
La detección de hidatidosis en un gato doméstico de Trelew –algo poco frecuente pero muy relevante- reaviva un debate: ¿Qué tan presente tienen los veterinarios a esta peligrosa enfermedad?
Aunque está presente en varios puntos de Argentina, en la Patagonia sur la hidatidosis genera especial preocupación. Se trata allí de la zoonosis parasitaria más importante, que constituye un p...
Aunque está presente en varios puntos de Argentina, en la Patagonia sur la hidatidosis genera especial preocupación. Se trata allí de la zoonosis parasitaria más importante, que constituye un problema no solo de salud pública sino también económico y productivo.
Causada por el parásito Echinococcus granulosus, esta enfermedad se manifiesta con la formación de quistes en órganos como hígado y pulmones, tras la ingesta de huevos del parásito. Los perros actúan como hospedadores definitivos, eliminando huevos en sus heces, mientras que ovinos, caprinos y bovinos, al pastar en zonas contaminadas, se convierten en hospedadores intermediarios, desarrollando los quistes. En este ciclo, el hombre se puede convertir en un hospedero accidental ante su exposición a factores de riesgo ambiental.
Los intentos por controlar esta enfermedad apuntan a romper el ciclo de transmisión, a través de la desparasitación de perros, el manejo de la faena para evitar el consumo de vísceras parasitadas, y la educación sanitaria, tanto de la comunidad como de los propios especialistas.
Y es en torno a este último punto que se reavivó un debate en la provincia de Chubut, donde algunos meses atrás se detectó un caso muy particular de hidatidosis en un gato doméstico.
Fue la médica veterinaria Valentina Bengochea, especialista en medicina de felinos domésticos de la clínica “Diagnosis Clínica Veterinaria”, de la ciudad de Trelew, la que se topó con un gato macho de 4 años, castrado, con marcada distensión abdominal. Si bien este animal no figura en textos de parasitología como uno de los posibles hospederos, existe al menos una docena de casos documentados a nivel mundial, cuatro de los cuales se detectaron en Chubut, entre 2002 y 2018.
“Es algo muy poco frecuente. Cuando te llega un gato así lo más probable es que no se piense en hidatidosis. No es un diagnóstico diferencial que uno tiene en la cabeza. Yo el tema lo había visto en mi especialidad, pero los veterinarios regularmente no están al tanto. Al realizar la consulta y ver que vivía en una chacra junto a ovejas y perros, realizamos una ecografía que reveló múltiples quistes que le dificultaban la respiración. Ahí fue que lo operamos y removimos casi 2 kilos de quistes del abdomen”, contó a Bichos de Campo Bengochea.
Aquella intervención, que la profesional realizó junto a Agustín Otero y Tomás Bowman, disparó una denuncia ante las autoridades sanitarias, seguida por un protocolo de vigilancia epidemiológica, dado que la enfermedad es de notificación obligatoria. Todo el proceso fue complementado con muestras analizadas por el Malvrán y análisis PCR para determinar el tipo de cepa.
El hallazgo, que la veterinaria documentó en un trabajo de investigación en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de Rosario, con el cual obtuvo el título de especialista en Medicina de Felinos Domésticos en febrero de este año, le permitió a la chubutense barajar la siguiente hipótesis: que los gatos podría servir como centinelas epidemiológicos.
“Su contagio se da de la misma manera que el nuestro. Ingiere los huevos liberados por el perro en la materia fecal y contrae la enfermedad. Aquello puede ser por el hábito de ingesta de pasto que tienen algunos gatos, o por sus propios hábitos de acicalamiento luego de revolcarse en el suelo. Y si bien no es muy frecuente, es un claro indicaron de que hay una carga alta en el ambiente”, explicó la especialista.
A continuación, alertó: “Hay que decir que el gato es un animal que va bastante menos al veterinario que un perro, lo que aumenta todavía más con gatos de chacra o campo. Por tal motivo, creo que la enfermedad puede estar también subdiagnosticada. Y como es de desarrollo lento, sin una distensión abdominal marcada es difícil detectarla”.
Frente a esto, para Bengochea es clave que el caso sirva para sumar información al esquema de prevención y concientización de la población.
“Piñata”, el nombre con el que fue bautizado el gato, fue adoptado por la veterinaria, quien se volvió un integrante de la clínica en la que ella trabaja, y un disparador de charlas con los clientes que asisten.
“Todavía nos preguntan por su pancita hinchada, porque sigue teniendo algunos quistes. Por eso es muy importante difundir esto, sobre todo teniendo en cuenta que estamos en una zona endémica y que, llamativamente, mucha gente no está al tanto de esta enfermedad”, señaló.