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Graciela Daruich aprendió en el campo a utilizar todos los recursos de su entorno para hacer artesanías y moldear “con libertad e imaginación” su propia vida

Graciela Daruich nació y se crió en Cafayate, en la provincia de Salta, con una breve estancia en Santa María, Catamarca, un poco más al sur. Y desde 1989 reside en una finca del antiguo pueblo...

Graciela Daruich aprendió en el campo a utilizar todos los recursos de su entorno para hacer artesanías y moldear “con libertad e imaginación” su propia vida

Graciela Daruich nació y se crió en Cafayate, en la provincia de Salta, con una breve estancia en Santa María, Catamarca, un poco más al sur. Y desde 1989 reside en una finca del antiguo pueblo...

Graciela Daruich nació y se crió en Cafayate, en la provincia de Salta, con una breve estancia en Santa María, Catamarca, un poco más al sur. Y desde 1989 reside en una finca del antiguo pueblo de San Carlos, sobre la Ruta 40 que atraviesa todas esas localidades de los Valles Calchaquíes. Ella es artesana de los pies a la cabeza, porque trabaja el “barro calchaquí” y hace piezas en cerámica, teje en telar, elabora dulces y hasta levantó su casa con sus propias manos, con barro, palos y pajas del lugar.

La razón es que Graciela transcurrió toda su vida en el campo. Según cuenta: “Nosotros vivíamos en el borde de Cafayate, cuando era un pueblo, y como era difícil conseguir lo necesario, estábamos acostumbrados a recurrir a la naturaleza y a hacernos casi todo”.

“Mi madre cosía, bordaba y reacomodaba toda la ropa que heredábamos de los mayores. Hacíamos los botones y los broches de las carteras con maderitas del campo. Recuerdo que ella se inspiraba y diseñaba las mantas, cortinas, tapices, alfombras, frazadas, y así es que aprendí los oficios de lavar las lanas con lejía, a teñir con tintes naturales, a ovillar y tejer en telar. Podría decir que me he anucado o destetado, aprendiendo todo de mi madre y de otras vecinas, porque siempre he querido saber y hacer todo yo misma”, asegura.

Continúa Graciela: “Papá tuvo una tienda de ramos generales en Santa María, Catamarca, pero además, en paralelo, siempre emprendió cultivos en sociedad. Allí vivimos unos pocos años, donde tuvo plantaciones de frutales como duraznos, ciruelas, membrillos, uvas, nogales, y hacían dulces para vender o proveían a la fábrica ‘Otito’. Regresamos a Cafayate y recuerdo que siempre veníamos a esta finca de cinco hectáreas, en San Carlos, donde cultivaba comino, cebolla, pimiento morrón y para pimentón. La heredamos los cinco hermanos, pero yo soy la única que me vine a vivir a acá”, aclara.

Mirá la entrevista completa:

La salteña indica que en su casa elabora y vende sus artesanías con la marca Arte Noble, cuyo cartel se puede ver sobre la calle San Clemente de la nueva Sevilla sin número, paralela al río Calchaquí, a 600 metros hacia el sureste de la plaza central del pueblo y a sólo 150 metros de la Ruta 40.

Ella ejerció la docencia en escuelas primarias, pero también se dedicó a la cunicultura, es decir que crió conejos y con sus cueros confeccionaba pantuflas, bolsos y demás, pero relata que tuvo que abandonar porque le causaban alergias. Además, criaba gallinas, patos, guineas y pavos.

Hoy Daruich tiene sus frutales y hace su huerta, en la que cultiva habas, remolachas, zapallos coreanos, cayotes y diversas verduras para su consumo, y al excedente, lo vende. Cede una parte de su finca a un hombre que siembra alfalfa, trigo y avena para forraje, sin agroquímicos, porque ella cultiva todo de modo orgánico y tiene algunas colmenas. Al hombre le suele comprar el trigo en rama o integral, que manda moler y luego se hace sus panes con masa madre.

En lo posible, ella trata de vivir con los recursos que le da su entorno. Con las vainas de algarroba hace harina y luego arrope, además de la tradicional bebida “añapa” y la golosina de “patay”. Con el chañar también hace arrope, “que no sólo es un rico postre, sino especial medicina para enfermedades bronquiales y anginas”, señala.

Explica Graciela que San Carlos es cuna de artesanos, donde habitan muchos ceramistas y muchos tejedores, además de otros tipos de artesanías. El suelo de esa zona es muy arcilloso, es pura greda, y por eso las mejores cortadas de ladrillos, tejas y tejuelas salen de San Carlos. Pero como tiene muchas impurezas, los artesanos prefieren cruzar del otro lado del río y extraerla de las canteras. De todos modos, la cuelan bien para quitarles las impurezas y hallan muchos cristales de yeso con formas muy bonitas.

Esta salteña inquieta prefiere hacer objetos utilitarios y solo algunos decorativos. También hace tejidos en telar o con agujas, trabaja en fieltro, todo con lanas de la zona y muchos lugareños las bajan de los cerros, en vellón y hay que lavarlas. Advierte que le gusta partir de la tradición, aunque no tanto encorsetarse. Siempre trata de trabajar con materiales nobles, y por eso del nombre de su emprendimiento, si bien le apasiona combinar, por ejemplo en sus prendas, con lana merino y gasa.

Graciela se aventuró a levantar su propia casa con la modalidad de eco-construcción y luego en permacultura. Cuenta que comenzó al estilo de los horneros, con barro y fibra vegetal de su finca, con paja de trigo, de avena, con gramilla, totora, pichana, que se usa para las escobas, caña tejida y el techo de barro y paja, lo que la convierte en muy térmica: fresca en verano y cálida en invierno.

A pesar del clima predominantemente seco de la región, ella se las ingenia siempre para aprovechar al máximo los frutos de su tierra, y soporta la crudeza del invierno, deshidratando el tomate, el morrón y la cebolla.

Recalca que no elabora artesanías que no le gustan, por el solo fin monetario. Tienen que gustarle a ella, y luego resulta que siempre le gustan al público. “No digo que tiro manteca el techo, pero me hace feliz pudiendo vivir de lo que me gusta”, resumió.

Fuente: https://bichosdecampo.com/graciela-daruich-aprendio-en-el-campo-a-utiliza-todos-los-recursos-de-su-entorno-para-hacer-artesanias-y-moldear-con-libertad-e-imaginacion-su-propia-vida/

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