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Hito sanitario: Una finca mendocina productora de cerezas obtuvo por primera vez una certificación como “libre de Mosca del Mediterráneo”, pese a estar dentro de una zona con presencia de esa plaga

Por primera vez una producción de frutales de la Argentina recibió una certificación de calidad, que acredita que sus frutos están libres de la mosca del Mediterráneo, a pesar de estar ubicada...

Hito sanitario: Una finca mendocina productora de cerezas obtuvo por primera vez una certificación como “libre de Mosca del Mediterráneo”, pese a estar dentro de una zona con presencia de esa plaga

Por primera vez una producción de frutales de la Argentina recibió una certificación de calidad, que acredita que sus frutos están libres de la mosca del Mediterráneo, a pesar de estar ubicada...

Por primera vez una producción de frutales de la Argentina recibió una certificación de calidad, que acredita que sus frutos están libres de la mosca del Mediterráneo, a pesar de estar ubicada en una zona donde la plaga está presente aunque tiene baja prevalencia, en Luján de Cuyo, Mendoza.

La mosca de los frutos es un flagelo constante contra la que se lucha hace décadas en Cuyo, en el país y en el mundo. Hoy, la mitad del territorio provincial está declarado libre de mosca y la otra mitad, con un índice que supera el 70% sin presencia de la plaga.

Este gran avance que se transforma en una novedad para todo el país, fue gracias a la iniciativa de un exportador de cerezas de Mendoza, a la gestión del Iscamen (Instituto de Sanidad y Calidad Alimentaria Mendoza) para que fuera viable, y a la predisposición del Senasa (Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria), que, tras estudios, protocolos, monitoreos y pruebas en territorio, habilitó la medida.

Así fue, que la institución nacional certificó como libre de mosca de los frutos en una zona de baja prevalencia a la finca Santacroce, con 100 hectáreas de cerezas, ubicada en Luján de Cuyo y propiedad de Southern Crops by Rio Alara SA, el mayor productor y exportador de cerezas de Mendoza.

La certificación y su procedimiento fue habilitado por el Senasa, tras emitir una muy reciente normativa que permitirá acceder a este instrumento a aquellas plantaciones que puedan probar esa condición. Por ahora, sólo dos lo consiguieron: la firma mendocina productora de cerezas, y una productora de kiwis, ubicada en Balcarce, Provincia de Buenos Aires.

No obstante, para concretar este paso crucial, no solo hizo falta la gestión del Iscamen (creado en 1995) sino la labor de su bioplanta, que opera desde el año 2007 y produce moscas del Mediterráneo estériles, con el fin interrumpir el ciclo reproductivo en el territorio y eliminar la plaga, tarea que ha perfeccionado y modernizado con los años.

En este lugar se crían estos insectos por millones, en jaulas especialmente diseñadas, sometiendo a los ejemplares machos a un tratamiento que los deja estériles. Finalizado el proceso, son liberados masivamente en el periodo de cópula para su apareamiento infértil con las hembras.

Con este mismo método, los investigadores de la bioplanta del Iscamen están produciendo y liberando, en una prueba piloto que está en su segundo año, mosquitos estériles Aedes Aegypti, con el objetivo de eliminar el riesgo del dengue.

En diálogo con Bichos de Campo, el titular del Instituto provincial, José Orts, señaló: “Lo importante de esta nueva certificación es que aquellos productores que se animen a conseguirla podrán ser más competitivos en el mundo. ¿Por qué? Porque es una herramienta que hoy se les brinda para que puedan mostrar su trabajo”.

“Una herramienta -continuó- con la que van a poder vender sus productos a mercados más exigentes, como pueden ser Estados Unidos, Chile o China. Este sistema de certificaciones, permite que cada productor pueda mostrar su condición sanitaria, su trazabilidad y su competitividad”.

La lucha contra la mosca, en los años previos a la bioplanta y en los posteriores a esta, permitió declarar libre de mosca del Mediterráneo al oasis Sur (San Rafael, General Alvear y Malargüe) y al Valle de Uco (Tunuyán, Tupungato y San Carlos); y conseguir que la Zona Este (San Martín, Rivadavia, Junín, Santa Rosa y La Paz) y la zona Norte (Guaymallén, Maipú, Luján, Las Heras y Lavalle) se transformaran en zonas de baja prevalencia, esto es, que el índice del status libre de mosca supere el 70% en estas dos últimas regiones.

Justamente, en Luján de Cuyo, la finca Santacroce produce 500 toneladas de cerezas, de las cuales 8.000 kilos se destinan a exportación. Diego Aguilar, gerente de Southern Crops by Rio Alara SA, propietaria de la finca, le contó a Bichos de Campo: “Hace 10 años se abrió el protocolo para exportar a China, pero en nuestro caso, la finca nos quedó dentro del área de escasa prevalencia de la mosca del Mediterráneo, y al tenerla ahí, no podíamos exportar vía aérea, perdiendo la opción de exportar con fruta primicia y la ventaja que tenemos los mendocinos de salir temprano”.

