
Dejar el INTA, contado por sus referentes: “Llevo conmigo un profundo agradecimiento por todo lo que me dio y la esperanza de que pueda encontrar el mejor camino”
La tercera entrega de la serie de notas que Bichos de Campo le dedicó a los referentes del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) que dejaron la Institución cuenta...
La tercera entrega de la serie de notas que Bichos de Campo le dedicó a los referentes del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) que dejaron la Institución cuenta con los testimonios de Aquiles Salinas, Nicolás Sosa, Juan Pablo Ioele y Facundo Ferraguti.
Salinas es ingeniero agrónomo y especialista en tecnologías de riego. Desarrolló su carrera en la EEA INTA Manfredi, Córdoba, donde fue referente en riego y llegó a desempeñarse como director de la Estación Experimental. Desde allí participó durante años en investigación y transferencia sobre riego suplementario para cultivos extensivos.
Ioele, también agrónomo de profesión, fue extensionista del INTA Marcos Juárez, en Córdoba y jefe de la Agencia de Extensión Rural de Corral de Bustos. Realizó trabajos de investigación y extensión sobre maíz, fertilización, sanidad y manejo agronómico. Integró, además, los equipos de la Red de Evaluación de Híbridos de Maíz de esa Experimental.
Sosa, por su parte, se recibió de agrónomo y se especializó en manejo de efluentes pecuarios y enmiendas minerales y orgánicas, con formación de posgrado en gestión de suelos y aguas. Desarrolló su actividad también como investigador en INTA Manfredi, donde encabezó y participó en numerosos trabajos sobre aprovechamiento agronómico de efluentes porcinos, fertilidad y calidad de suelos.
Ferraguti fue investigador de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Oliveros, en Santa Fe, donde se abocó al manejo y producción de maíz. Fue coordinador de la Red Nacional de Maíz del INTA y uno de los referentes técnicos del organismo en ese cultivo, participando en redes de ensayos de híbridos y en investigaciones sobre manejo, fechas de siembra y respuesta frente al complejo de achaparramiento.
Las palabras de Aquiles Salinas
Inicié en el INTA hace 32 años. Comencé como contratado y tuve el privilegio de transitar por todas las etapas contractuales y de gestión: desde técnico sin cargo, jefe de grupo, coordinador de área, director de Estación Experimental y de Centro Regional, hasta coordinador de los programas nacionales de riego. Viví y aprendí desde cada rol. En el INTA me formé, crecí profesionalmente y me dio la oportunidad de perfeccionarme en el exterior gracias a una beca de maestría que gane.
Como siempre decía un querido jefe, allí el techo se lo pone uno mismo y las herramientas para desarrollarse siempre estuvieron disponibles.
Tomar la decisión de dejar la Institución fue un proceso complejo y muy pensado. Pasé más de la mitad de mi vida en ese querido INTA Manfredi, que fue mi casa y mi escuela. Hoy, desde mi nueva etapa como asesor privado, miro hacia adelante y agradezco con orgullo los cimientos que me dio para mi formación y la tranquilidad que durante ese tiempo todo lo construido fue con la convicción de haber dado lo mejor.
Desde afuera, hoy, acompaño al INTA en lo que puedo y, aunque ya no forma parte de mí día a día, llevo conmigo el profundo agradecimiento por todo lo que me dio, y con la esperanza de que la Institución y todos los que aún permanecen trabajando puedan encontrar el mejor camino.
Las palabras de Nicolás Sosa
Después de más de 19 años en INTA, cerrar esta etapa no fue una decisión sencilla. El INTA fue mucho más que un lugar de trabajo, fue una parte muy importante de mi vida profesional y personal.
Trabajar en INTA fue un proceso de crecimiento y aprendizaje constante, de la mano de grandes profesionales y referentes temáticos. Me permitió capacitarme permanentemente y acceder a oportunidades que fueron fundamentales para mi desarrollo profesional, entre ellas realizar una maestría en el exterior, una experiencia que marcó mi formación, tanto en lo académico como en lo personal.
Una de las mayores satisfacciones que me llevo es haber podido construir y desarrollar una línea de trabajo vinculada a la gestión y valorización de los efluentes y residuos pecuarios. Durante estos años busqué aportar desde la investigación y la formación profesional a una mirada diferente sobre estos subproductos: entenderlos no solamente como un problema que hay que tratar, sino también como recursos que pueden ser valorizados y utilizados de manera agronómica, generando beneficios productivos y ambientales.
