
“Esto es una desaparición forzosa de productores”: Con parrales abandonados, uva sin cosechar y precios por el piso, en San Juan advierten que la situación de los viñateros es crítica
Pasó la vendimia y, tras el receso invernal, los viñateros llevan adelante las últimas podas tardías y se preparan para la primavera, cuando inicia el riego de cara al período de brotación....
Pasó la vendimia y, tras el receso invernal, los viñateros llevan adelante las últimas podas tardías y se preparan para la primavera, cuando inicia el riego de cara al período de brotación.
El paisaje debería ser bastante homogéneo en la zona de Cuyo, pero no lo es, porque aún quedan uvas colgadas en los parrales que no pudieron ser cosechadas, y se vislumbra el efecto que ha tenido sobre los productores la difícil situación económica golpea al sector.
Hace tres años que la uva se paga lo mismo, y este año, incluso, el precio fue inferior. Entre los altos costos y la baja capacidad de negociación, desde el sector ponen en duda cuántos de ellos llegarán en pie a las próximas cosechas.
“No le veo salida. Esto es una desaparición forzosa de productores a gran escala”. Ese es el diagnóstico que hace el viñatero Eduardo Sánchez, que, en su caso, habla de lo que ve en suelo sanjuanino, no muy distinto a lo que hace tiempo señalan desde todas las regiones productivas.
Este año, en la provincia el kilo de uva para bodega se pagó 140 pesos, un monto incluso menor al del año pasado, que había alcanzado los 200 pesos, replicando el mismo precio del 2024. En suma, este es el tercer año consecutivo en que los viñateros no sólo no ven aumentar el precio de su producto, sino que hasta incluso sufren su derrumbe, en medio de un incremento de los costos para producir, entre la presión tributaria, las facturas de servicios y la inversión en insumos.
La respuesta está en el otro extremo de la cadena. En el caso específico del vino, el mercado local no fue ajeno a la caída del consumo a nivel global y, aunque aquí la tendencia no fue tan marcada, las góndolas no apoyan el incremento de los precios y la situación económica de la industria es también delicada.
“Antes, el precio de la uva lo establecía el valor del vino. Las bodegas eran las formadoras de precios. Pero como venimos de años de menor consumo y con uvas de menor calidad, el mercado se deprimió”, evaluó Sánchez, que vio este año invertirse la tendencia: como las bodegas de vino no compraron tanta uva, las que fijaron el precio fueron las mosteras, un mercado igual de concentrado que el del vino.
“En San Juan hay sólo dos empresas de mosto y la federación de cooperativas que concentra la producción de vino. De todos modos, tenemos muy pocos compradores, así que pasamos del monopolio del vino al monopolio del mosto. Siempre nos enfrentamos a un monopolio”, insistió el productor.
La respuesta inmediata al bajo precio de la uva fue la caída en la producción, ya que muchos viñateros decidieron directamente no cosechar para no salir perdiendo. En la provincia la temporada no llegó a los 400 millones de kilos, de los cuales la mitad se destinó a las bodegas y el resto se dividió entre consumo en fresco y pasas.
Las pasas de uvas son, de hecho, una unidad de negocio que generalmente ayudan a diversificar los riesgos para los productores. Del mismo modo que ocurre en planteos mixtos, cuando un producto no es demasiado rentable, el otro salva la temporada.
Pero este año, ni las pasas salieron al rescate.
“Hubo una importante caída de los precios internacionales, porque, aunque el consumo mundial de frutos secos aumenta todos los años un 1%, siempre hay nuevos jugadores. Este año se produjo mucho desde Turquía y emergió Uzbekistán en el mercado brasileño”, explicó Sánchez, uno de los tantos productores que vio el precio derrumbarse de 1,70 dólares a 0,80 en apenas pocos meses.
El precio de la uva para vinificar congelado hace tres años e incluso más bajo que el anterior. El de la pasa de uva, reducido a la mitad. En otra época, la de mesa hubiera, al menos, ayudado a contrarrestar la caída. Pero no es este el caso.
“Hoy tenés oferta de uva durante todo el año y de distintos países, encima en una época de bajo consumo. Como la gente no tiene plata, el alimento tampoco vale”, apuntó el productor, que fue tajante en su diagnóstico: “Tenemos una caída del precio por todos lados, es un azote. Los ingresos de un productor no llegan ni a los niveles de pobreza”.
El diagnóstico no mejora de cara a la próxima vendimia, que hoy todavía ven lejana mientras preparan las vides en pie. Porque también se enfrentan a una “carga impositiva abismal” y ven encarecerse cada vez más, entre facturas de luz, tributos e insumos, un producto que se paga cada vez menos. Y, por si fuera poco, a plazos cada vez más elevados.
Con la certeza de que salir a la chacra puede ser sinónimo de perder dinero, desde el sector denuncian que se ha agravado el éxodo de productores y estiman que, en San Juan, al menos un 20% de los parrales quedaron sin cosechar.
“Hay muchas fincas que están directamente abandonadas y con la uva colgada. Lo veo por todos lados. Estamos en una situación muy complicada, de abandono y achique de la producción”, puntualizó Sánchez, quien, aunque no se vio forzado a hacer lo mismo, sí detecta el impacto que tiene la crisis en su planteo, donde expandirse es imposible incluso cuando hay lugar y tierra propia.
“No le veo salida. No podemos producir más porque no tenemos rentabilidad. No puedo agregar más parrales ni renovar los viejos, porque apenas puedo salvar la producción actual”, evaluó, sin poder evitar el diagnóstico más temido, que espera sea equivocado: “Vamos a quedar pocos”.