“Estamos en guerra y los soldados van sin balas”: Desde las entrañas del Senasa, los trabajadores alertan por el estado de abandono en que está hundido el organismo
En las últimas horas se conoció el ejercicio 2025 del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), en el que se evidencia que una gran cantidad de dinero que debería pertenec...
En las últimas horas se conoció el ejercicio 2025 del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), en el que se evidencia que una gran cantidad de dinero que debería pertenecer a dicho organismo se desvía para otros fines.
En concreto, son 48.601 millones de pesos los que el gobierno decidió quitarle al Senasa durante el 2025, monto que surge de la percepción de un derecho a las importaciones y tasas que se cobran a los productores agropecuarios. En concreto, no se trata de una subejecución, sino de partidas recaudadas que deberían llegar hasta el Senasa, pero Economía no autorizó.
Según estos datos públicos, durante el año pasado el organismo reunió ingresos por 286.915 millones de pesos entre tasas, aranceles y una porción de los derechos vinculados al comercio exterior. Sin embargo, el crédito finalmente ejecutado fue de 238.313 millones. La diferencia, de 48.601 millones de pesos, no fue utilizada por el organismo y terminó absorbida por Rentas Generales del Tesoro.
Esta situación lo que generó fue una fuerte desazón en los profesionales que trabajan dentro del Senasa, ya que son quienes ven cotidianamente la forma en la que se va deteriorando el servicio que presta este organismo, en parte por falta de recursos, que ahora sabemos que no vuelven al Senasa.
La cuestión acá también es técnica, ya que el Senasa es uno de los eslabones más importantes del Estado, ya que es quien controla (entre otras cosas vitales) la sanidad de lo que se exporta a cada país, y quien vela por los acuerdos sanitarios vigentes. Este despojo de recursos al Senasa que le propició la motosierra empuñada por Javier Milei y Federico Sturzenegger llega además en un momento global complejo, debido a la alta cantidad de amenazas sanitarias que circulan, ya sea que puedan afectar al ganado bovino, porcino, aviar o caprino. Aftosa, influenza aviar, Aujezsky, Scrapie, son algunas de las temidas enfermedades zoonóticas que mantienen en vilo a los productores agropecuarios. Además de la catástrofe productiva que puede representar un brote, esto puede redundar también en caída de acuerdos comerciales y por ende menores exportaciones.
Como los números son demasiado fríos para este caso tan sensible, en Bichos de Campo decidimos hablar con los protagonistas de esta historia, que son los propios trabajadores: profesionales, agentes de campo y administrativos que conviven día a día con el deterioro puertas adentro que está viviendo el Senasa, para conocer también los alcances y riesgos que implica tener un Servicio flaco y sin respuestas.
Pese a que vaya en contra de la calidad periodística y no sea lo que corresponda, este medio dialogó con una serie de empleados del Senasa, a quienes se les resguardará la identidad en esta nota, ya que temen fuertes represalias contra ellos por contar lo que ocurre dentro del organismo. En todos los casos, se trata de personal calificado y con muchos años dentro del organismo. Al menos, media docena de trabajadores de distintos rincones del país contaron su versión, ante la férrea condición de no revelar ni siquiera pistas de su identidad.
Uno de ellos es un veterinario local de años, quien pone el foco en lo diario. La crisis se manifiesta en recursos, tanto logísticos como técnicos. “No es solamente la escasez de personal y los muy magros sueldos que percibe la gente, sino que faltan recursos básicos de laburo. Qué sé yo: material de trabajo, agujas, jeringas, cosas básicas, ¿no? Tenés que salir a hacer una tarea a un campo, de vigilancia activa o lo que sea, y tenés que andar con los recursos contados realmente”, expresó esta fuente calificada.
“Hoy te traen una bolsita con veinte agujas, veinte jeringas y veinte tubitos para hacer un muestreo específico de algún tema, y no te podés zafar de eso, porque vos sabés que después no tenés más material que ese que te acaban de aportar para hacer un laburo específico”, explicó el trabajador.
Para graficar la situación, el trabajador lanzó la frase que dio título a esta nota: “Estamos en una guerra y los soldados van sin balas”.
“Después, por ejemplo, la mayoría de los veterinarios locales tenemos afectado un vehículo particular, que es nuestro vehículo. El que usás con tu familia, cuando salís de viaje, lo que sea. Uno comprado con plata de uno, que paga seguro, patente, todos los gastos que tiene un vehículo. Lo único que hace el Senasa es afectártelo y te paga, algo de 900 pesos el kilómetro, y el medio viático el día que salís de tu partido a hacer una tarea a más de 50 kilómetros, que hoy son 28 mil pesos. Imaginate que no se va ni el combustible cuando te movés con tu vehículo. Y eso obviamente no lo cobrás al día: lo cobrás con suerte a los 60 días. Con suerte. Entonces vos a veces gastás 500 lucas de tu sueldo en combustible, que recuperabas capaz a los 90 días” expresó el veterinario.
