Estado presente: Cómo hizo la Argentina para quedarse con todo el cupo de exportación de miel destinado a la Unión Europea
El pasado 1 de mayo entró en vigencia de manera provisional el Tratado de Libre Comercio Mercosur-Unión Europea y el primer tramo del cupo de miel se agotó en cuestión de horas de la menos de o...
El pasado 1 de mayo entró en vigencia de manera provisional el Tratado de Libre Comercio Mercosur-Unión Europea y el primer tramo del cupo de miel se agotó en cuestión de horas de la menos de operaciones realizadas por empresas argentinas, lo que tomó por sorpresa a los apicultores uruguayos, paraguayos y brasileños.
El acuerdo contempla una cuota anual de 45.000 toneladas de miel libre de aranceles para el Mercosur en el marco de una asignación progresiva en el tiempo.
Para este 2026 el cupo efectivo es de 5000 toneladas, prorrateado en función de los ocho meses de vigencia que tendrá el régimen especial este año. El volumen se divide en tres tramos trimestrales: el primero de 1400 toneladas ya se agotó, el segundo de 1800 se habilitará el 1 de julio y el tercero de 1800 comenzará a regir el 1 de octubre.
Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, explicó en redes sociales cómo los apicultores argentinos, que deben abonar un arancel del 17,3% por fuera de la cuota, lograron aprovechar el beneficio en tiempo récord.
“El personaje central de la historia de Pablo Lavigne, secretario de Coordinación de Producción, porque se dio cuenta de una cosa que le iba a permitir a nuestros ágiles productores actuar con rapidez”, comentó el ministro.
“Una vez que tenés un beneficio arancelario como el que nos da el tratado, tenés que certificar que el producto es de la zona que tiene el beneficio. Para ello la UE permite una autocertificación de origen, es decir, que les alcanza con que el productor declare bajo juramento que es así (la UE sabe que si no es así algún competidor rápidamente lo denunciaría con lo cual no es necesario hacer engorrosos trámites previos)”, indicó.
Hasta ahora la certificación de origen lo hacían típicamente las cámaras empresarias sectoriales y el tratado daba un margen de tres años para converger al sistema de autocertificación.
“Acá es donde entra Lavigne, que se avivó del tema y tuvo la inteligencia de preparar en nuestro sistema de comercio exterior un trámite digital donde el productor puede hacer su autocertificación desde su empresa con un par de ‘clicks’ obteniendo el certificado validado por el Estado argentino”, comentó Sturzenegger.
“¡Y lo puso a disposición el mismo día que el tratado se habilitó! Es decir, sin esperar los tres años de convergencia. Entonces, mientras los productores uruguayos, brasileños y paraguayos seguían corriendo con los ‘pelpas’ de un lado para el otro con las cámaras, nuestros productores ya tenían todo resuelto, presentaron y se llevaron la cuota. ¡Bingo! Obviamente, también fue clave la capacidad y rapidez de nuestros productores. Bravo, bravísimo. Y el hecho que varios trámites y certificaciones las sacamos del INTI, lo cual le permitió al sector privado operar con la rapidez que exige el mercado y no con los tiempos indolentes de la burocracia”, detalló.
El ministro afirmó que “es interesante el caso” porque “ilustra la imperiosa necesidad de sacar al Estado de todos los trámites posibles y dejarlo focalizado en lo importante”. En realidad: es precisamente el Estado, actuando de manera profesional, el que permitió aprovechar la oportunidad. No se trata del “qué”, sino del “cómo”.
La cuestión es que, como era previsible, la “avanzada” argentina generó quejas en los restantes países que integran el Mercosur, lo que probablemente derivará en la búsqueda de algún mecanismo que administre el reparto de la cuota entre los cuatro miembros del bloque.