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El sueño acuícola de Entre Ríos: El INTA quiere hacer despegar la cría de peces junto a productores locales y ya dicen que “la piscicultura está carreteando”

En Entre Ríos hay agua, condiciones climáticas favorables y hasta experiencia en otras producciones intensivas que podría aprovecharse para criar peces. Pero el desarrollo de la piscicultura tod...

El sueño acuícola de Entre Ríos: El INTA quiere hacer despegar la cría de peces junto a productores locales y ya dicen que “la piscicultura está carreteando”

En Entre Ríos hay agua, condiciones climáticas favorables y hasta experiencia en otras producciones intensivas que podría aprovecharse para criar peces. Pero el desarrollo de la piscicultura tod...

En Entre Ríos hay agua, condiciones climáticas favorables y hasta experiencia en otras producciones intensivas que podría aprovecharse para criar peces. Pero el desarrollo de la piscicultura todavía está en sus albores.

Impulsar esa actividad es lo que ocupa bastante trabajo al interior del INTA Concordia, donde un grupo de investigadores busca demostrar que la actividad puede ser una alternativa económica interesante y, sobre todo, transmitir ese conocimiento a los productores para que se animen a incorporarla en sus establecimientos.

“La piscicultura está carreteando”, graficó Juan Pablo Hegglin, investigador de esa experimental, en diálogo con Bichos de Campo. La comparación aeronáutica le sirve para explicar que la actividad todavía no terminó de despegar, aunque considera que existen condiciones para que eso suceda.

El equipo del INTA ya trabaja con alrededor de 30 productores de la región, muchos de los cuales pasaron por sus instalaciones para conocer el sistema de crianza y luego adaptarlo a sus propios campos.

“Tenemos un grupo de productores, una red donde estamos en contacto, intercambiamos información y hasta hemos hecho algunas compras en conjunto”, contó Hegglin.

Para impulsar ese desarrollo, el INTA hace base en una unidad demostrativa con cinco estanques donde experimenta principalmente con pacú, aunque también ha realizado ensayos con boga y sábalo. Durante los primeros años, el trabajo estuvo orientado a ajustar las técnicas productivas, determinar cuántos peces podían criarse por estanque y evaluar su crecimiento. Ahora, buena parte de los esfuerzos están puestos en transferir lo aprendido.

“En los primeros años ajustamos un poco el sistema de producción”, explicó el investigador. Luego llegaron las capacitaciones, los cursos, las jornadas y las ferias, con las que buscan mostrar que la producción de peces puede incorporarse como una actividad más dentro de los establecimientos agropecuarios.

Mirá la entrevista completa:

La disponibilidad de agua es, naturalmente, uno de los puntos de partida. La experimental está ubicada cerca de la represa de Salto Grande, sobre el río Uruguay, pero no utiliza agua del embalse para abastecer los estanques, sino que la extrae de un pozo de unos 35 o 36 metros de profundidad.

Además del recurso hídrico, el investigador señala que para instalar un criadero también hace falta contar con un suelo impermeable, que permita retener ese agua. En el caso del INTA Concordia, debajo de una capa arenosa colocaron otra de arcilla para cumplir esa función.

Los cinco estanques tienen unos 320 metros cuadrados de superficie y dos metros de profundidad. Allí se utiliza un sistema de producción semiintensivo, con una turbina que incorpora aire al agua para mantener las condiciones necesarias para los peces.

Toda esa tecnología permite aumentar considerablemente la cantidad de animales. Según explicó Hegglin, sin aireación podrían colocar unos 60 o 70 pacúes por estanque, mientras que con la turbina apuntan a criar unos 250 ejemplares y alcanzar una producción final de 320 kilos de pescado por pileta.

Pero el objetivo no es solamente demostrar que los peces crecen. También interesa saber si los números cierran para un productor y que la actividad es rentable.

“Nosotros tenemos cinco piletas. Las cuentas para mantener una familia dan alrededor de 15 o 16 piletas de estas”, señaló Hegglin, a partir de las estimaciones que realizan en la experimental.

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Eso significa que la actividad podría pensarse tanto como una producción principal, con una escala mayor, como una alternativa para complementar los ingresos de un establecimiento y diversificar riesgos. Incluso han recibido consultas de empresas interesadas en desarrollar proyectos más grandes.

“Los datos que nosotros generamos o damos son escalables a cualquier nivel de inversión”, sostuvo.

Claro que producir peces también tiene sus particularidades. En Concordia, el período de crecimiento está condicionado por la temperatura del agua y por eso actividad se intensifica entre septiembre y octubre -cuando esta supera los 19 o 20 grados- y se detiene hacia mayo, cuando las temperaturas bajan y los animales entran en una etapa de latencia durante la cual dejan de alimentarse.

Por eso, cuando se comienza con alevines, el ciclo puede extenderse unos 15 o 16 meses hasta obtener un pacú de aproximadamente 1,3 kilos. Otra alternativa es comprar peces juveniles de 250 o 300 gramos y engordarlos durante una sola temporada, entre octubre y mayo.

La alimentación es otro componente importante del costo. Los peces reciben distintas formulaciones de alimento balanceado según su etapa de crecimiento. Incluso el alimento de terminación tiene un 27% de proteína, una proporción elevada que, según explicó el investigador, encarece la producción.

Aunque el pacú es la estrella comercial de los ensayos, en Concordia también probaron criar bogas y sábalos, tanto por separado como combinando especies en un mismo estanque.

La boga mostró resultados interesantes en crecimiento y rendimiento, similares a los del pacú. En cambio, el sábalo creció más lentamente, aunque tiene la particularidad de alimentarse en el fondo y podría aprovechar parte de los nutrientes que no consumen los otros peces.

“Nosotros decimos que el pacú es la estrella por la cuestión comercial”, reconoce Hegglin. Es una especie que ya está posicionada en los restaurantes y por la que, según su experiencia, el criador puede obtener un precio superior al de la boga capturada por los pescadores artesanales de la zona.

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Más allá de lo económico y productivo, el interés por desarrollar la piscicultura también tiene una dimensión ambiental, y el equipo estudió cómo esa actividad puede ayudar a disminuir la presión de pesca sobre las poblaciones naturales del río Uruguay, especialmente en especies como el sábalo.

A eso se suma un mercado interno que, según Hegglin, todavía tiene mucho margen para crecer. El investigador estimó que en la Argentina se consumen apenas seis o siete kilos de pescado por habitante al año, muy por debajo de las cantidades que se consumen de otras carnes.

“Nos dimos algunos golpes en las primeras temporadas”, reconoció Hegglin, que considera que el manejo del agua, la alimentación y el conocimiento de los peces son aprendizajes indispensables para evitar errores.

Por eso, ahora el desafío más inmediato está en conseguir que más productores conozcan la actividad, aprendan a manejar los estanques y puedan evaluar si les conviene incorporarla. A nivel provincial, el investigador está convencido de que Entre Ríos tiene con qué desarrollar esta producción: agua, temperaturas adecuadas, pescadores artesanales que conocen el procesamiento del pescado y hasta una experiencia avícola que podría servir como referencia para organizar sistemas de integración.

“Hay un buen sustrato, creemos, para el desarrollo de la acuicultura”, resumió.

Fuente: https://bichosdecampo.com/el-sueno-acuicola-de-entre-rios-el-inta-quiere-hacer-despegar-la-cria-de-peces-junto-a-productores-locales-y-ya-dicen-que-la-piscicultura-esta-carreteando/

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