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Del mostrador de una fiambrería al tractor en una finca de San Rafael: Iván Rodríguez cambió un negocio exitoso en la ciudad y apostó por el campo para ser más feliz y disfrutar los atardeceres

Ser productor agropecuario o ganadero no siempre es consecuencia de una decisión. La mayoría de las veces es simplemente porque allí, en el campo, fue donde el productor se crió y creció, y do...

Del mostrador de una fiambrería al tractor en una finca de San Rafael: Iván Rodríguez cambió un negocio exitoso en la ciudad y apostó por el campo para ser más feliz y disfrutar los atardeceres

Ser productor agropecuario o ganadero no siempre es consecuencia de una decisión. La mayoría de las veces es simplemente porque allí, en el campo, fue donde el productor se crió y creció, y do...

Ser productor agropecuario o ganadero no siempre es consecuencia de una decisión. La mayoría de las veces es simplemente porque allí, en el campo, fue donde el productor se crió y creció, y donde continúa con su modo de vida; o porque heredó una finca que hay que seguir atendiendo, o porque lo que parecía ser un proyecto familiar y personal de fin de semana se convirtió inesperadamente y para bien, en un negocio rentable.

Sin embargo, no fue el caso de Iván Rodríguez, este mendocino de 46 años que nació, creció y aún vive en la ciudad de San Rafael (215.000 habitantes), la más importante de la provincia fuera de la zona metropolitana del Gran Mendoza, ubicada 250 kilómetros al sur.

Iván fue durante 15 años el dueño de la fiambrería La Casona, “una de las más grandes e importantes de San Rafael”, como afirma con orgullo. Un comercio urbano, citadino, ubicado en pleno centro, al que le dedicaba todo el día, prácticamente de sol a sol.

Era el dueño del negocio, pero el negocio era su amo, y la propia dinámica de la fiambrería, con sus horarios y clientela, arrancando tempranísimo y cerrando muy tarde a la noche, le dio muy buenos dividendos, pero también le hizo pagar el costo de una vida familiar muy acotada con sus seres queridos.

Por eso, un día, Iván cayó en la cuenta de que había cumplido un ciclo al frente de su exitoso emprendimiento, cuando alguien llegó con una oferta para comprarle la fiambrería. No demoró en venderla y de golpe se encontró con todo el tiempo libre, se encontró que podía ser dueño de su tiempo. Y esa fue la clave para dar el siguiente paso.

Hacía unos años que había empezado a explorar en emprendimientos rurales, nada más lejos de su especialidad. Pero la genialidad de un emprendedor nato es su capacidad para ver oportunidades y rentabilidad, con la misma claridad con la que un mortal sin conocimientos de negocios puede distinguir el día y la noche.

Entonces, se había largado muy despacio, con apenas un par de hectáreas: “Empecé con verduras y melones, pero me agarró una piedra y no me dejó ni un melón sano, así que al año siguiente comencé a plantar ajo”, arranca Iván contándole a Bichos de Campo.

“Era la época del Covid 19, yo todavía tenía la fiambrería y había empezado como productor a muy baja escala, haciendo superficies menores, y fue ahí cuando me cambió la cabeza, porque antes de la pandemia yo salía muy temprano y llegaba entre las 10 y las 11 de la noche a mi casa”.

“Llegaba a casa cuando mis hijas ya estaban durmiendo y tenía una vida familiar muy pobre, y eso cambió con la pandemia, porque como había que cerrar antes, comencé a llegar a las 6 de la tarde, y ya, el estar en mi casa me permitía compartir una película con mis hijas, o hacer cosas en familia que antes no hacíamos”.

“Y bueno, -rememora Iván- fue cuando todavía estábamos en pandemia que viene el actual dueño de la fiambrería y me dice, ‘Quiero comprarte La Casona’. Hablamos, nos pusimos de acuerdo en el precio y ahí se la vendí”. Iván no tenía urgencias de dinero, no estaba apurado por vender el negocio, de hecho, no se lo había planteado, “porque con la fiambrería siempre me fue bien, me dio todo”.

Simplemente, ese espacio que la pandemia le brindó con su familia terminó abriendo un camino del que ya no quiso volver, y fue lo que lo empujó a vender el negocio que había sido durante más de una década su principal fuente de ingresos y prosperidad.

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Iván Rodríguez no puede olvidar que “después de que vendí, quedé a la deriva y pensé: ‘¿Y ahora qué hago, ¿cómo encaro esto?’”. Entonces reflexionó: “Me gusta el campo, me gusta la finca, me gusta todo esto que vengo haciendo, así que le voy a apostar al campo”.

Hace 8 años que Iván es productor de ajo y de cultivos rotativos de maíz, alfalfa y sorgo, forraje que los vende como proveedor a los feedlot ganaderos de San Rafael.

De las menos de 5 hectáreas que tenía cuando arrancó, hoy tiene 90 hectáreas alquiladas en cuatro fincas distintas, de las cuales 40 están en producción, ya que, en la última temporada, el granizo le arrasó una finca plantada con maíz, ubicada en Los Coroneles.

