Todo esto comenzó gracias a un cargo docente que tengo en la UBA, en la cátedra de Fisiología Animal. Una empresa privada de Vietnam vino con la idea de llevarse profesionales que puedan desarrollar una actividad ganadera”, contó Martín a Bichos de Campo.
La experiencia también le permitió conocer de cerca la vida cotidiana vietnamita. El arroz está presente prácticamente en todas las comidas, abundan los vegetales hervidos y el consumo de proteína es bajo. La carne vacuna es poco habitual y llega principalmente importada.
También se llevó una conclusión sobre su propia formación. “El nivel de formación de Argentina es muy bueno a nivel mundial. Yo salí de la Universidad de Buenos Aires y tengo recursos suficientes para desarrollarme, te diría, en cualquier parte del mundo”.
https://bichosdecampo.com/wp-content/uploads/2026/09/WhatsApp-Video-2026-09-15-at-11.52.37-1.mp4Después de viajar más de 35 horas, convivir con una cultura completamente diferente y afrontar numerosos desafíos, Romeo asegura que la experiencia en Vietnam valió la pena.
“Fue una experiencia que tuvo sus complicaciones, sus retos, en un lugar muy lejanos desde lo geográfico y cultural, pero estoy súper contento de haber tomado la decisión y el coraje de ir”, señaló.
Vietnam tiene una estructura productiva muy diferente a la argentina. Los campos son pequeños, la tierra está distribuida de manera relativamente pareja y los productores suelen manejar pocas cabezas.
“Lo que producen lo hacen en sistemas confinados. Tienen a los animales encerrados y los alimentan llevándoles la comida. El pasto no escasea porque es un clima tropical, pero la mayoría de los animales comen forraje cortado en el momento”, explicó.
También es muy diferente el tipo de ganado. “No hay razas. Son animales mestizos, típicamente de razas cebuinas, con mucho pliegue cutáneo, giba y un frame pequeño para lo que nosotros estamos acostumbrados”. Las vacas pesan en promedio menos de 400 kilos, por lo que una de las primeras tareas fue seleccionar receptoras que tuvieran el tamaño adecuado para recibir embriones de genética carnicera.
El proyecto implicó construir un establecimiento con 12 corrales, dos mangas y un pequeño laboratorio para la aspiración de ovocitos. “Les dijimos cómo construir el laboratorio, les dijimos cómo construir el campo. Hubo que hacer todo. Arrancó completamente desde cero”, relató Romeo.
La base genética llegó desde Argentina. Se compraron embriones de distintas razas, entre ellas Angus, Brangus y Wagyu, además de animales mestizos, mientras que en Vietnam se compraron las hembras receptoras. “Cuando yo llegué a Vietnam teníamos 32 vacas preñadas con embriones de calidad carnicera. La idea era que esos animales nacieran y se desarrollaran”.
El plan apuntaba a multiplicar esa genética mediante fertilización in vitro. Las hembras nacidas serían utilizadas desde los 10 a 12 meses para la aspiración de ovocitos y, a partir de ellos, producir nuevos embriones con semen de calidad.
“El objetivo era recolectar los ovocitos, llevarlos al laboratorio, ponerlos a madurar y a través de fertilización in vitro producir embriones. Es un ciclo que comienza a comprar más receptoras, transferir más embriones y todo se va agrandando”.
El problema es que Vietnam todavía tiene una oferta muy limitada de productores y profesionales capacitados. “No tienen demasiados conocimientos de estas cuestiones ni están actualizados. Allá muy poca gente insemina y te cuesta encontrar un veterinario que haga tacto”.
Romeo también encontró dificultades cotidianas que iban mucho más allá de la biotecnología. “Tenés que resolver cosas básicas diarias: no hay vacunas, te cuesta conseguir la comida, tuvimos que enseñar cómo construir corrales, mangas y cepos y cómo manejar los animales.
A eso se sumó el factor climático. “A medida que los animales nacieron nos fuimos dando cuenta que el estrés por calor que sufrían no es un detalle menor”. Por eso considera que la región norte de Vietnam, con temperaturas más bajas, ofrece mejores condiciones para desarrollar ganado de carne.
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Para Romeo, Vietnam tiene potencial productivo, pero consideró que desarrollar un rodeo a escala nacional requiere de una política de estado específica.
“Para que el proyecto escale a las medidas que necesita un país necesita sí o sí intervención del Estado, que apunte a resolver uno de los cuellos de botella que es la falta de vacas receptoras de los embriones. El Estado tendría que desarrollar un plan estratégico a lo largo y a lo ancho de Vietnam para poder poblar al país de animales de calidad carnicera”.