
La quinoa argentina llega al espacio, pero languidece en los territorios que comenzaron con su producción por el visible retroceso del apoyo estatal y la competencia del contrabando boliviano
La provincia de San Juan está teniendo un rol protagónico en torno a la quinua. Por estos días fue noticia que una variedad de quinua denominada “Morrillos”, cultivada y registrada por INTA ...
La provincia de San Juan está teniendo un rol protagónico en torno a la quinua. Por estos días fue noticia que una variedad de quinua denominada “Morrillos”, cultivada y registrada por INTA en esa provincia, sería utilizada en un proyecto experimental en el espacio, a partir de un acuerdo internacional con la “Orion Space Generation Foundation”.
Seleccionada por su rusticidad y adaptación a condiciones extremas, esta quinua se enviará en una cápsula durante un vuelo espacial para evaluar cómo responden sus sistemas biológicos a condiciones propias del ambiente orbital, como la radiación, la microgravedad y las variaciones térmicas extremas.
A esta llamativa noticia se suman otras más terrenales, como el desarrollo de maquinaria para la poscosecha y el agregado de valor para el grano andino, entre otras actividades más.
Este conjunto de noticias vuelve a poner en relieve a la quinua, en lo que es una apuesta más al trabajo conjunto entre productores e instituciones públcas, algo similar a lo que pasó, hace más de una década y media en Jujuy. En esta provincia, pionera en la difusión de este cultivo en Argentina, se organizaron clúster y hasta congresos internacionales. También, se desarrollaron plantas y equipos móviles para su procesamiento, por parte de INTA y la universidad.
¿Sirvió de algo todo aquel despliegue?
Tres referentes del sector productivo de la región de la Puna y de la Quebrada de Humahuaca, territorios donde la quinua aún persiste en los campos y las costumbres locales, respondieron a esa pregunta de Bichos de Campo.
En la región de la Puna existen dos experiencias organizativas distintivas: La Mesa Quinuera Agroecológica de la Puna y la Cooperativa Agrícola de Comunidades Andinas Limitada (Cadecal).
Rosaleón Coria es el actual presidente de Cadecal, que agrupa a productores pertenecientes a los parajes cercanos a Cusi Cusi, distante 125 kilómetros hacia el oeste de la ciudad de Abra Pampa. Él rememora que fue “el comisionado Anastasio Prieto el primero que le dio impulso a la quinua, trayendo a Cusi Cusi al ingeniero boliviano Urbano Cruz por el año 2004″.
“Aquí, únicamente se sembraba quinua en pequeñita escala, para consumo. A través del trabajo del comisionado y del ingeniero se promocionó el cultivo y logramos una quinua buenísima a 3.500 metros de altura, con un grano más pequeño pero de una calidad alimenticia muy buena, con aminoácidos esenciales, su alta fibra, gluten, minerales y antióxidos en alta proporción, en comparación al resto de producción en otros lugares”.
Prosigue comentando que “en 2011 se crea la cooperativa. En esa época la provincia y la Nación nos ayudaron bastante, pudiendo construir nuestra planta de procesos con tecnología de primera. Nuestros mejores años fueron a partir del 2014 y 2015 porque no había tanta competencia, y teníamos el asesoramiento del ingeniero Cruz, hasta que lamentablemente fallece. Ahí tratamos de hacer lo mejor posible pero no pudimos porque nos faltaba quien maneje bien la computadora, quien nos ayude con los números y los impuestos y que siga los cultivos”, se lamenta Coria.
Sobre la situación actual de Cadecal, Rosaleón comenta que “todavía no ingresó la quinua de 2026 a nuestra planta. Aún tenemos de la temporada 2025, como 5 o 6 toneladas acumuladas que no se están moviendo. Pero además, no tendríamos fondos para comprarla. Tenemos que pagarla y los productores nos piden entre 4500 a 5000 pesos por kilo”.
En cuanto a las dificultades en torno a la comercialización, dice “tenemos varios clientes de Jujuy y de otras provincias, pero ahora no nos quieren pagar el precio que pusimos. Lamentablemente nos ‘suena’ lo del otro lado (haciendo referencia al ingreso informal de quinua desde Bolivia) que se comercializa a 3.500 pesos por kilo e ingresa en grandes volúmenes”, alerta Rosaleón.
Asimismo comenta que “nosotros pedimos 6500 pesos por kilo, valor que calculamos incorporando lo que nos piden los productores por su producto, los impuestos, los servicios y lo que cuesta todo el proceso de procesamiento. Con toda la maquinaria para procesar que tenemos para obtener un muy buen producto, no nos dan los números. Así que ahí es donde estamos fracasando”.
“Además tenemos que pagar a los empleados. Para procesar 800 kilos tengo que pagar, más o menos, un millón de pesos para esos 10 o 15 días de trabajo. Ahora estamos vendiendo al turismo, a San Salvador de Jujuy, a Mendoza, así vamos manteniendo la cooperativa, pagamos los servicios, mantenemos el personal y sostenemos las máquinas”.
“Tenemos autorización hasta 2029 por el Sunibrom (Ministerio de Salud), para vender tranquilamente, pero la mano está complicada”.
Según calcula Coria, en Cusi Cusi hay entre 15 a 20 hectáreas con un rendimiento de 800 a 1000 kilos por hectárea. Si la cooperativa no absorbe ese volumen los productores lo malvenden y de a poco dejan de sembrar.
