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“La crisis ovina también es humana”: Mauro Sarasola, del INTA Bariloche, asegura que el despoblamiento rural ya empieza a sentirse dentro de los campos

En la Patagonia argentina se está viviendo una verdadera crisis en la producción ovina, que se explica por la caída del stock, problemas sanitarios y una baja rentabilidad de los establecimiento...

“La crisis ovina también es humana”: Mauro Sarasola, del INTA Bariloche, asegura que el despoblamiento rural ya empieza a sentirse dentro de los campos

En la Patagonia argentina se está viviendo una verdadera crisis en la producción ovina, que se explica por la caída del stock, problemas sanitarios y una baja rentabilidad de los establecimiento...

En la Patagonia argentina se está viviendo una verdadera crisis en la producción ovina, que se explica por la caída del stock, problemas sanitarios y una baja rentabilidad de los establecimientos. Todo eso, agudizado por una de las peores sequías que se recuerde en décadas.

Según advierten desde el INTA Bariloche, detrás del retroceso de la actividad empieza a consolidarse un fenómeno más profundo que el productivo: el deterioro demográfico de la región rural, con menos jóvenes dispuestos a permanecer en el campo y una estructura productiva que necesita adaptarse a una nueva realidad humana.

Mauro Sarasola, director de la experimental patagónica del organismo, sostiene que el problema dejó de ser exclusivamente ganadero para convertirse en una cuestión territorial. En una región donde la producción siempre exigió convivir con el aislamiento, las distancias y un clima hostil, ahora aparece una variable adicional que preocupa tanto como la falta de agua, y es que cada vez cuesta más sostener población dentro de los establecimientos.

“A eso se le suma algo que es mundial, que es la migración rural, la dificultad de que los jóvenes se queden en el campo. Entonces hay un fenómeno demográfico. Hay un cambio de paradigma. Ya no toda la gente se quiere quedar a vivir en el campo, prefiere vivir en los pueblos y trabajar en el campo”, explicó Sarasola a Bichos de Campo.

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Desde hace años, el debate sobre la ganadería ovina en el sur argentino gira alrededor de la lana, la carne, la depredación, la sarna o los costos logísticos. Pero para Sarasola, la dimensión social del problema empieza a pesar tanto como las variables productivas. Se trata de producir en la postal, pero con menos gente

La experimental del INTA en Bariloche cumplió seis décadas de trabajo en una de las regiones más complejas del país. Su área de influencia abarca unos 17 millones de hectáreas entre la cordillera y la estepa de Río Negro y Neuquén, incluyendo bosques nativos, zonas forestales, pastizales subhúmedos y enormes extensiones áridas donde todavía predomina la producción ovina.

Allí, explicó Sarasola, producir nunca fue sencillo. Pero en los últimos años la dificultad aumentó por una combinación de factores que se superponen.

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“Ya no es un año de sequía o dos. Ya llevamos diez años. Hay un cambio de régimen hídrico. Llueve menos que antes y nieva menos que antes. Eso hace que haya menos agua, menos agua en los mallines, menos pasto para los animales, y eso sí es una crisis regional”, señaló.

Ese cambio climático obliga a bajar carga animal, repensar manejos y ajustar cada decisión dentro de sistemas que ya operaban al límite. Sin embargo, el director del INTA remarcó que el problema no termina en lo productivo, puesto que el mayor interrogante pasa por quién seguirá habitando esos territorios.

Durante décadas, la continuidad generacional fue casi natural dentro de muchos establecimientos patagónicos. Los hijos crecían en el campo y heredaban no sólo la tierra sino también el oficio. Hoy, según describen los propios productores, ese proceso se volvió mucho más frágil.

“Retener el arraigo en la juventud es muy importante. Se está trabajando en eso, pero no es sencillo”, resumió Sarasola.

Mirá la entrevista completa con Mauro Sarasola:

La mejora en la conectividad rural ayudó parcialmente. La llegada de internet a zonas aisladas empieza a modificar la calidad de vida en algunos establecimientos. Pero aun así, el atractivo del campo ya no compite de la misma manera frente a otras formas de vida.

Muchos jóvenes eligen migrar hacia centros urbanos cercanos o directamente buscan actividades alejadas del sector agropecuario. En otros casos, permanecen vinculados al establecimiento familiar, pero viven en el pueblo y se trasladan al campo para trabajar.

Esa transformación cambia la organización cotidiana de la producción y obliga a repensar un esquema históricamente basado en la residencia permanente dentro del establecimiento. La dimensión demográfica además empieza a generar consecuencias productivas concretas. Sarasola advirtió que el abandono de algunos establecimientos trae consigo nuevos focos sanitarios y ambientales.

Uno de los principales desafíos es la sarna ovina, una enfermedad que volvió a complicar a la región después de que el parásito desarrollara resistencia a tratamientos inyectables.

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“Si un productor lo hace y el otro no, después con el movimiento animal puede volver a aparecer. Es algo que hay que abordar regionalmente”, indicó.

Cuando un campo queda sin manejo, los animales pueden transformarse en reservorios sanitarios y la falta de control también favorece la expansión de predadores como pumas y zorros.

“Cuando hay campos abandonados no hay manejo y puede haber más superpoblación de fauna. Eso también genera un problema”, explicó.

Frente a eso, el INTA viene promoviendo herramientas como baños móviles para combatir la sarna y el uso de perros protectores de ganado para reducir ataques de predadores sin alterar el equilibrio ambiental.

Pese al diagnóstico preocupante, Sarasola asegura que todavía existen algunos signos de recuperación en casos puntuales.

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“Hay ejemplos de jóvenes que vuelven. Los padres están grandes y algunos deciden regresar. No es algo masivo, pero por lo menos tenemos ejemplos de jóvenes volviendo”, afirmó.

El problema, sin embargo, es que esos retornos todavía son aislados y no alcanzan para revertir una tendencia regional que lleva años consolidándose.

La ecuación económica tampoco ayuda. Los márgenes estrechos, las grandes distancias, el costo del transporte y la falta de infraestructura frigorífica en buena parte de la Patagonia siguen siendo un freno para nuevas inversiones.

“Los márgenes de rentabilidad son bajos, y ese es un desafío que atraviesa todo el sector”, reconoció.

Fuente: https://bichosdecampo.com/la-crisis-ovina-tambien-es-humana-mauro-sarasola-del-inta-bariloche-asegura-que-el-despoblamiento-rural-ya-empieza-a-sentirse-dentro-de-los-campos/

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