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El productor e influencer Germán Pinteño se cansó de correr una carrera sin final y asegura que se “rebeló contra el sistema”

Un productor le agradeció en las redes sociales porque, después de escuchar sus planteos, volvió a conseguir trabajos como contratista. Había quedado relegado porque sus equipos no eran de últ...

El productor e influencer Germán Pinteño se cansó de correr una carrera sin final y asegura que se “rebeló contra el sistema”

Un productor le agradeció en las redes sociales porque, después de escuchar sus planteos, volvió a conseguir trabajos como contratista. Había quedado relegado porque sus equipos no eran de últ...

Un productor le agradeció en las redes sociales porque, después de escuchar sus planteos, volvió a conseguir trabajos como contratista. Había quedado relegado porque sus equipos no eran de última generación. Desde Chacabuco, Germán Pinteño viene cuestionando esa lógica que se instaló en una parte del agro, donde la tecnología y las inversiones millonarias parecen haberse convertido en la medida del éxito.

Con números, experiencias propias y una mirada crítica sobre los negocios del sector, busca mostrar cuánto cuesta producir y por qué muchos chacareros terminan trabajando para sostener una maquinaria que nunca terminan de pagar.

Hay una escena que Germán Pinteño difícilmente hubiera imaginado cuando empezó a contar en las redes sociales las cuentas de su propio campo. Un productor le mandó un mensaje para agradecerle. Le explicó que había recuperado trabajos como contratista después de haberlos perdido porque sus máquinas no eran de último modelo

El suyo es un intento de discutir una imagen del campo que, a fuerza de repetirse, corre el riesgo de confundirse con la realidad de la mayoría. En las exposiciones, las publicidades y buena parte del contenido que circula en las redes, el agro aparece como un sector en permanente expansión, dispuesto a incorporar la última innovación disponible.

Pinteño no reniega de la tecnología ni de los avances que pueden mejorar la producción. Lo que cuestiona es que esa carrera se convierta en una obligación y que el productor pierda de vista para quién trabaja y de dónde sale el dinero para pagar cada inversión.

“Yo me rebelé contra todo ese sistema”, resume en diálogo con Bichos de Campo y, la frase que también se nos viene a la cabeza es: “Lo viejo funciona”.

Este es el video que motivó la entrevista con Pinteño:

 

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La historia de Pinteño con el campo empezó mucho antes de que tuviera una cámara delante. Sus primeros aprendizajes estuvieron ligados a las tareas cotidianas de una explotación familiar, pero también a una actividad que le dejó una marca. De chico plantaba verduras, juntaba huevos y salía a vender la producción en las verdulerías del barrio.

Su abuelo, que había empezado como empleado rural y con los años llegó a comprar su propio campo, insistía en que aquella experiencia le serviría para entender el valor del trabajo y de la plata. Pinteño recuerda ese consejo como una enseñanza que terminó acompañándolo cuando le tocó tomar decisiones de mayor escala.

“Mi abuelo me decía que vendiendo iba a aprender lo que cuesta ganarte la plata, lo que cuesta producirla realmente, administrarla y organizarte. Después, el día de mañana, te va a servir para cuando tengas que manejar el campo”, cuenta.

En su familia hubo una continuidad entre generaciones. Su abuelo consiguió convertirse en propietario, su padre siguió comprando campos y él tomó la posta. Pero el recorrido también estuvo atravesado por momentos económicos complicados y decisiones que dejaron consecuencias. Recuerda, por ejemplo, que estaban por comprar un campo cuando llegó el corralito de 2001 y quedaron atrapados fondos que necesitaban para concretar la operación.

 

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Eran años en los que la actividad agropecuaria tampoco tenía el reconocimiento social que hoy suele acompañar a determinadas imágenes del sector. Pinteño recuerda la mirada que pesaba sobre los productores que andaban en camionetas 4×4, incluso cuando detrás de esos vehículos había años de trabajo, inversiones y obligaciones que atender.

Con el tiempo, esa percepción se fue modificando. La expansión de la agricultura, el crecimiento de la soja y la llegada de nuevas tecnologías hicieron que el campo ganara visibilidad y se convirtiera en una actividad atractiva para una cantidad creciente de empresas. Pero Pinteño observa una diferencia entre el crecimiento de los proveedores del sector y el de quienes producen.

“Las agronomías crecieron de una forma espeluznante, las empresas de insumos crecieron, los que fabrican y los que traen los insumos crecieron en forma exponencial. Y nosotros, los chacareros, no crecimos en la misma medida”, plantea.

Su crítica no supone desconocer la importancia de las empresas que venden maquinaria, semillas, fertilizantes o productos fitosanitarios. El campo funciona como una cadena en la que intervienen industrias, prestadores de servicios, trabajadores, comunicadores y productores. Él mismo reconoce que todos forman parte de un sistema económico del que depende la actividad.

 

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Pinteño no habla desde afuera. Una de las experiencias que más influyeron en su manera de pensar ocurrió cuando tenía 26 años, estudiaba Agronomía y decidió comprar una máquina casi nueva para prestar servicios de cosecha.

El resultado no fue el que esperaba. El equipo que trabajaba para terceros no le dejaba ganancias suficientes, mientras que la maquinaria más chica, destinada a las tareas de su propio campo, sí resultaba rentable. En la práctica, una parte de los ingresos de la explotación terminaba financiando el equipo de cosecha que debía generar nuevos ingresos.