Recordó: “Empezamos a preguntar si se podía correr la barrera sanitaria y nos dijeron que era muy difícil, pero el Iscamen se propuso, ante nuestra inquietud, la tarea de hacer la gestión para conseguir la liberación del predio a partir de nuestros propios antecedentes y del conocimiento de que existían antecedentes internacionales”.

“Hicimos el pedido, ellos empezaron a hacer una investigación y luego le solicitaron al Senasa si se podía viabilizar, en base al trabajo que habían realizado con los antecedentes de nuestra finca, que teníamos registrados desde el día cero”.

“Puntualmente -explicó Aguilar- la cereza se cosecha unos 10 días antes de que empiece el ciclo biológico de la mosca del Mediterráneo, por lo que no nos afectaba. Además, la finca está en el pedemonte, rodeada de cerros y desierto y aunque todo esto nos favorecía, igualmente se inició una tarea de monitoreo y trampeo más intensivo con el Iscamen, que acreditó que no teníamos mosca. Ese trabajo se envió al Senasa, donde finalmente accedieron a otorgarnos esta certificación”.

Para el directivo, se trata de un paso trascendental para la actividad, que demandó cinco años para concretarse. En su visión, ahora resta otro paso fundamental: “Nosotros exportamos a 20 países y entre ellos, los dos más importantes exigen estar libres de mosca. Esos son Estados Unidos y China. Por lo que ahora debemos esperar que ellos vengan y validen esta certificación”.

Aguilar señala que hay muchas producciones de fruta temprana en las zonas Norte y Este de Mendoza, catalogadas con baja prevalencia de mosca del Mediterráneo, que estarían en condiciones de acceder a la certificación.

Por eso, el combate del Iscamen contra la mosca del Mediterráneo continúa, porque la meta final es conseguir que el Norte y Este provincial se conviertan en zona libre de la mosca de los frutos y mantener en adelante, en esa condición, a todo el territorio provincial.

Actualmente, la bioplanta produce y libera 300 millones de moscas por semana para neutralizar la reproducción de aquellas que estén en estado natural, contando con una capacidad máxima de producción de 7 mil millones.

Esta especialización, que está por cumplir las dos décadas, permite hoy al Iscamen exportar moscas del Mediterráneo esterilizadas a Chile, y también comercializarlas a la Patagonia, a San Juan y a San Luis, ventas con la que costea parte de su presupuesto operativo.

El centro de investigación y producción de la bioplanta funciona a 96 kilómetros de la capital provincial, en el departamento de Santa Rosa, y no se focaliza solo en la mosca del Mediterráneo, sino en el combate de todas las plagas que puedan afectar a la agricultura.

Contar con la certificación, es un capital adicional invaluable para los fruticultores. La prueba palpable se puede constatar en las zonas que ya están libres de mosca, como, por ejemplo, el Valle de Uco, donde recientemente, ocho productores de durazno que trabajan de forma asociada lograron un contrato para exportar a Emiratos Árabes Unidos.

Ambos organismos sanitarios trabajarán en conjunto en Mendoza para extender más certificaciones a quienes lo requieran. Orts precisa que para llevar a cabo esta tarea “trabajaremos con el productor brindándole nuestras herramientas, nuestros ingenieros y el monitoreo en territorio, apegados al protocolo y en contacto permanente con ellos, que son quienes finalmente extienden o no la certificación”.

Para esta tarea, el instituto se vale de tramperos e inspecciones. Los tramperos se utilizan para atrapar la mosca y detectar su presencia. Al respecto, la institución también dio un paso adelante con un avance de factura propia.

El funcionario reveló: “Comenzamos a probar un sistema de monitoreo inteligente que desarrollamos en la bioplanta, que funciona con inteligencia artificial y nos permitirá detectar plagas en cultivos y zonas alejadas, para tomar decisiones en tiempo real”.

Orts indicó que “ya lo estamos usando con la mosca del Mediterráneo, pero el instrumento está pensado para detectar cualquier tipo de plaga. La información que obtiene el sistema de monitoreo con cámara, la envía directamente a la bioplanta, donde la podemos analizar. A futuro, creemos que podremos tener disponible esta herramienta a través de una App para los productores”.

El nuevo sistema de trampas inteligentes de monitoreo, puesto en marcha este año, se encuentra en etapa de aprendizaje supervisado y retroalimentación de forma continua, con el objetivo de que, a partir del análisis en laboratorio de los datos obtenidos en campo, se alcance una precisión del 98% en la detección de insectos”.

Fuente: https://bichosdecampo.com/hito-sanitario-una-finca-mendocina-productora-de-cerezas-obtuvo-por-primera-vez-una-certificacion-como-libre-de-mosca-del-mediterraneo-pese-a-estar-dentro-de-una-zona-con-presencia-de-esa-plaga/

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