Esta situación que atraviesa el Senasa en estos días, si bien no es nueva, está peor que antes. Todos los entrevistados concuerdan que durante las gestiones anteriores el Senasa tenía sus dificultades, pero nunca al punto en que se encuentra hoy. “Yo voté a este gobierno. No tengo un ápice de kirchnerista. Pero lo que están haciendo es poner en riesgo algo muy grande por decisiones políticas desacertadas”, expresó otro trabajador.
En estos momentos, Argentina está lidiando con un brote de Scrapie, una enfermedad neurológica que afecta a ovinos y caprinos y mantiene en vilo al sector exportador por la caía del status sanitario. Según se advierte puertas adentro, esta situación además de haberse podido evitar con recursos, no se está manejando adecuadamente dado que en el organismo hay un éxodo de profesionales, técnicos y científicos, que buscan resguardo en el sector privado, que puede pagar hasta 3 o 4 veces el sueldo que se cobra actualmente dentro del Senasa.
Según explica otro empleado, un veterinario de carrera, con antigüedad y experiencia, cobra hoy en promedio poco más de 1.5 millones de pesos.
“Los que trabajamos hacemos lo que podemos con lo que tenemos, y creo que tratamos de ser lo más eficientes posible para garantizar un servicio adecuado”, expresó una trabajadora del Senasa, afirmando que casi todos los que trabajan allí, tienen la camiseta puesta del organismo y harán lo posible por defenderlo. Aunque todo tiene un límite.
–Venimos hablando de recursos, y empezaste diciendo que desde 2023 empezó este deterioro y cada vez hay menos recursos. ¿Eso se nota en lo diario?, le preguntamos al veterinario local que dialogó con este medio.
-Sí, se nota totalmente en lo diario. Mirá, te voy a poner un ejemplo bien concreto. En marzo se declara un brote de influenza aviar. Me hicieron hacer cientos de kilómetros para llevar materiales técnicos. Es irracional hacer eso. Pero no había material para que la veterinaria pudiera laburar, así que tuve que hacer eso para poder hacer un trabajo. En esas condiciones estamos laburando. Vos después puertas adentro decís: Che, no podemos estar laburando como bomberos. Cada oficina local tiene que tener lo que necesita para poder hacer un diagnóstico, para salir a atender una sospecha. No tenemos que andar corriendo a buscar material cuando deberíamos tenerlo en todas las oficinas. Bueno, en esas condiciones laboramos en la diaria”.
-¿Cuál es el ánimo? ¿Cuáles son las ganas?
-El ánimo hoy del personal en general es muy malo. Todo el mundo trata de generarse una oportunidad para irse. Esa es la realidad. Yo hablo con mis colegas de mi zona de laburo y la mayoría están esperando una oferta del sector privado. Al que le llega una oferta del sector privado, se va. Tenemos la camiseta recontra puesta, pero hoy no podés pensar con la camiseta. Hoy tenés que pensar con el bolsillo. Hoy hay un éxodo que viene siendo tendencia desde el año pasado que no pueden parar. Es un chorro de gente que se va.
A su vez, el entrevistado agrega: “¿Sabés lo que pasa? Que en este contexto sí, la gente se va. Pero a vos te costó años formar un profesional coherente, que tenga todo lo necesario para trabajar en Senasa. Porque somos, en definitiva, los que garantizamos todo lo que se necesita para que nuestro país pueda vender al exterior. Si no hay un Senasa fuerte que certifique lo que sale, ningún país serio te va a comprar una mercadería que no esté debidamente certificada por la máxima autoridad sanitaria del país”.
Lo que está por sobre la charla, no es ni más ni menos que la posibilidad de poner en riesgo la sanidad del país y por consiguiente las exportaciones, Al respecto, el veterinario sostiene: “Si vos dejás barreras sin gente, o con escaso personal, reducís oficinas locales a la mínima expresión, reducís puertos a la mínima expresión, llega un punto en que no tenés gente para controlar todo lo que tenés que controlar. Entonces el tipo que antes cumplía una función hoy está tapando el penal de los dos que faltan, y en algún momento se va a equivocar. Obvio que está en riesgo la sanidad del país.
“El panorama es sombrío. Porque tampoco los que estamos adentro ni muchos de los que están afuera ven que esto vaya a cambiar. No vemos que desde el gobierno se empiece a notar la importancia que tiene este organismo a nivel país. Sobre todo, cuando tu discurso es el de apertura al mundo. Porque si tu discurso es apertura, no podés tener un servicio sanitario débil. Eso no existe en el mundo. Cuanto más se abre el mundo, más fuerte tiene que ser el servicio sanitario. Porque la vara sanitaria empieza a subir. Ya no tenés solo requisitos de Unión Europea: tenés los de Chile, Japón, todos. Entonces toda la vara sanitaria se eleva cuando vos te abrís al mundo, y nosotros no vamos a poder estar a la altura en la situación en la que vamos”, resumió el experimentado veterinario.
Otro veterinario, que tiene su lugar de trabajo a miles de kilómetros de quien habló recién, expresó su preocupación por la diaria: “Hay una deficiencia total en lo que es el sueldo, para arrancar. El sueldo es demasiado bajo para mantener, ya sea tanto a ingenieros como nos toca a nosotros, técnicos, veterinarios, administrativos”.
