Agro Escuchar artículo

Mariano Zurvera tiene algo que decir sobre su padre Alcides y el estado de abandono de la Ruta 34: “El costo de la farándula política”

Mariano Zurvera es licenciado en Administración Rural y Docente de la UTN, además de consultor en Agronegocios y Desarrollo Comercial. Actualmente al mando de un proyecto llamada Tambo Amadeo, es ad...

Mariano Zurvera tiene algo que decir sobre su padre Alcides y el estado de abandono de la Ruta 34: “El costo de la farándula política”

Mariano Zurvera es licenciado en Administración Rural y Docente de la UTN, además de consultor en Agronegocios y Desarrollo Comercial. Actualmente al mando de un proyecto llamada Tambo Amadeo, es ad...

Mariano Zurvera es licenciado en Administración Rural y Docente de la UTN, además de consultor en Agronegocios y Desarrollo Comercial. Actualmente al mando de un proyecto llamada Tambo Amadeo, es además heredero de una vasta tradición de producción lechera en la zona de Rafaela, como nieto de Amadeo, como hijo de Alcides, conoce de cero esta actividad y sus vicisitudes. Le pedimos permiso a Zurvera para compartir con los lectores de Bichos de Campo esta crónica que publicó en sus redes sociales, porque combina como pocas veces -con el foco puesto en la Ruta Nacional 34- el drama argentino de haber dejado de ser lo que alguna vez fuimos y la impotencia de no poder volver a ser lo que merecemos como sociedad. Allí va el texto de Mariano:

​Cualquier persona que transite hoy la Ruta Nacional 34 sabe que está transitando por el monumento más doloroso a la ineficacia política. Esta verdadera “ruta de la producción” nace en el extremo norte del país, en Salvador Mazza (Salta), y recorre casi 1.500 kilómetros hasta llegar al polo agroexportador de Rosario. De esa inmensidad, 400 kilómetros atraviesan nuestra provincia de Santa Fe.

Sin embargo, su inmensa mayoría sigue siendo un trazado de mano simple centenario. Lo único que se ha logrado transformar son apenas 33 kilómetros de autopista hacia el sur, entre Rafaela y Angélica (que incluye la Variante Rafaela). Hacia el norte, los 45 kilómetros hasta Sunchales quedaron a medio hacer y abandonados.

Resulta indignante pensarlo: en 100 años, esos escasos kilómetros son la única mejora sustancial que se le ha hecho a la ruta. Que esa sea toda la obra terminada demuestra que cada pozo, cada demora y cada tragedia en esta arteria vital no son accidentes del destino: son el resultado directo de un modelo dirigencial agotado.

​Para entender por qué la ruta por donde sale la riqueza del país está destrozada, hay que viajar en el tiempo.

En 1995, mi padre, Alcides Zurvera -un incansable productor agropecuario y un histórico referente con más de 30 años de trayectoria en la dirigencia gremial de la Sociedad Rural de Rafaela-, fue invitado por la empresa Zeneca Semillas (actualmente Advanta) a recorrer el cinturón maicero de Estados Unidos. Si bien volvió de Iowa gratamente sorprendido por el altísimo desarrollo en la genética de las semillas, regresó aún más asombrado por una lección institucional que hoy nos resulta urgente: entendió por qué allá la gente se queda en el campo.

​En Iowa, Alcides vio caminos rurales pavimentados, servicios de salud de excelencia y universidades, como la Iowa State, funcionando como verdaderos agentes de Investigación y Desarrollo para el productor. Pero sobre todo, vio de dónde salía el poder político. Las bancas no se llenaban con celebridades; se llenaban con dirigentes formados en las instituciones intermedias agropecuarias.

Hoy, el estado de Iowa protege sus 12,5 millones de hectáreas agrícolas con 150 legisladores (100 en la Cámara Baja y 50 en el Senado). Son personas que conocen la logística rural porque vienen de ahí.

Productores de Iowa cobraron entre 10 y 16 u$s/ha por servicios ecosistémicos generados por cultivos de cobertura

​En contraste, Santa Fe posee más de 10 millones de hectáreas de superficie útil -tierras gemelas en riqueza a las de Iowa-, pero hemos dejado su defensa en manos de un modelo superficial: la farandulización de la política.

Esta degradación empezó en los años 90. Figuras del deporte o del espectáculo, como Daniel Scioli o Palito Ortega, fueron los primeros experimentos de un sistema que decidió que era más fácil buscar candidatos por su “alto nivel de conocimiento” mediático que por su idoneidad de gestión. El éxito en otras disciplinas se compró como garantía de éxito político, vaciando el debate de ideas.

​Hoy, ese modelo no solo no se detuvo, sino que se profundizó. Lo vemos en figuras recientes como Carolina Losada y encuentra su clímax en el fenómeno de Javier Milei. Cambian los nombres, cambian los tonos, pero el resultado es el mismo: cuando la popularidad de la pantalla choca contra la realidad territorial, la que pierde es la producción.

¿Qué cambiaron de fondo estas figuras instaladas desde un set de televisión? Absolutamente nada. La presión impositiva sigue igual y la Ruta 34 sigue cobrándose vidas y competitividad.

​Es momento de decir basta. Además de la farandulización, hoy el otro gran “semillero” de la política parece limitarse a las facultades de Ciencias Políticas y a los centros de estudiantes tradicionales. Estos espacios han demostrado estar completamente desconectados de la economía real: de allí no han surgido referentes que defiendan verdaderamente los intereses de la producción y de la ciudadanía.

​Si queremos transformar esta realidad positivamente, la política santafesina tiene que volver a mirar a sus canteras naturales. Nuestras autoridades y futuros legisladores provinciales deben plantarse a gestionar ante el gobierno nacional con un argumento irrefutable: lo que la Nación se lleva de Santa Fe en un solo año, únicamente en retenciones a la soja, alcanza para construir ocho autovías de doble mano en los 400 kilómetros que nos corresponden. Y sin embargo, no tenemos absolutamente ninguna contraprestación en infraestructura. Quienes vayan a dar esa pelea en las cámaras tienen que salir de nuestras Sociedades Rurales, de los centros industriales y de las cuencas productivas de nuestra región.

​Esa Argentina productiva -la gran Pampa Húmeda y las economías regionales que sostienen sobre sus espaldas todo un modelo burocrático y de despilfarro estatal sin recibir las contraprestaciones básicas- no puede seguir gobernada por encuestas de imagen ni teóricos de escritorio. Necesitamos representantes que sepan cómo se forja una empresa en el barro, dirigentes con la mirada que trajo Alcides Zurvera: donde la política no sea un show para el aplauso, sino una herramienta técnica para el arraigo y el desarrollo territorial.

Fuente: https://bichosdecampo.com/mariano-zurvera-tiene-algo-que-decir-sobre-su-padre-alcides-y-el-estado-de-abandono-de-la-ruta-34-el-costo-de-la-farandula-politica/

Comentarios
Volver arriba