Esa desgracia, que los productores cuyanos, y sobre todo de Mendoza, enfrentan cada año, también la transformó en una oportunidad para expandir el negocio gracias al consejo de un amigo.

“La gran tormenta de granizo del 22 de enero pasado me llevó 35 hectáreas de maíz y lo único que pensaba hacer era pasar la rastra para programar una nueva siembra. Pero me encuentro con un amigo que me dice, ‘¿Por qué no te comprás unos terneros y los vas alimentando y así aprovechas lo que te quedó de esa plantación?’. “Y bueno, no soy un especialista en terneros, pero le hice caso”

“Hoy tengo unos 35 animales -dice Iván- que me resuelven este problema, porque pasar la máquina para cosechar lo que hubiese quedado, o hacer el picado del silo bolsa es muy costoso. Yo tengo la máquina, pero cuesta mucho dinero hacerlo, no era conveniente”.

Con este giro inesperado, Iván Rodríguez, que hoy tiene 15 hectáreas de ajo plantadas y otras 35 donde ya cosecha alfalfa y siembra maíz y sorgo, decidió subirse al negocio de la ganadería de zonas áridas, mientras se sigue fortaleciendo, ya que también comenzará a plantar remolacha forrajera, cultivo que él señala que será el primero en tenerlo en sur mendocino, y que es de gran calidad para alimentar ganado vacuno.

La ganadería de zonas áridas que se realiza en Mendoza, sobre todo en el sur provincial, es una ganadería de cría, donde el ganadero produce terneros que los vende rápidamente, cuando llegan a los 100 a 120 kilos de peso.

La razón de esta mecánica es que el bajo nivel de lluvias anuales en toda la zona, genera poca cantidad de alimento natural para seguir criando al ternero. Por otra parte, las extensiones de campo con forraje natural se reservan para las vacas, que son preñadas casi de inmediato al poco tiempo que paren. Y solo las vacas pastoreen el campo en esta zona porque cada vaca necesita entre 10 y 20 hectáreas para asegurar el alimento mientras está preñada, además de los suplementos que le aportan los ganaderos.

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Algunos productores en el sur mendocino, los menos aún, ya están, sin embargo, criando novillos en feedlot, que pueden engordar por encima de los 400 kilos para obtener una rentabilidad más alta. Pero Iván recién está empezando en la ganadería y su especialidad ya es el ajo y los cultivos forrajeros.

De hecho, el ajo fue el primero cultivo con el que se preparó: “Empecé a estudiar mucho el tema y la verdad que me encantó. El cultivo del ajo es algo extraordinario, es un cultivo muy intensivo, así que me fui asesorando, aprendiendo con amigos que me enseñaron, haciendo cursos y hoy tengo esta cantidad de hectáreas y ya hace unos años que le vendo toda la producción a un galponero de Mendoza muy importante”.

Así, cuando Iván decidió que se iba a dedicar a plantar ajo no dudó en que iba en serio: “Tenía que enfocarme y equiparme para la actividad con la maquinaria, así que en el primer año compré mi primer tractor, después compré los abonadores, los aporcadores, la fumigadora y me fui haciendo de a poco del equipamiento y las herramientas con el capital que había obtenido de la venta de la fiambrería”.

Y como le ocurrió con la fiambrería, las fincas y su vida de productor también le insumen gran parte del día, porque, aunque tiene personal a su cargo, le gusta meterse en persona a las fincas, meter las manos en la tierra, mover equipos o distribuir el agua cuando llega el turno del riego.

“Hago de todo, aunque por supuesto, tengo empleados, pero yo también voy y trabajo. Por lo general, hago los trabajos de preparación de la tierra, el abonado, la siembra, el riego, me subo arriba del tractor, me encanta esta actividad y la disfruto porque se me pasan las horas volando”.

No obstante, esta fuerte dedicación tiene una marcada diferencia con sus tiempos en los que comandaba su negocio en la ciudad de San Rafael. Una ventaja que hoy le ratifica que vender la fiambrería fue su mejor decisión.

“Con la fiambrería me iba de diez, no era que me iba mal, o que me iba a cambiar de rubro. Al contrario, lo que pesó aquí fue el hecho de que no podía estar en mi casa como quería. En cambio, ahora, con mi producción agrícola y mis equipos no dependo de nadie para trabajar las fincas, porque tengo todas mis máquinas”.

“Y eso es muy importante porque ahora voy a trabajar a la hora que quiero, soy mi propio patrón, si tengo que ir a un evento, o algo especial, o quiero estar compartiendo con mi familia, puedo hacerlo y el campo puedo esperar. Me encanta esta nueva etapa de mi vida, porque me encanta el campo y ahora soy dueño de mi tiempo”.

Fuente: https://bichosdecampo.com/del-mostrador-de-una-fiambreria-al-tractor-en-una-finca-de-san-rafael-ivan-rodriguez-cambio-un-negocio-exitoso-en-la-ciudad-y-aposto-por-el-campo-para-ser-mas-feliz-y-disfrutar-los-atardeceres/

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