
El secreto de la cabaña Agromelú del Norte para producir más carne con menos alimento: Selección de reproductores eficientes y una apuesta por la genética de precisión
David Lacroze hijo, más conocido como Daviko, tiene una obsesión: mejorar la productividad ganadera a partir de la genética. En Agromelú del Norte, la cabaña de Brangus colorado que com...
David Lacroze hijo, más conocido como Daviko, tiene una obsesión: mejorar la productividad ganadera a partir de la genética.
En Agromelú del Norte, la cabaña de Brangus colorado que comparte con Martín Lisazo, trabaja en Salta y Corrientes para desarrollar animales adaptados al norte argentino y capaces de producir más carne con los mismos recursos. Para eso, incorporó la inseminación artificial a gran escala y sumó una estación que mide el RFI, un indicador que permite identificar qué animales convierten el alimento en carne con mayor eficiencia.
“Nosotros estamos produciendo Brangus en el norte argentino. Somos productores grandes y tratamos de hacerlo lo mejor posible, mejorar nuestros índices de producción y tener hacienda cada vez mejor”, explicó Lacroze.
Agromelú nació hace diez años, a partir de la sociedad con Lisazo, quien ya tenía una extensa trayectoria con el Brangus colorado. La propuesta fue desarrollar genética adaptada a las condiciones del norte, sin limitar el mejoramiento a un núcleo reducido de animales de pedigree. En el establecimiento, el rodeo general también funciona como una cabaña.
“Todas las vacas del campo están funcionando como cabaña”, resumió. Los animales tienen caravanas de identificación, se registra su peso al nacer y al destete y se sigue la historia productiva de cada vientre. El objetivo es mejorar la precocidad, la fertilidad y los resultados de cada generación.
La empresa maneja unas 10.000 vacas entre Salta y Corrientes, mientras que el núcleo superior de la cabaña reúne alrededor de 200 madres. En Salta, la recría se basa en una dieta compuesta en un 70% por gatton panic picado, complementada con maíz y soja de producción propia o harina de soja. El esquema integra agricultura y ganadería para abastecer parte de las necesidades alimentarias del establecimiento.
La inseminación artificial es una herramienta central para acelerar el progreso genético. El año pasado, la empresa inseminó unas 7.000 hembras: 6.000 en Salta y 1.000 en Corrientes. Los índices de preñez de esa práctica se ubican entre el 45% y el 50%.
“El costo son unos 10 dólares por animal, que hoy son dos o tres kilos de carne”, señaló. Entre sus ventajas mencionó la concentración de las preñeces al comienzo del servicio, los kilos adicionales que pueden alcanzar los terneros por nacer antes y la posibilidad de uniformar el rodeo mediante toros seleccionados.
El paso más reciente llegó hace cuatro meses, cuando Agromelú instaló una estación de RFI, sigla en inglés de consumo residual de alimento. El sistema permite medir individualmente cuánto come cada animal en relación con su producción y distinguir cuáles necesitan menos comida para generar la misma cantidad de carne.
“Los promedios se mantienen en siete kilos de comida por kilo producido, pero hay animales que están en cuatro kilos y medio y otros que están en doce”, contó Daviko. Los dos animales más eficientes de la primera prueba resultaron ser hermanos completos, hijos de la misma madre y del mismo padre.
El hallazgo reforzó su interés por incorporar el indicador a la selección genética. La característica es heredable y la raza Brangus ya avanzó en la evaluación genética del RFI. Los toros con valores negativos pueden transmitir una mejor eficiencia alimentaria.
“Si yo ya tengo mis vaquillonas que son precoces, que se preñan y destetan un ternero todos los años, y descubro que una me da hijos que convierten 4,5 a uno en vez de siete a uno, estoy pensando que voy a mejorar el costo de toda mi producción”, explicó. El impacto no será inmediato, porque mejorar todo un rodeo requiere años de selección y reposición, pero el potencial económico justifica la apuesta.
La cabaña también investiga la susceptibilidad a la garrapata y trabaja en calidad de carne, con pruebas que permiten evaluar características como el marmoleo. El objetivo es preparar animales para mercados que puedan reconocer económicamente esos atributos.
Ese perfil estará presente en el próximo remate de Agromelú del Norte, organizado junto con Colombo y Magliano, con la participación de 11 cabañas. La oferta apunta tanto a quienes buscan reproductores superiores como a productores que necesitan mejorar sus rodeos comerciales.
“No es un mundo del súper exclusivo club de los mejores; es un lugar para que compre la gente que quiere poblar con animales que andan”, definió Lacroze.
Para el productor, la genética no pasa solamente por el pedigree o la conformación. El desafío es identificar animales adaptados al ambiente, que produzcan terneros todos los años y transformen el alimento en carne con mayor eficiencia. Una apuesta de largo plazo para mejorar la productividad de la ganadería del norte.