
Los jugadores de Mercabarna: “Este trabajo, al final, es uno de confianza”, dice Lorenzo Carrasco, representante de los mayoristas y gerente de Central Dica, firma con 51 años en ese mercado
Que un mercado tan grande como Mercabarna haya logrado convertirse en un referente frutihortícola en Europa responde, en gran medida, a la sinergia que se generó entre clientes y empresas, cuyo p...
Que un mercado tan grande como Mercabarna haya logrado convertirse en un referente frutihortícola en Europa responde, en gran medida, a la sinergia que se generó entre clientes y empresas, cuyo principal producto a ofrecer es, a fin de cuentas, la confianza.
De eso sabe mucho la firma Central Dica, que desde su fundación, allá por 1974, inició un proceso de crecimiento sostenido que la volvió una de las firmas más importantes de ese mercado concentrador español.
“Somos una empresa familiar con 51 año de historia, que hoy prácticamente hace de todo: importación, exportación, vendemos en España, en el canal detallista de Barcelona (los comercios de proximidad), en la restauración (restaurantes y hoteles) y hacemos quinta gama como fruta cortada. A diarios nos vienen a comprar desde pequeñas tiendas hasta los más grandes”, dijo a Bichos de Campo Lorenzo Carrasco, Gerente Comercial y de Importaciones de esa firma.
“Llevamos muchísimos años porque este trabajo, a fin de cuentas, es uno de confianza. Algunos nos vienen a conocer, nos quieren dar sus productos, pero solemos ser nosotros los que buscamos proveedores, los visitamos en sus zonas de producción, entablamos acuerdos y relaciones, porque dependemos de eso”, sostuvo a continuación.
Eso cobra una relevancia adicional si se tiene en cuenta que parte de los productos que comercializan provienen de destinos lejanos como la propia Argentina. Eso se debe al interés de la empresa de abastecer al mercado de ciertos productos durante todo el año, para lo cual los circuitos de contraestración son importantes.
“Nosotros traemos fruta y verdura de todas las zonas de producción de España, de Europa y del resto del mundo, según las necesidades. Comercializamos todo tipo de productos, tratando de ofrecer un surtido que le solucione las cosas a las empresas que deben comprar. De Argentina, nuestro producto bandera son las cerezas”, señaló Carrasco.
Respecto de la relación con sus proveedores, Bichos de Campo le consultó al empresario por las tensiones que suelen existir entre quienes producen y quienes comercializan, vinculadas principalmente a los aumentos de precios.
“Siempre ha existido esa visión de que el precio se deforma. Somos mal vistos por ser los intermediarios pero no somos los que encarecemos el producto. Pero sí es cierto que de origen a consumo final se encarecen, en algunas situaciones de forma bastante elevada”, indicó.
Y añadió luego: “Desde el cierre del canal de Ormuz, por ejemplo, se vendió mucho el encarecimiento del petróleo y los fertilizantes, pero lo cierto es que eso no es inmediato sino que se verá en la siguiente campaña. Creemos que la información debe darse de una manera rigurosa para que haya mayor consciencia”.
Pero además de comercializador mayorista, Carrasco es también vicepresidente de AGEM, la asociación gremial que nuclea a sus pares en ese mercado. Allí se nuclean desde empresas chicas a las más grandes, y se trabaja para resolver las necesidades de ese sector.
Y dentro de las principales exigencias que afronta ese rubro, el vicepresidente abordó la cuestión medioambiental.
“Tenemos exigencias algo incómodas que nos suponen impuestos o cargos adicionales que otras empresas de Europa no tienen. Una es el plástico. Tenemos que pagar un impuesto por cada fleje que usamos, por ejemplo, para sostener las cajas con la fruta. Son entre 0,96 y 1,20 euros y hay que hacer una factura por eso. La burocracia aumentó en los últimos años”, lamentó el vicepresidente.
A eso se suman controles cada vez más restrictivos en el uso de agroquímicos, que complican a los productores.
“En Murcia, por ejemplo, hace un mes tenían que tratar para una plaga y no podían porque no estaba permitido. Entonces la producción se les va y no pueden hacer nada contra ello. ¿Qué daño hace aplicar un herbicida que está controlado, que no es perjudicial?”, se preguntó Carrasco.
Todo ese combo, según dio cuenta, genera cortocircuitos con otros países que no aplican este tipo de normativas. A pesar de ser pioneros en ese tipo de reglamentaciones, el empresario aseguro que el sector está lejos de experimentarlo como “un orgullo”.
Otra cuestión que Bichos de Campo no pudo evitar preguntar fue por el impacto del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur.
“A nosotros no nos afecta. Lo que traemos es lo que no se está produciendo en ese momento en España. Si lo hubiera aquí, traerlo desde fuera sería costoso y nos encontraríamos fuera del mercado. En ese sentido, no hay tensión. Donde sí la hay es en sectores como el del cereal o el cárnico porque sí tenemos esos productos”, afirmó Carrasco.
-¿Hay algo en lo que crean que deben mejorar como sector? ¿Reconocen alguna necesidad?- le preguntamos.
-Somos optimistas por naturaleza, pero también protestamos porque siempre queremos más. Nos gustaría más apoyo gubernamental a la hora de exportar. No somos Italia. Yo siempre les miro con envidia porque son muy proactivos a la hora de cerrar y visionar acuerdos con terceros países con los cuales no se está colaborando, o abrir fronteras para ciertos productos que ahora mismo no tienen. En ese sentido tenemos mucho que aprender.