Agro Escuchar artículo

La entrañable vida de Lucas Andreoni, que hace 10 años sintió que el sistema agrícola había quebrado y hoy “evangeliza” sobre la regeneración, sin dogmas y con resultados

“Hace diez años sentí que había perdido pasión por la agronomía de ‘recetitas’ que hacíamos, y empecé a buscar por otros caminos, así empecé a vincularme con los desafíos de la rege...

La entrañable vida de Lucas Andreoni, que hace 10 años sintió que el sistema agrícola había quebrado y hoy “evangeliza” sobre la regeneración, sin dogmas y con resultados

“Hace diez años sentí que había perdido pasión por la agronomía de ‘recetitas’ que hacíamos, y empecé a buscar por otros caminos, así empecé a vincularme con los desafíos de la rege...

“Hace diez años sentí que había perdido pasión por la agronomía de ‘recetitas’ que hacíamos, y empecé a buscar por otros caminos, así empecé a vincularme con los desafíos de la regeneración que hoy tiene resultados comprobables y auspiciosos en grandes extensiones”, cuenta Lucas Andreoni, quien desde hace varios años incursionó en el yoga, la meditación y es amante de los juegos virtuales de táctica y estrategia. De todo esto, además de su historia de vida, hablamos durante uno de los últimos capítulos de El podcast de tu vida.

Andreoni nació el 31 de octubre de 1973 en Bragado, provincia de Buenos Aires. Su padre, Enrique; su madre, Nora. La vida de bancario de su papá configuró una niñez y adolescencia nómade. A los 10 se mudaron a Los Toldos y a los 15 a Morón, pleno conurbano.

Cuando tuvo edad de estudiar eligió bioquímica, hizo 4 años pero se dio cuenta que no era lo que quería como profesión para toda la vida. Así, surgió la agronomía.

Durante esa época de estudiante conoció a su mujer, Silvia, a la que le propuso casamiento en la segunda cita (si, leyeron bien, un aventurado el hombre) con la que se casaron 6 meses después de conocerse. Y este 2026 se cumplen 25 años de aquella boda.

En 2001 se fue a San Luis, trabajó un tiempo en la Subsecretaría de Agricultura puntana. En ese contexto, gracias a un convenio con una universidad israelí que había montado un proyecto, Lucas se especializó en riego por goteo en horticultura. Luego migró a Quines, norte puntano donde estuvo a cargo de la ejecución de 5000 hectáreas bajo riego por pivote. En 2005 se instaló en Venado Tuerto. Fue co-asesor del CREA Melo-Serrano durante más de 15 años, y hace un tiempo vive en Laboulaye, en el sur cordobés.

Pero hace unos años sintió que la agricultura tradicional, tal como la venía haciendo, no le apasionaba. Eso generó un cambio muy grande en su vida profesional y empezó a nutrirse de la agricultura sostenible. Así empezó a hablar de agricultura regenerativa.

En ese camino, hace 10 años creó BioRed, donde arman planteos regenerativos y capacitan equipos en agricultura regenerativa. Y hace dos años puso en marcha AgroDesign con Lucas Garibaldi donde suman naturaleza a sistemas productivos. El último desafío es bien reciente, la Regenera Academy, que tiene como objetivo capacitar a todo aquel que quiera entrar en este nuevo mundo regenerativo.

-Comencemos por lo importante, ¿Es cierto que en la segunda cita la pediste casamiento a Silvia, y 6 meses después se casaron? Dame contexto porque en pleno siglo XXI es toda una rareza…

-Con lo estructurado que soy, nadie que me conoce podría creerlo. No daban ni dos mangos por nosotros, pero acá seguimos, 25 años después. Te doy algo de contexto, yo me había recibido a principio de 2001, Argentina era un caos total. Me quedaba la tesis y con un compañero y habíamos decidido irnos a vivir a España porque en Argentina no había chances, el agro estaba muy mal. Y en ese momento es que otro amigo me presenta a Silvia, que era su jefa.

