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El caso Manila: En medio del renovado interés por la acuicultura argentina, una empresa que exporta trucha arcoiris hace 15 años detecta mayor demanda y debe incrementar su producción

Varias son las fórmulas de éxito de esta empresa acuícola: el compromiso con la economía circular mediante el procesamiento integral de sus residuos biológicos para convertirlos en harina y...

El caso Manila: En medio del renovado interés por la acuicultura argentina, una empresa que exporta trucha arcoiris hace 15 años detecta mayor demanda y debe incrementar su producción

Varias son las fórmulas de éxito de esta empresa acuícola: el compromiso con la economía circular mediante el procesamiento integral de sus residuos biológicos para convertirlos en harina y...

Varias son las fórmulas de éxito de esta empresa acuícola: el compromiso con la economía circular mediante el procesamiento integral de sus residuos biológicos para convertirlos en harina y aceite de pescado, el incorporar personal joven, permitiéndoles desarrollar una carrera profesional desde su primer empleo y la búsqueda por escalar su producción para añadir valor agregado a sus subproductos, lo cual generará nuevas oportunidades laborales, son algunas.

Su producto estrella, la Trucha premium de la Patagonia, se ofrece como natural y sin antibióticos con Certificación IMO Suiza y llega a mercados como Estados Unidos, Canadá y Europa. La producen en el embalse Alicurá del río Limay.

La firma Manila, desde hace más de una década exporta trucha patagónica de manera sostenida al exigente mercado de Estados Unidos. “Hace 15 años que abastecemos de manera continua a un ahumadero que le vende a Whole Foods Market. Exportamos entre 35 y 60 toneladas anuales con estándares muy específicos”, explicó el CEO de la compañía, Silvestre Piñero Pacheco.

Se trata de un negocio de nicho: trucha arcoíris patagónica natural, sin pigmentar. El cliente es Ducktrap River, uno de los ahumaderos más grandes de Estados Unidos, que la compra congelada en bloque y le aplica el proceso de ahumado en caliente. Hoy ese producto está presente en todas las góndolas de Whole Foods. “Es un producto difícil de escalar, pero muy estable”, afirmó.

Sin embargo, lo que durante años fue un techo hoy empieza a verse como piso. En la feria internacional Seafood Expo North de Boston, la empresa detectó una oportunidad inesperada: la escasez global de trucha blanca con volumen y certificación.

“Hoy no hay en el mundo productores de escala para este tipo de trucha. En Sudamérica, somos los únicos certificados para ese cliente”, aseguró Silvestre.

Manila pasó de un nicho estable a un salto exportador. Ese escenario abrió la puerta a retomar un camino que había quedado trunco por la pandemia: la exportación de trucha fresca. Manila había logrado concretar más de 200 embarques exitosos entre 2018 y 2019, pero los problemas logísticos globales obligaron a frenar.

Ahora, con el mercado reactivado, el objetivo es mucho más ambicioso. Hace tres meses lograron la aprobación para abastecer de fresco a las pesquerías de Whole Foods, con el primer embarque proyectado para fines de abril. El plan arranca con envíos semanales de 1.000 kilos para una de las 8 regiones, lo que ya los obliga a crecer: solo esa región representa un potencial de 500 toneladas de biomasa para 2027. “La acuicultura se piensa a dos años. Estamos planificando qué sembrar hoy para cosechar en 2028”, explicó el directivo.

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Los números son elocuentes: proyectan alcanzar un piso de 500 toneladas de biomasa para los ciclos productivos 2026-2027, y llegar a las 750 toneladas en 2028, lo que implicaría un salto significativo en escala.

La empresa funciona sobre tres unidades de negocio bien definidas: el criadero, la planta de procesamiento y el área comercial.

En el camino, hubo ajustes. La producción de alimento balanceado —clave en los inicios— hoy pasó a un esquema mixto, con compras a proveedores especializados como Nutraqua, buscando eficiencia y calidad comparable a estándares chilenos.

Donde sí hubo una fuerte apuesta fue en la industrialización. En los últimos años, Manila incorporó tecnología de punta: fileteadoras automáticas, desespinadoras y túneles de congelado rápido que permiten procesar con estándares internacionales.

Sin embargo, no todo es lineal. “La planta hoy no es rentable por los costos fijos y la irregularidad en la provisión de pescado, pero es indispensable para exportar”, admitió el referente.

Actualmente, la empresa emplea a 65 personas y busca seguir creciendo. Solo en el centro de cultivo proyectan duplicar el equipo en el corto plazo. “Nos cuesta mucho conseguir gente, pero apostamos fuerte al empleo joven. Tenemos varios casos de personas que empezaron sin experiencia y hoy hacen carrera dentro de la empresa”, señaló.

El esquema laboral incluye regímenes rotativos (11 días de trabajo por 4 de descanso) para mejorar las condiciones en zonas alejadas. Además, avanzan en un modelo de economía circular: los residuos del procesamiento se transforman en harina, aceite de pescado y otros subproductos, con la intención de agregar valor y generar nuevas líneas de negocio.

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La empresa, ha logrado conformar un ecosistema más colaborativo que competitivo. En un mercado todavía chico, la lógica no es de competencia directa sino de complementariedad. Manila mantiene vínculos con otras empresas del sector como Salmo Trout, Trucca, Truchas Kaizen y la propia Idris.

“No nos vemos como competidores, sino como socios estratégicos. Hoy falta trucha en el mercado, nadie está reteniendo producción”, explicó.

Una de las ventajas clave de la Patagonia —y en particular de embalses como Alicurá o Piedra del Águila— es la calidad del agua, el status sanitario que a nivel internacional es clave.

Son zonas libres de enfermedades de salmónidos reconocidas internacionalmente que permiten producir sin antibióticos ni vacunas, algo muy valorado en mercados exigentes. Esto se traduce en mejor posicionamiento exportador y mayor valor del producto.

Además, se destaca el sabor de la trucha producida allí por sobre el típico “gusto a tierra” que puede aparecer en otras regiones.

En paralelo al crecimiento exportador, también hay un cambio en el mercado interno. La trucha empieza a consolidarse como una alternativa al salmón, con identidad propia.

“Es un producto más magro y saludable. Ya no es la segunda opción cuando falta salmón”, afirmó Silvestre.

En esa línea, desarrollaron presentaciones como el “filet gourmet” —porciones congeladas de 200 a 300 gramos— orientadas a la practicidad del consumidor. Hoy abastecen cadenas como La Anónima y avanzan en acuerdos con otras grandes superficies de la mano de Moving Foods.

El horizonte de Manila es crecer en volumen sin perder calidad y aprovechar una oportunidad global poco habitual. “La demanda existe y es muy fuerte. Nos pidieron un plan concreto para 2028. Ahora depende de nuestra capacidad de producción”, concluyó el CEO.

Fuente: https://bichosdecampo.com/el-caso-manila-en-medio-del-renovado-interes-por-la-acuicultura-argentina-una-empresa-que-exporta-trucha-arcoiris-hace-15-anos-detecta-mayor-demanda-y-debe-incrementar-su-produccion/

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