
Eficiencia, bienestar animal y una meta de mil vacas lecheras: Valentín Torre apuesta a crecer sin apurarse y “con los pies en la tierra”
Hay un galpón con postes de madera y estructura plástica que se ve desde la Ruta Provincial 2 de Córdoba, saliendo de Cintra. Es un tambo en el que se trabaja todos los días para mezclar la tra...
Hay un galpón con postes de madera y estructura plástica que se ve desde la Ruta Provincial 2 de Córdoba, saliendo de Cintra. Es un tambo en el que se trabaja todos los días para mezclar la tradición lechera, la innovación y la disciplina empresarial.
Se trata del Establecimiento Ángela Juana, comandado por Valentín Torre, que eligió ese nombre en honor a su abuela. Fue “la persona más buena que conocí”, dijo sobre la mujer que crió hijos, vivió un matrimonio intenso y trabajó siempre, viviendo en ese campo hasta casi cumplir sus cien años.
Mirar hoy el desarrollo conseguido hace pensar que será posible alcanzar el objetivo de mil vacas en ordeño hacia 2032, con la base en el confort animal, la eficiencia en la alimentación, el control sanitario riguroso y una estrategia de crecimiento ordenada, además de una idea de negocio para la materia prima que hace la diferencia, con tres ordeños diarios, para eficientizar al tope los recursos.
“Soñar es gratis, pero hay que hacerlo con los pies en la tierra. No hay que apurarse”, repite Valentín, mientras recorre los diferentes lotes, con animales de llamativa mansedumbre, con la conciencia absoluta de estar en una lechería que exige paciencia y planificación.
Hoy el establecimiento tiene más de 370 vacas en ordeño y proyecta superar las 400 hacia fin de año. La sala de un tambo tradicional permite ordeñar hasta 700 animales en tres turnos de siete horas cada uno. “No tenemos retirador automático ni medición, pero sí un muy buen ordeñador. Los resultados los seguimos con control lechero y análisis de calidad todo el tiempo”, explica.
La venta se realiza a dos fábricas, una de ellas con acuerdo por calidad para exportación, lo que obliga a mantener estándares estrictos. “Si querés ser competitivo, tenés que buscar fábricas de calidad. No te conviene vender a cualquier precio promedio si estás trabajando para asegurarte”, afirma.
Ahí no se hace leche para liquidar, sino que se trabaja en la materia prima para venderla a un precio correspondiente, negociando de forma constante.
La tarea en la crianza artificial es muy interesante, con un galpón que cuenta con una recepción para los recién nacidos y 96 jaulas individuales, que han mejorado considerablemente los resultados para el futuro del tambo. Allí se mantiene un buffer para limpieza y mantenimiento, con protocolos que incluyen el uso de soplete para eliminar bacterias. “Eso nos permite que la mortandad siga baja y que la morbilidad también se reduzca. Los terneros pasan las diarreas como nada”, describe, sabiendo que el manejo intensivo exige atención permanente, porque “si te dormís en la limpieza, te comen los bichos, te comen las moscas”.
El trabajo de su equipo es muy meticuloso, con extracción del calostro de las vacas al parir, la conservación en freezer, el pasteurizador y la entrega inmediata de dos litros por ejemplar, sumado a la alimentación individual con un taxi milk.
Ahora el eje de inversión está puesto en un segundo galpón para terneros que permitirá ya pasar a la crianza colectiva y asegurar el bienestar de las futuras vacas. Tendrá a diez corrales de cinco metros por 25, con salida al exterior, para diez terneros por grupo. Así, la capacidad instalada total será de de cien animales, que luego harán el camino dispuesto por los diferentes sectores del campo hasta llegar a la producción concreta de leche.
En el campo, mientras, se hace la recría de los machos, con un engorde de hasta 400 kilos, aprovechando el negocio de la carne como motor financiero. “Hoy lo que está sosteniendo el tambo es la venta de carne. Un ternero de 400 kilos vale 1.600.000 pesos. Eso salva”, dice Valentín, entendiendo que la adaptación del negocio es constante.
El bienestar animal de las productoras se asegura con un galpón inaugurado en mayo de 2022, que garantiza un piso de 32 a 33 litros por vaca incluso en días de calor extremo.
“El galpón nos permitió ahorrar 14% de alimento y, con el robot de arrime, subir un 7% más el consumo. La vaca siempre tiene comida cerca, descansa más y produce mejor”. Por una lógica simple: cuanto más tiempo de descanso, mejor rendimiento. “Vos ves que en 30 o 40 minutos ya están todas echadas, rumiando, descansando. Eso es lo que tenemos que lograr”, dice, seguro de la tarea que todos los días se hace y se cumple.
El campo familiar, de 200 hectáreas, se complementa con otros lotes alquilados hasta llegar a 650 para asegurar primero el forraje y luego destinar excedentes de maíz o soja. “No hay otra chance que meterle con todo. Para agrandar el campo y hacerlo más productivo, es importante que la vaca no pise barro. El galpón le da un confort espectacular”, resume.
Una vez por año, se hace un mantenimiento de la estructura, en tiempos donde el clima permite que los animales estén varios días afuera del galpón, sin el estrés de las personas circulando y con la seguridad de generarles un beneficio concreto que siempre se traduce en leche.
La historia personal de Valentín Torre también marca el rumbo que hoy cumple. Tras trabajar con su padre y su tío, decidió independizarse, trabajó en un tambo grande, luego montó una guardería de terneros para tambos vecinos. Con el tiempo, adquirió las vacas y decidió alquilar las instalaciones familiares.
“No me sirve comprar a diez mil dólares la hectárea. Con este sistema no amortizás nunca. Prefiero invertir en infraestructura y en confort animal”, explica, sabiendo de su experiencia clave en tambos de punta, donde aprendió la lógica de la intensificación y la necesidad de emprender por cuenta propia.
El proyecto de mil vacas contempla tres galpones y un tambo rotativo como “frutilla del postre”. Pero para eso falta y, mientras tanto, el crecimiento es ordenado y sostenido, con inversiones en energía solar, robots de arrime y mejoras en infraestructura.
“La idea es seguir avanzando en paneles solares, porque la inversión inicial es grande, pero después el costo baja. Hoy tenemos un ahorro del 35 al 40% en energía”, señala sobre el espacio clave destinado a una generación y vuelco a la red que se dispuso entre el galpón de cría y el de las lecheras.
Valentín es uno de los fundadores de la Cámara de Empresarios Lecheros de Córdoba, desde donde se ve de manera realista a la dinámica sectorial. Con 80 socios y la negociación de 1,2 millones de litros diarios, se reconoce una realidad pendular entre ciertos indicios de crisis y de recuperación.
“El año 2023 fue dramático, pero hoy lo que sostiene al tambo es la carne. No es un momento dramático este de ahora, no se compara con lo que pasó hace tres años o mucho más atrás”, aunque advierte sobre la concentración inevitable del negocio. “Es una ley de la selva. No todos van a sobrevivir”. Para eso hay que prepararse, adaptarse y trabajar para conseguir rentabilidad en un negocio que siempre tuvo los números muy finitos, aunque las oportunidades abunden.
Valentín Torre es uno de los que eligió al tambo, de los que da pelea y sabe que los resultados no se dan sin esfuerzo, pero también de los que tienen nuevas ideas y no pasan el tiempo lamentándose por lo que podría ser, sino haciendo lo que es la lechería actual, en una combinación de estrategias rentables y competitivas, donde la pasión y la planificación están en la receta de todos los días.