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La increíble historia de Bioaromas: O de como un “alquimista” comenzó haciendo un aroma para chanchos y hoy produce alimentos balanceados hasta con sabor a trufas

A nadie le gustan todas las comidas disponibles en el mundo. Todos tenemos nuestra lista de alimentos rechazados, porque no nos gustan, porque nos desagradan, porque no son sabrosos. Pongám...

La increíble historia de Bioaromas: O de como un “alquimista” comenzó haciendo un aroma para chanchos y hoy produce alimentos balanceados hasta con sabor a trufas

A nadie le gustan todas las comidas disponibles en el mundo. Todos tenemos nuestra lista de alimentos rechazados, porque no nos gustan, porque nos desagradan, porque no son sabrosos. Pongám...

A nadie le gustan todas las comidas disponibles en el mundo. Todos tenemos nuestra lista de alimentos rechazados, porque no nos gustan, porque nos desagradan, porque no son sabrosos.

Pongámonos ahora en la piel de un ternero, un cerdito o un pollo, al que seguramente le cueste más que a nosotros discernir entre tal y cual comida. Obviamente que no tienen demasiada posibilidad de decidir qué comer, especialmente en los nuevos planteos intensivos de la ganadería. Dentro de un corral no hay menú para elegir el plato. A esos bichos les ponen el alimento balanceado y punto. A lo sumo, pueden rechazarla o aceptarla.

¿Pero qué pasa si a ciertas comidas para animales se le añaden saborizantes, endulzantes o palatabilizantes que hagan más atractiva su ingesta por parte de los animales? En esa sencilla idea se basa la historia de Bioaromas, una empresa argentina que Bichos de Campo conoció en la ultima edición de la Todo Láctea en San Francisco.

Pero esta es la historia sobre todo de Enrique Vollenveider, el fundador de esa firma argentina. Un alquimista que terminó creando una empresa dedicada a los alimentos balanceados especiales.

“En realidad -comienza su relato Enrique- yo soy óptico. Es decir, estudié óptica, trabajé unos años y un día me di cuenta que eso no era para mí. Yo siempre tengo que salir a buscar desafíos. Y comencé a trabajar en una empresa de sabores y de fragancias”.

Uno, al escuchar a Vollenveider, piensa inmediatamente en un perfumista. Pero no. Para los que desconocen la industria alimentaria moderna, existe un universo inabarcable en materia de saborizantes para nuestra comida diaria. Como ejemplo para empezar están los helados. En definitiva, que la comida entre por los ojos es relativamente cierto. También el sabor y el olor son factores determinantes.

Mirá la entrevista completa:

Prosigue Enrique con su historia: “Un día estaba en la oficina, recibo el llamado de un productor de cerdos reconocido, que me dice: ‘Mirá, estuve en Estados Unidos, vi que le ponen en en el destete de los lechones vainilla o algo lácteo, y los lechones comen más. ¿vos podés hacer algo parecido?’. ‘Por supuesto’, le contesté”.

“Entonces me voy al laboratorio a ver a los saboristas. Los saboristas son personas que tienen una capacidad de retención de los aromas, una memoria olfativa, pueden generar cualquier formulación. Pero me dicen: ‘No, Enrique, ¿cómo te voy a hacer un aroma para chanchos? Me sacó corriendo”, recuerda.

Pero tanto insistió este emprendedor que finalmente ese saborista -que trabajaba para empresas de primera línea como La Serenísima- accedió a hacer el intento. El pago acordado fue…un lechoncito.

“Me fui con los baldecitos (de ese alimento saborizado) a la granja en Cañuelas. El establecimiento se llamaba Pig Ranch. Y lo probaron y funcionó”.

Al final no era tan difícil. Explicamos la situación por si alguien no la entendió: en el destete de los lechoncitos, cuando se separan de la madre que los amamanta, es necesario transformar la dieta, incorporando alimento sólido. Es una etapa crítica del proceso productivo, porque los animalitos necesitan acostumbrarse y comer para sobrevivir, engordar y continuar con el ciclo. Pero había veces que rechazaban el alimento.

“Un lechón que tiene disponible la teta 24 horas, leche tibia, rica. Lo sacás de ahí y lo pasás a comer un sólido, frío, sin gusto, nada. Y bueno, hay como un quiebre, y puede ser que no coma. Y pasa un día, y el lechón empieza a comerse reservas (de su propia energía), y eso es una tragedia. Entonces hoy hay una serie de manejos que se hacen” para facilitarle la ingesta.