Cuando miro hacia atrás, siento un enorme agradecimiento por todo lo que el INTA significó para mí. Me permitió crecer como profesional, conocer distintas realidades productivas, trabajar con personas de enorme calidad humana y profesional, y participar de experiencias que difícilmente hubiera podido vivir en otro ámbito.
Dejar el INTA implica, inevitablemente, una mezcla de sentimientos. Hay nostalgia por lo que queda atrás, por los lugares, los proyectos y, sobre todo, por las personas con las que compartí tantos años. Hay vínculos y momentos que forman parte de una historia que no se puede borrar simplemente porque termina una relación laboral.
Pero también siento que, a lo largo de estos años, pude devolverle una parte de todo lo que recibí. Desde mi lugar como profesional, participé en proyectos de investigación y extensión, generé y publiqué producción científica, presenté trabajos en congresos y jornadas, brindé disertaciones y capacitaciones y participé en la organización de diferentes eventos técnicos y científicos. También tuve la posibilidad de vincular el trabajo del Instituto con productores, empresas, universidades y otras instituciones, intentando que el conocimiento generado pudiera llegar al territorio y transformarse en soluciones concretas para el productor.
La decisión de cerrar esta etapa fue meditada y la tomo con tranquilidad, entendiendo que después de más de 19 años es momento de abrir una nueva etapa profesional y personal, con nuevos desafíos y proyectos. El INTA forma parte de mi historia profesional y va a seguir formando parte de lo que soy. Cambia el lugar desde donde voy a trabajar, pero no cambian las convicciones, los aprendizajes ni las ganas de seguir aportando al desarrollo del sector agropecuario.
Después de más de 19 años, cierro esta etapa con agradecimiento, con orgullo por el camino recorrido y con la tranquilidad de saber que todo lo vivido en el INTA seguirá acompañándome en lo que viene.
Las palabras de Juan Pablo Ioele
El INTA significó un gran paso profesional en mi vida. Tuve la suerte de interactuar siempre con muy buena gente en todos los mandos, en directivos, en empleados a campo, en técnicos.
Profesionalmente, siempre estuve contenido. Fue un muy buen ámbito, donde se me dejó ser. Pude participar en un montón de instancias: fui coordinador de los proyectos de innovación en el territorio, fui jefe de Agencia de Extensión, pude armar la red de maíz de híbridos del INTA Marcos Juárez, y también fui el coordinador de su módulo periurbano. En todos los casos, con toda la gente que tuve que interactuar, ya sea en Nación como en el centro Regional Córdoba, y con la institución misma del INTA Marco Juárez, siempre estuve muy bien.
La verdad que no puedo decir absolutamente nada malo. La decisión de mi retiro ya estaba tomada. Quizás no coincide mucho con la del resto de los profesionales que se fueron de la Institución. Meses antes de que salgan los retiros voluntarios, comuniqué mi intención de desvincularme de la Institución y, por pedido del director del centro regional, Juan Cruz Molina, me quedé. Luego, cuando apareció lo del retiro voluntario, lo tomé y me fui.
¿Si me hubiese gustado irme de otra forma? No. Creo mucho en los ciclos y, durante todo ese tiempo, me pareció que le era útil a la Institución, y la institución me era útil a mí. Después llegó un momento en el cual decidí tomar otro camino y dedicarme la parte profesional privada.
Guardo el mejor de los recuerdos y me gustaría colaborar siempre para que su situación mejore.
Las palabras de Facundo Ferraguti
El INTA me permitió capacitarme, conocer el país, integrar equipos interdisciplinarios. Nunca pensé que podía llegar a trabajar con tantas personas valiosas y profesionales que yo admiraba.
Terminé integrando equipos con profesionales que realmente admiraba cuando comenzaba mi carrera, y que hoy puedo decir que son amigos míos.
Sentí orgullo todo el tiempo que estuve en el INTA. Me permitió y me dio la libertad de emprender por mi cuenta algunos proyectos que parecían muy grandes, pero que los terminamos logrando, como la red nacional de maíz.