“Yo tenía una máquina para prestar servicio y no ganaba plata. La máquina chica, la que hacía lo mío, ganaba plata. Entonces, con la soja de mi campo estaba bancando el equipo de verano. ¿Qué estoy haciendo?”, recuerda.

La situación se complicó todavía más cuando falleció su padre, cuando él tenía 28 años. Tuvo que reorganizar el establecimiento, revisar la estructura de trabajo y desprenderse de una máquina. Aquella experiencia le enseñó que el tamaño de una inversión no garantiza su rentabilidad y que un equipo puede convertirse en una carga cuando los ingresos no alcanzan para sostenerlo.

 

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Por eso, cuando empezó a hablar de maquinaria en las redes sociales, no lo hizo desde una posición teórica. Había pasado por el problema que ahora intenta advertirles a otros productores.

El precio de una cosechadora nueva puede alcanzar cifras que un productor mediano difícilmente pueda amortizar con los ingresos habituales de su explotación. Pinteño menciona equipos de alrededor de un millón de dólares y modelos más chicos que pueden costar unos 500.000 dólares. Frente a esos valores, propone detenerse en una cuenta básica. ¿Cuánto tiene que facturar el equipo, durante cuánto tiempo y con qué margen para recuperar el capital invertido?

“¿Cuándo un productor mediano puede pagar una cosechadora de 500.000 dólares?”, se pregunta.

El problema, según Pinteño, no se limita al precio inicial de la maquinaria. También está en la velocidad con la que los equipos quedan desactualizados y en la necesidad de volver a invertir para mantenerse dentro del mercado.

Cuenta que él mismo incorporó tecnología a sus equipos hace unos cinco años. En ese momento era una mejora importante y le costó dinero. Consiguió pagarla, pero con el paso del tiempo aquella incorporación perdió parte de su valor competitivo frente a las novedades que aparecieron después.

“Llegaste a la meta, pero te corrieron la llegada. Tenés que seguir corriendo”, dice. La imagen le resultó familiar. La compara con comprar un teléfono celular y descubrir que, poco tiempo después, ya salió otro modelo y el anterior empieza a perder vigencia.

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En la maquinaria agrícola, el problema puede ser mucho más costoso. Una inversión importante exige varios años de trabajo para amortizarse, pero el mercado puede empezar a exigir nuevas prestaciones antes de que el productor haya terminado de pagarla.

A eso se suma la dificultad para reparar determinados equipos. Pinteño advierte que, en algunos casos, la complejidad electrónica hace que una reparación deje de ser conveniente frente a la compra de un componente nuevo o incluso de otra máquina. Así, el productor se vuelve cada vez más dependiente de los fabricantes y de los repuestos que ellos ofrecen.

“Vamos camino a ser cien por ciento dependientes del sistema”, advierte.

Pinteño no propone volver atrás ni trabajar como hace varias décadas. En sus propios equipos utiliza tecnología y reconoce que las innovaciones pueden tener ventajas concretas. Lo que discute es el criterio con el que se decide incorporarlas.

Su desembarco en las redes sociales también fue cambiando con el tiempo. Al principio, reconoce, utilizaba sus publicaciones para plantear reclamos, como la presión impositiva o las retenciones. La queja estaba presente, como ocurre con buena parte de las conversaciones entre productores.

Después empezó a preguntarse qué conseguía con eso.

 

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“Con instalarme en la queja no hago nada. Yo tengo que mostrar datos, mostrar realidad, tratar de educar con el ejemplo, con los fundamentos”, explica.

A partir de ese cambio, empezó a publicar más números y a responder consultas sobre costos, labores y alternativas productivas. Los seguidores comenzaron a pedirle comparaciones entre diferentes sistemas de trabajo, presupuestos y cálculos de rentabilidad. Muchas veces, las preguntas le sirven para elegir qué tema abordar en sus próximos videos.

En ese recorrido encontró una audiencia que buscaba algo diferente de las imágenes habituales del sector. En lugar de ver solamente el resultado de una campaña o una máquina nueva, podía seguir el razonamiento detrás de una decisión, conocer cuánto costaba una inversión y entender por qué un equipo aparentemente atractivo podía terminar generando pérdidas. “Yo muestro la realidad del chacarero”, resume.

Pinteño también advierte que los números y los formatos que empezaron a circular en sus redes fueron adoptados por otros comunicadores y actores del sector. No lo presenta necesariamente como algo negativo. Si otros comenzaron a mostrar valores y costos, considera que es porque existe interés en esa información.

Pero también cree que el agro suele moverse por imitación. Cuando una idea funciona, muchos intentan repetirla. Una publicación llamativa se convierte en una fórmula, un formato viral se multiplica y, al poco tiempo, aparecen versiones parecidas.

En el campo de Pinteño, la discusión empieza por una pregunta sencilla, aunque no siempre resulte cómoda. Si la máquina trabaja, produce ingresos y permite pagar los costos, ¿por qué habría que cambiarla solamente porque apareció un modelo más nuevo?

Fuente: https://bichosdecampo.com/el-productor-e-influencer-german-pinteno-se-canso-de-correr-una-carrera-sin-final-y-asegura-que-se-rebelo-contra-el-sistema/

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