“Tenemos vehículos muy viejos. Tenemos un déficit en la atención que se tiene que tener, ya que estos vehículos hoy por hoy, al ser tan viejos y al muchas veces no poder mantenerlos —porque realmente es un problema mantener los vehículos—, conlleva a que no se puedan atender las cosas como tienen que ser”, dice este otro veterinario, quien rápidamente agrega: “De igual manera, la gente, los trabajadores que están, intentan por todos los medios cumplir con las exigencias de todas las áreas, y realmente es loable el día a día. Pero es mucho esfuerzo, mucha voluntad por parte del trabajador del Senasa, y eso es lo que hace que hoy muchas veces el servicio esté en déficit y que no podamos llevar adelante la tarea específica que tenemos que hacer”.
“Tener un servicio que está debilitado como hoy está, es un inconveniente, sin lugar a dudas, que nos hace débiles a la hora de trabajar en lo que se refiere a algo puntual que podría pasar totalmente”, expresó el trabajador contactado.
Como en todos los casos, el empleado remarcó la cuestión de la camiseta: “El ánimo cada vez es más bajo. Se hace muchas veces cuesta arriba estar en la situación en la cual estamos. Porque nosotros, como trabajadores de Senasa, la camiseta está puesta siempre. Siempre estuvo puesta la camiseta y hay que entender que el Senasa es un organismo técnico. Al ser un organismo técnico, se deja de lado muchas cosas. Por eso es importante que no se debilite este organismo, que es tan importante para nuestro país, y que todos los agentes, o la gran mayoría, ponemos todo lo que tenemos muchas veces al servicio del servicio para que esto siga adelante”.
“El productor no necesita un Senasa débil, necesita un Senasa fuerte que le dé seguridad, y de esa manera poder avanzar y poder trabajar mejor, y brindarle al productor la seguridad de que el Senasa está haciendo bien las cosas”, resumió el entrevistado.
Otro trabajador del Senasa que actualmente está en un área que no es técnica, afirma: “La cosa se vive como se vive en el país. Vos ves que todo se cae a pedazos alrededor y vos seguís laburando. Nadie deja de laburar bien porque te pagan como el culo. Nosotros perdimos el cuarenta por ciento de poder adquisitivo del sueldo, y no es nosotros”.
“Cambió un poco la modalidad de laburo. Antes iba mucho más a algunas exposiciones y eso, y ahora viaja uno o dos, o solo viajan especialistas, ¿no? Veterinarios, ingenieros agrónomos y algún biólogo, y pará de contar”.
Otro trabajador del Senasa, con varias décadas dentro del organismo aseguró: “Con el cambio de gestión hubo una tendencia a poner a un lado las decisiones técnicas para tener más a mano las decisiones políticas. Tiene que ver con un desconocimiento de las funciones del organismo y de sus responsabilidades” expresó.
A su vez, este veterano empleado volvió a poner el foco en los insumos diarios, que escasean: “Nuestro laboratorio es un laboratorio que tiene gastos importantes porque, más que nada, los insumos son muy costosos. Y son insumos que a veces solamente los requiere otro laboratorio. No son insumos de uso común donde puede haber un mercado con cierta competencia. De hecho, muchos insumos son de exclusividad de determinados proveedores, con los cuales hay una discrecionalidad muy importante para fijar el precio, y vos tenés que adaptarte. Y esos precios aparte están en dólares, pero con una cuestión media inversa: el dólar baja, pero los insumos siguen aumentando. Por otro lado, el laboratorio de bioseguridad es un laboratorio que mantenerlo, su mantenimiento, es muy costoso. Y eso, cuando vos le recortás el financiamiento o el financiamiento está muy atado, se complica”.
La síntesis más completa, es la siguiente, que esboza el experimentado trabajador del Senasa: “El laboratorio siempre tuvo problemas de mantenimiento, no te voy a mentir. Siempre fue así. El problema es que no se mejoró. Porque antes con lo que recaudabas no te alcanzaba. Y tampoco te voy a mentir: en otras gestiones también han limitado la cuota de gasto del presupuesto. Pero nunca fue tan dramático como esto. Por ahí tenías un excedente de recaudación de 5 mil millones, vos demostrabas necesidades para gastar ese excedente, y te permitían usarlo. Actualmente, al no permitirte eso, te limita mucho. Y no te queda otra cosa que ir pateando certificaciones y análisis. Entonces, ¿cumplís con el trabajo? Sí, cumplís. Pero vas acumulando y congelando muestras, que es lo que el laboratorio está haciendo hoy. De repente congelás muestras porque no tenés insumos. El insumo llega, sí, pero llega tarde. Y eso retarda mucho la eficiencia o la eficacia del laboratorio. Entonces vos decís: bueno, cumplió con las determinaciones, sí. Pero en vez de entregártelas en 45 días, te las entrega en 70. Y eso puede ser la diferencia entre detectar un problema o detectarlo cuando ya estalló”.