-Ah, veo que te tenía fe tu amigo… jaja

-Si, si, y fue amor a primera vista. Yo vivía en Morón, ella en La Plata, y en la segunda cita nos pusimos a charlar que yo tenía pasaje para irme a Valencia a trabajar en la producción de naranja. Pero haberla conocido (N de la R: y haberse enamorado) me desarmaba todo. Y fue ahí que le dije: “te propongo algo muy loco, casémonos y vamos a vivir a San Luis”. Y en un estado de ceguera (se ríe) ella me dijo que le gustaba la idea. La fecha más cerca en el registro civil era el 5 de octubre, a seis meses de habernos conocido. Y listo. Así fue. Este año cumpliremos 25 años de casados en esta aventura que nos ha llevado a andar por muchos lugares del país. Felices de haber tomado esa decisión. La verdad, nos fuimos conociendo en el proceso. ¡Te imaginarás lo que fue contarles a las familias, muy conservadoras, las dos, de pueblo!

-¿Qué te acordás de esa infancia errante, con tu viejo bancario, yendo de una ciudad a otra?

-Nací en Bragado y viví hasta los 10 años, hice hasta quinto grado. Ahí nos fuimos a Los Toldos, un lugar que me marcó muchísimo humanamente. Por el grupo del colegio, hacíamos cuestiones sociales, jugábamos a la pelota, hasta hoy nos juntamos ocho. Incluso se fueron sumando sus hijos. Y a los 15 partimos para Morón. Esa fue una experiencia fuerte. Siempre me había criado en pueblo e irte al conurbano. Me costó adaptarme. Pero son fortalezas que vas adquiriendo.

-Cuando te tocó elegir qué estudiar fuiste por bioquímica e hiciste cuatro años hasta que dejaste y te fuiste para la agronomía. ¿Cómo fueron esos años?

-A mí siempre me gustaron de chico las ciencias naturales. Era muy aplicado. Tenía un microscopio, me gustaba mirar la naturaleza. Cuando terminaba el secundario, fuimos a un viaje a Mundo Marino, y había una chica que estaba con los pingüinos y cuando le pregunté qué había estudiado, me dijo que bioquímica. Sentí que estaba buenísimo, dedicarse al cuidado de especies de la naturaleza. Me anoté, pero a medida que avanzaba me daba cuenta de que no quería estar todo el día encerrado mirando microscopio o haciendo análisis. Asique me tomé un fin de semana en carpa solo para pensar qué quería y cuando volví les dije a mis viejos que no estudiaba más bioquímica y que iba a hacer agronomía. Un cimbronazo para ellos.

-Pasaron un montón de años y llegó el momento en el que hiciste un clic, una nueva crisis, entre comillas, y pasaste de la agricultura convencional a la regeneración y todo este nuevo camino.

-Cuando nos casamos nos fuimos a vivir a San Luis, trabajé en la subsecretaría de agricultura de San Luis, y justo se había instalado un proyecto de horticultura con la universidad Ben-Gurión del Neguev, de Israel. Venían ingenieros para instalar sistemas de riego y yo me especialicé en todo eso. Yo ya tenía un sesgo en la universidad de lo intensivo. La vida me llevó a un trabajo en Quines, norte de San Luis, donde se instalaron 5000 hectáreas bajo riego por pivote y yo hice todo, desde el desmonte hasta la instalación de los pivotes. Y la verdad que cuando se desmontaba había algo que me generaba por dentro de que las cosas no estaban bien. Ojo, no para que no avance la agricultura, sino la forma en que se hacía el desmonte, el quemado, etc.

-¿Y entonces?

-Después me encontré con Sebastián, mi compañero de la facultad que sí se había ido a España y me invitó a trabajar a Venado Tuerto y entro como co-asesor del CREA Melo-Serrano. Fue una época de mucha formación e investigación. Patear tableros de todo para evolucionar. Pero llegó un momento que me había aburrido mi profesión. Me mantuve por el movimiento CREA, porque me gusta trabajar con equipos de personas, las empresas familiares, pero cuando iba al campo me generaba aburrimiento extremo. Me empecé a preguntar si lo que estábamos haciendo, todo por “receta” estaba bien. Okey, pero ¿Cuál era la solución? Ahí empezó una búsqueda. Empecé a ver que los suelos se compactaban, que caía la fertilidad, las malezas resistentes. Empecé a leer y escribir mucho. Sentía que el sistema había quebrado, y había que buscar otro. El grupo (de asesores CREA) me propuso que en vez de ver todos los problemas, pensara todas las oportunidades que nos estamos perdiendo por seguir produciendo como veníamos. Ese día para mí fue clave. Ya pasaron diez años y muchas lindas buenas cosas en torno a esto.

