Diego Ponti analiza la renta en la cadena cárnica: buenos resultados en la cría, disparidad en la recría, pérdidas en el feedlot y crisis en los frigoríficos de consumo
En los eslabones de la cadena ganadera y en la industria frigorífica se viven realidades bien diferentes. Mientras la cría goza de una rentabilidad positiva y la recría pue...
En los eslabones de la cadena ganadera y en la industria frigorífica se viven realidades bien diferentes. Mientras la cría goza de una rentabilidad positiva y la recría puede ofrecer buenos resultados cuando hay productividad, el feedlot está mucho más ajustado y la industria frigorífica muestra una brecha cada vez más marcada entre quienes trabajan para el consumo interno y quienes logran aprovechar las oportunidades de exportación.
“Hoy la cría tiene una rentabilidad positiva y es la mejor de los últimos años”, explicó Diego Ponti. El motor está en los precios récord del ternero, aunque eso no significa que el negocio tenga una rentabilidad extraordinaria. “Si se computa el factor tierra, es entre 3% y 6%, no es extraordinaria, porque el capital inmovilizado también creció fuertemente: una vaca ronda los 1.600 dólares y, en un planteo de 0,7 vientres por hectárea, hoy se inmovilizan unos 1.000 dólares por hectárea contra 500 o 600 dólares de años anteriores”, explicó el consultor.
En la recría, “la situación es más heterogénea. Hay planteos a los que le va mal, a otros bien y a otro le va muy bien”, señaló Ponti. La clave está en intensificar y producir kilos: “los sistemas que logran superar los 500 gramos diarios de ganancia de peso pueden alcanzar rentabilidades de entre 10% y 30%”. El problema es que el ternero que ingresa tiene un valor récord, por lo que hay que diluir esa inversión mediante productividad y bajos costos. La mejora reciente del precio del ternero recriado también permitió recomponer los números.
El feedlot, en cambio, aparece como el eslabón más comprometido. Para los planteos destinados al consumo interno, Ponti calculó una reposición de 6.300 a 6.500 pesos por kilo, mientras que el novillo vendido a consumo difícilmente supera los 4.800 pesos. Con el maíz cerca de los 200 pesos y otros costos en aumento, el promedio del negocio da quebranto. Solo logran defenderse mejor los sistemas integrados, con alimento propio, terneros propios, menores gastos comerciales o acceso a mejores valores de venta.
El feedlot orientado a exportación tampoco tiene hoy un margen holgado: está entre el empate y la pérdida. El ternero recriado de unos 340 kilos puede costar entre 1,6 y 1,7 millones de pesos y, después, el precio del novillo no acompaña ese aumento de la reposición.
En la industria frigorífica, Ponti marcó una diferencia clara. “La industria de la exportación está mejor que la de consumo”, sostuvo. La posibilidad de asignar cada corte al mercado que mejor lo paga, sumada a las nuevas cuotas obtenidas en mercados como el de Estados Unidos y la Unión Europea y a la fuerte demanda de Israel y China, permitió recomponer los márgenes luego de un trimestre muy malo.
La industria orientada al mercado interno enfrenta el problema inverso: menos hacienda para faenar, mayores costos por trabajar con menor volumen y un consumo que perdió poder de compra. Según Ponti, operadores de distintas regiones hablan de caídas de entre 20% y 30% en la actividad porque cayó la faena nacional y porque los exportadores están incrementando su participación en el negocio en perjuicio de los consumeros.
En este escenario, la menor oferta de hacienda funciona como sostén de los precios, pero no alcanza para generar una recuperación fuerte de los valores porque la demanda interna, a la que se destina el 70% de la carne que se produce, tiene bajo poder de compra.