-¿En esa anécdota está el origen de Bioaromas? ¿Ahí se te ocurrió? Descubriste que había todo un campo por explorar.

-Bueno, de ahí en adelante no paré. Y un día vinieron de Brasil unos ingenieros agrónomos de una cooperativa, vieron que tenían ese producto. Y me llaman y me dicen “che, venite, te esperamos acá para una feria, queremos conocer tu producto”. Y de ahí empecé a vender en Brasil. Hoy somos un gran exportador desde Argentina para Brasil.

Si uno ingresa ahora a la página de Bioaromas descubrirá que ofrecen una serie de “combinación de aromas y sabores que estimulan el consumo e ingesta en los alimentos de los animales”, a los que se puede denominar también como “excelentes enmascaradores de materias primas de baja palatabilidad”, que “garantizan en las etapas críticas que los animales respondan con mejores performances”, ya que “se incorporan fácilmente en el alimento junto con los minerales y vitaminas, proporcionando óptima dispersión y uniformidad en las raciones”.

Un placebo, diría mi abuela.

En la lista de productos hay dos variedades de endulzantes, y luego palatabilizantes con sabor y olor a frutos rojos, multifruta, citrus, coco, vainilla, caramelo, melaza, y otras tantas fórmulas con variantes. Enrique contó que hace muy poco tiempo desarrollaron para otra empresa de Brasil “un alimento micropelletizado para lechones con sabor a trufas”.

A lo largo de esta historia, el curioso empresario fue agregando rubros. Saltó de los cerdos a los bovinos, con propuestas para diferentes etapas de la crianza de esa especie. “Hoy estamos trabajando con productos que son lácteos con con algo de incorporación de frutales, sobre todo frutas rojas. Hay un cítrico que también es muy bueno para etapas de donde hay altas temperaturas. En momentos de estrés calórico, vos tenés que hacer que el animal consuma para que no pierda peso, y entonces el cítrico tiene una composición molecular que estimula el consumo”, nos explica.

Con el correr de los años, además, Bioaromas se ha venido especializando en lo que su fundador denomina “productos de triple impacto”.

-¿A qué se refiere con eso?

-Un buen aroma para estimular, para que el animal se acerque y despierte la curiosidad. Luego sabor y dulzor. Por ejemplo, en los destete de terneros, de lechones, de potrillos, ese triple impacto es fundamental, para que coma en ese momento donde está siendo destetado. En la transición.

Las fórmulas que vende esta empresa son sencillas de usar, pues se agregan directamente al alimento balanceado, en el momento de la mezcla. Pero hay muchas otras formas para saborizar los alimentos para el ganado. Obviamente, la firma también ha desarrollado y vende alimentos especiales para mascotas. Tienen una línea de “carne asada” y otro producto que llama “comida casera”, para los perros que sienten nostalgia del arroz con pollo. Para los gatos aparece otro producto llamado “frutos de mar”. Es la gracia de trabajar con aromas y sabores: todo se puede recrear.

La búsqueda incesante de Enrique lo ha llevado a lugares insospechados. Ahora su empresa tiene toda una oferta de lo que llaman “mejoradores de desempeño”, que son productos diseñados para promover la salud intestinal, mejorar la digestión y la absorción de nutrientes, y optimizar el rendimiento general de los animales. Ya hay poco de aromas, pues allí se incluyen prebióticos, probióticos, enzimas digestivas, ácidos orgánicos y otros aditivos funcionales. Ayudan a mantener una flora intestinal saludable y mejorar el aprovechamiento de los nutrientes.

“Si la vaca come más, da más leche. Y ahí está la combinación que nosotros buscamos. Es combinar un buen sabor en el producto con una muy buena calidad”, nos explica Vollenveider, que se desesperaba por contarnos su último lanzamiento, un “maximizador de calidad” de los pellets de balanceados. ¿Cómo se come eso? En realidad es un aglutinante que sirve para la confección de pellets de calidad, que no se desgranan. Eso impide costosas pérdidas en los establecimientos ganaderos.

-¿Pero todo arrancó por los olores y sabores?

-Todo arrancó ese día, que yo estaba ahí y atendí el teléfono pidiéndome un aroma para chanchos. Me acuerdo bien del investigador que lo hizo. Al final, el lechón nunca se lo di y nunca me lo reclamó.

Fuente: https://bichosdecampo.com/la-increible-historia-de-bioaromas-o-de-como-un-alquimista-comenzo-haciendo-un-aroma-para-chanchos-y-hoy-produce-alimentos-balanceados-hasta-con-sabor-a-trufas/

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