-Llegamos al pin-pong de este podcast y la primer pregunta tiene que ver con hobbies, con cómo reseteás tu cabeza. ¿Sos gran jugador de play station, no?

-La play siempre me encantó. Tenía la Colecovision en su momento. Hoy es mi desconexión. Me gustan los juegos de estrategia como “Call of duty”, “Sniper”, “Año 1881”. Algunos de estrategias de guerra y francotiradores y los otros donde tenés que crear y administrar ciudades. Y si, es un hobbie como la pesca con un amigo y un ahijado cada vez que puedo. También las caminatas son importantes. Camino a la mañana muy temprano y a la tarcedita. Dos veces y unas dos horas por día. Escuchando música. Me desconecta muchísimo.

-También meditás y hacés o hiciste yoga. Algo bien distinto a jugar un juego en la play de francotiradores, jajaj…

-Hace varios años que medito. He hecho yoga en su momento para desconectar. Pero la meditación ayuda a frenar la mente. Tu cabeza se frena por un tiempo y eso te da aire para empezar de nuevo, repensar la diaria. Porque todos arrancamos muy temprano, terminamos tarde, y tocás muchos temas por día y llega un momento que no sabés dónde estás parado. Y poder respirar, sentir la respiración, te baja mucho a tierra. No medito todos los días pero dos o tres veces por semana si. Muchas veces antes de irme a dormir para descansar bien. Me ayuda a conectar con el aire, la respiración, el lugar, cómo focalizar las energías, somos energía y si no te das estos espacios la vida te devora.

-¿Qué tal te va como cocinero?

-Me encanta cocinar para otros, sobre todo los asados, me gusta mucho el ritual: prender el fuego, abrir el vino, la charla. Pero no me gusta hacerlo con recetas. Me gusta inventar. Somos muy culinarios con mi señora. En una época hacíamos mucha comida oriental, pescado. Tremendo. Y nuestros viajes también son muy culinarios, nos gusta ver y aprender cosas nuevas.

-¿Qué especialidad tenés a la parrilla?

-La picaña te da la posibilidad de tener al mismo tiempo cortes jugosos, como me gusta a mí, y más cocidos como le gustan a otros. También mollejas.

-¿Música por dónde vas? ¿Qué te gusta escuchar? Elegí algún tema.

-La verdad escucho de todo, depende las épocas. Cuando camino escucho música de meditación, pero también puedo escuchar clásico, Vivaldi, Mozart, Chopin. Y también Luck Ra, Milo y Dua Lipa. Mi hermano el del medio es músico, tiene un oído tremendo. El más chico es licenciado en Bellas artes, pinta de locos. Yo pinto cada tanto algo. Tenemos la veta artística en la familia. Ahora hay un tema que me gusta mucho que es de Milo que canta con Mercedes Sosa. En realidad, lo grabó con La Sole, quedó grabado, pero nunca salió a la luz, y ahora se lo dieron a Milo e hicieron una canción muy bonita que te llega mucho.

-¿Qué creés que le diría el Lucas que sos hoy a aquel que estaba ingresando en la carrera de bioquímica?

-Lo que le diría cuando empezó a estudiar bioquímica es “no es por acá” (se ríe), lo tuyo es la agronomía. Ahorrate tiempo. La agronomía te va a apasionar tanto que te va a dar la energía para todos los días pensar en cómo ser más productivo y sostenible. Si tengo que volver a elegir elijo agronomía de una. Es muy apasionante.

Fuente: https://bichosdecampo.com/la-entranable-vida-de-lucas-andreoni-que-hace-10-anos-sintio-que-el-sistema-agricola-habia-quebrado-y-hoy-evangeliza-sobre-la-regeneracion-sin-dogmas-y-con-resultados/

Comentarios
Volver arriba