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De Raíz: Oscar Marzol, el hombre que levantó un jardín botánico y un museo en Iriarte porque su forma de disfrutar es -sencillamente- hacer

En el kilómetro 151 de la Ruta 7, el paisaje de campo tradicional cambia de golpe. Ahí, en Iriarte, Oscar Marzol levantó un Jardín Botánico que hoy tiene unas 700 especie...

De Raíz: Oscar Marzol, el hombre que levantó un jardín botánico y un museo en Iriarte porque su forma de disfrutar es -sencillamente- hacer

En el kilómetro 151 de la Ruta 7, el paisaje de campo tradicional cambia de golpe. Ahí, en Iriarte, Oscar Marzol levantó un Jardín Botánico que hoy tiene unas 700 especie...

En el kilómetro 151 de la Ruta 7, el paisaje de campo tradicional cambia de golpe. Ahí, en Iriarte, Oscar Marzol levantó un Jardín Botánico que hoy tiene unas 700 especies vivas, un proyecto que nació puramente por su fanatismo por los árboles.

Lo que muchos conocen hoy como “el museo de Iriarte” es en realidad la segunda parte de una historia que empezó con Oscar juntando plantas en tarritos cuando era chico y que terminó convirtiéndose en un bosque increíble en medio de la llanura.

Por supuesto el equipo de De Raíz fue a visitarlo:

Oscar arrancó con este desafío a los 27 años. Compró las primeras ocho hectáreas y se puso a plantar sin descanso, no para competir con nadie, sino para ver cuántas variedades podía juntar. El lugar es dinámico y le ha dado varias batallas: pasó por siete inundaciones y vientos que le tiraron ejemplares espectaculares.

Pero Marzol no se queda quieto: “Acá se muere, se nace y se replantea”, explica sobre la lógica del lugar.

Hoy el predio tiene de todo: nativas que trajo con la ayuda de profesionales desde Santiago del Estero y el Chaco que no se ven en ningún vivero, frutales, coníferas y hasta secuoyas que plantó sabiendo que él no las va a ver gigantes. Sobre eso, Oscar tiene una filosofía clara: “Los árboles hay que esperarlos”.

Una de las joyas de este proyecto es una plaza inspirada en un patio de la Alhambra, en Granada. Aunque el Botánico es el pulmón verde, este plaza se encuentra propiamente en el sector del museo. Oscar se trajo el dibujo en un papelito y lo replicó con un diseño trapezoidal donde no llegás al centro directo, sino que tenés que ir haciendo curvas. Usó buxus para marcar los canteros, palmeras y álamos, dándole un aire europeo al medio del campo y sumando más variedad a su colección botánica personal.

Volviendo al Botánico, otra de sus “locuras” fue la laguna artificial; su propio abuelo le decía que estaba “totalmente loco” por desperdiciar tierra de pastoreo para plantar arboles, pero Oscar siguió firme hasta que hizo la isla y el lago funcionó.

Para Marzol, el objetivo nunca fue sentarse abajo de un árbol a tomar mate y mirar lo que hizo. De hecho, dice que no aguanta ni una sobremesa larga y que sentarse a disfrutar contemplativamente no es lo suyo: “Yo sentarme jamás, soy muy especial”. Lo suyo es el proceso, la pasión por coleccionar y el desafío de lograr lo que se propone.

Oscar es tajante con el consejo para los que quieren empezar un proyecto así: “Hay desafíos internos que si vos no tenés el objetivo claro, seguramente fracasás”.

Otro de las excentricidades en el Botánico es el sector del Tambo de Regazzoni. Ahí, Oscar integró una serie de esculturas del reconocido artista Carlos Regazzoni, hechas con piezas de desecho ferroviario y chatarra. Para Marzol, cada rincón tiene que tener un nombre y una identidad, y este sector es un ejemplo de cómo el arte se puede mezclar con la botánica sin que uno le quite protagonismo al otro.

“Este es un sector dinámico”, repite Oscar, y esa dinámica se nota en cómo estas piezas de hierro conviven con las especies que van creciendo y cambiando a su alrededor, dándole al parque un aire de museo al aire libre que va mucho más allá de lo estrictamente forestal.

Dice que si uno busca ganar plata con esto, se frustra porque “no hay dinero que alcance”. Para él, este proyecto es un lujo personal donde invierte lo que gana en su trabajo para mantener viva su pasión. “Otros quieren comprar una casa en Punta del Este para ir quince días; yo acá tengo Punta del Este todo el año”, asegura.

El museo de máquinas de labranza apareció casi de rebote. Al principio, Marzol compró unas maquinitas viejas solo para decorar el jardín, pero después se dio cuenta de que a los que cortaban el pasto les molestaban para pasar.

“Se le hacía complicado a los parqueros para moverlas y cortar debajo de la máquina”, recuerda. Así que compró una casona vieja en el pueblo y terminó armando once galpones sucesivos donde guarda de todo.

Oscar vive en Buenos Aires y trabaja en el microcentro, pero hace años que no falta un solo fin de semana a Iriarte. Ya lleva más de un millón de kilómetros hechos en la ruta solo por este hobby.

La semana que viene, la historia sigue con algunos de estos espacios que hay dentro de esos once galpones del museo.

Fuente: https://bichosdecampo.com/de-raiz-oscar-marzol-el-hombre-que-levanto-un-jardin-botanico-y-un-museo-en-iriarte-porque-su-forma-de-disfrutar-es-sencillamente-hacer/

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