Yendo hacia el departamento de Yavi, Ramiro Catacata, integrante activo de la Mesa Quinuera Agroecológica de la Puna, mantiene su producción desde hace 8 años en la localidad de El Cóndor. “Me llevó un tiempo aprender bien su manejo. Ahora tengo un cultivo a secano y otro bajo riego”, comienza presentándose.
Este referente agrega que “la Mesa ya cumplió 12 años y todos los años estamos haciendo la Fiesta de la Quinua. En estos años no hemos bajado los brazos, aunque primero eran como 20 o 30 productores, y ahora quedamos unos 10, más o menos, que seguimos sembrando, seguimos vendiendo. Algunos venden por su propio medio, pero a veces un productor decide no sembrar porque no llueve lo suficiente y no tienen sistemas de riego”.
Al igual que Cadecal, Catacata señala que el contrabando de quinua es un problema importante, por eso “lo que busca la Mesa es poder diferenciarse por la calidad y la marca Kiuna es parte de esa diferenciación. Nosotros tratamos de buscar calidad y, después, cantidad. Por eso queremos que se sepa que existen comunidades que hacemos una producción agroecológica de quinua. Para comercializar, estamos buscando sellos agroecológicos que lo verifiquen”.
Agrega el productor que “un objetivo de la Mesa es tener una planta habilitada. Eso frena un poco la comercialización, pero estamos trabajando sobre eso. Así estamos vendiendo acá, a nivel local, por el interior de la provincia y, por ahí, mandando a otras provincias. Pero no por cantidad, sino a menor escala”, concluye.
Bajando unos 200 kilómetros, por la ruta nacional 9, se llega al departamento de Humahuaca. Allí hay varias comunidades donde la presencia de este cultivo es concreta.
De la Comunidad Aborigen de Coctaca, Donato Gutiérrez, su actual presidente y miembro histórico de la Unión Pequeños Productores Aborígenes de Jujuy y Salta (UPPAJS), dice: “Yo vengo trabajando con los cultivos andinos, desde el año 1998, sobre todo en los valles de altura, especialmente en la comunidad aborigen de Caspalá y Santana, a través de un proyecto. Posteriormente, continué trabajando con quinua desde otro proyecto del Complejo Quinua, que incluía comunidades de la Quebrada y de la Puna”.
A lo que suma que “desde la UPPAJS trabajamos con doce comunidades del departamento de Humahuaca. Ahí logramos consolidarnos con un grupo de cincuenta productores que nos denominamos “los quinueros”, donde cada uno sembraba más de media hectárea”.
“Con la asistencia técnica de la SAF (Agricultura Familiar), la ingeniera Gabriela Figlioli, logramos hacer todos los bio-preparados caseros para el control de plagas, trabajar en mingas y sembrar en un terreno comunitario. Pudimos procesar lo cosechado con las máquinas del Complejo Quinua, ubicada en el INTA, en Hornillos, que es para los pequeños productores, pudiendo trillar, clasificar y desaponificar nuestros granos”.
“Hoy de los cincuenta quedamos veinte productores que aumentamos la superficie a una hectárea. Este grupo logró producir una quinua agroecológica que estamos vendiendo a un mercado de Buenos Aires que se llama Almacén Colectivo, por ahora, el único mercado que tenemos”, comenta.
Continuando con el recorrido de la UPPAJS, Gutiérrez señala que “pusimos en funcionamiento un molino en nuestro espacio, para procesar harinas tanto cocidas como crudas, pensando en poder abrir nuevos mercados con otros productos. Todos los trabajos que estamos haciendo son a pulmón. Los veinte productores que quedamos estamos fortalecidos y seguimos produciendo y comercializando una quinua agroecológica de la Quebrada”.
Uno de los principales problemas de la quinua de la UPPAJS que señala este dirigente, tiene que ver con la ausencia de asistencia técnica. “Nosotros somos buenos productores pero siempre necesitamos el apoyo de un profesional que se especialice en este cultivo porque siempre hay cosas que solucionar. Contamos agradecidos con la ingeniera Figlioli, que continúa brindando asistencia técnica desde un carácter colaborativo, sin un sueldo del Estado, mostrando mucho compromiso con el territorio”.
Pero lamenta: “Está a la vista que no hay financiamiento para otros proyectos, algo que lamentamos ya que tenemos muchas ideas. Otra problemática es la falta de ferias y mercados donde podamos vender nuestro producto. Por suerte nosotros estamos siendo autosustentables, sostenemos nuestro espacio de proceso y comercialización, no es fácil, pero lo estamos logrando porque vemos que la quinua es un ingreso más para nuestras familias”, concluye.
Por lo que comentan los entrevistados, puede observarse un achicamiento del sector productivo de quinua en Jujuy. Los productores que mantienen el cultivo lo hacen con mucho esfuerzo, sin aportes externos y con serios problemas comerciales, sobre todo frente al ingreso de quinua boliviana, proceso similar a lo que pasó con las papas andinas, tiempo atrás.
Para 2027 Argentina está llamada a organizar una nueva versión del Congreso Mundial de la Quinua. En 2015, Jujuy fue sede de la quinta edición de este afamado Congreso ¿Se repetirá la localía?