
“Llevamos 40 años sin que se mire al campo de forma más cariñosa. No estoy pidiendo créditos blandos sino que compartamos riesgos”, reclama el productor Daniel Berdini tras otra campaña para el infarto
Ya casi no hay matices en la crisis que afronta el agro. Los altos costos en dólares de los insumos y el bajo precio de los granos se superponen con problemas climáticos en varias zonas. En este ...
Ya casi no hay matices en la crisis que afronta el agro. Los altos costos en dólares de los insumos y el bajo precio de los granos se superponen con problemas climáticos en varias zonas. En este contexto, nadie sabe a ciencia cierta cuánto más puede retraerse la rentabilidad.
Las alarmas se encienden incluso para los que mejor ubicados están, porque en plena Pampa húmeda también exigen un “volantazo” urgente.
Alejado ya de su pasado en la rosca política, el ex director del Coninagro Daniel Berdini hoy habla desde su rol como productor raso, uno de los tantos que trabajan en la zona núcleo del país. Su caso evidencia que la crisis agropecuaria ya no distingue entre tierras buenas y malas, porque a las vicisitudes climáticas se le suman los desajustes impositivos y las presiones fiscales.
Mirá la entrevista:
“Si no se acompaña con herramientas de contención y con baja de costos, la pampa húmeda se hace casi improductiva”, augura Berdini. Es que en sus campos, ubicados en la zona de Ramallo, a la vera del Río Paraná, fue testigo y víctima del déficit hídrico afrontado entre diciembre y febrero, una racha que no se corta desde hace 5 años por más que ahora llueva copiosamente.
“Este clima parece un electrocardiograma. Se predicen lluvias y no se dan en tiempo y en forma”, agrega Daniel, que considera que el corredor productivo entre Rosario y Buenos Aires suele ser, durante los meses más calurosos del año, “más similar a una zona árida que a la Pampa húmeda” por sus altas temperaturas y un régimen de lluvias por debajo de la media.
El saldo de la campaña de verano es, una vez más, negativo. Se estiman caídas de hasta el 30% en el rinde del maíz y magros resultados de la soja de segunda. Para quienes apuestan a la ganadería la falta de pasturas suma preocupaciones. Los meses ventosos y la falta de humedad parecen contradecir el histórico microclima de la zona núcleo, que corrió con mucha menos suerte que regiones como La Pampa, Córdoba y San Luis.
Así y todo, el precio de siembra, alquiler y mano de obra no se contrajo, sino todo lo contrario. La preocupación de Daniel, como la de otros tantos productores, es cuán sustentable es hoy su trabajo, si los costos aumentan, hay que endeudarse y no hay certeza de cuánto quedará en el bolsillo al final del día.
Ante ese panorama, su diagnóstico no es positivo: “Si el productor no cuenta con algunas herramientas alternativas para minimizar riesgos, no hay futuro”, señala. Si algo le ha enseñado su pasado en el gremialismo y la política es que no hay reclamo que no valga la pena hacer, por eso no habla sólo de bajar retenciones, sino de ir más allá y pensar en seguros que den cobertura en coyunturas complejas.
“En situaciones como esta, por lo menos podríamos salvar los costos”, puntualiza, consciente de que, incluso eso, está hoy en “veremos” para los productores de la Pampa húmeda. No es sorprendente que la intención de siembra y la inversión tecnológica estén también azoradas por la inestabilidad.
La salida que exigen tanto las entidades del agro como los productores independientes es ordenar el esquema fiscal e impositivo. Un primer guiño del Gobierno fue la reducción de los derechos de exportación, pero aún no hay respuestas por el costo de los insumos y la maquinaria importada. “No puede ser que todo valga 2 o 3 veces más que en un país vecino”, se lamenta Berdini.
La situación ya ha empujado a importantes empresas del agro al concurso de quiebra, y eso alimenta el temor de los chacareros. “Cuando los costos aumentan tanto, en un año de pérdida te llevás puesto el capital y el esfuerzo de tres generaciones de trabajo”, señala el ex dirigente, que insiste que el agro no puede ser sólo una caja a la que se le echa mano cuando las papas queman.
“Llevamos más de 40 años sin que se mire al campo de forma más cariñosa. No estoy pidiendo créditos blandos, sino que compartamos riesgos y experiencias”, concluye. Para él, que viene de familia de productores y ha vivido toda su vida en el sector, hay mucho todavía por hacer para que trabajar en el agro no sea una actividad de riesgo.
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