
De Raíz: De los árboles del botánico a un increíble museo rural que, en Iriarte, reproduce cómo era la vida rural de antaño
La semana pasada contamos la historia del jardín botánico que Oscar Marzol levantó en el kilometro 351 de la Ruta 7, en la localidad de Iriarte. Se trata de un espacio verd...
La semana pasada contamos la historia del jardín botánico que Oscar Marzol levantó en el kilometro 351 de la Ruta 7, en la localidad de Iriarte. Se trata de un espacio verde que nació de su pasión por los árboles. Pero la charla durante la recorrida no terminó ahí. Y por eso consideramos necesaria esta segunda entrega.
Como todo el que visita este lugar descubre rápidamente, el mundo de Marzol no se agota. Cruzando apenas unos metros, el equipo de De Raiz descubre cómo el paisaje cambia y la botánica le deja su lugar a los fierros, la historia rural y la arquitectura urbana, todo concentrado en un museo que es tan sorprendente como el bosque que lo rodea.
Este espacio, que hoy ocupa once inmensos galpones, nació casi por accidente. Oscar cuenta que al principio compraba viejas maquinarias agrícolas solo para decorar el parque, pero a los parqueros se les complicaba esquivarlas para cortar el pasto. Así fue como decidió techar la historia. Compró una de las primeras casonas del pueblo y empezó a construir.
Su inspiración fue el Museo Rocsen en Córdoba, pero él le dio su propia impronta. En lugar de amontonar objetos, decidió armar salas temáticas para que la muestra fuera mas dinámica. Así levantando paredes con barro y cemento, recreo una peluquería, una joyería, un almacén de ramos generales y hasta un bar exactamente igual al que le compró a un amigo en San Antonio de Areco.
Para quienes sienten pasión por el campo, el museo guarda tesoros de la historia agropecuaria que hoy parecen de ciencia ficción. Mientras caminaba por los galpones, Oscar mostro una jaula enorme que se usaba antiguamente para bañar toros de pedigrí. Como esos animales valían fortunas, no se los mezclaba con el rodeo general. Se los metía en esa jaula que bajaba como un ascensor hacia una fosa llena de liquido curativo contra la sarna, se los sumergía una fracción de segundo y salían caminando sin golpearse.
Un poco mas allá esta la cremería, un rincón muy personal que armó en homenaje a sus abuelos vascos, que trabajaban al sol haciendo queso y dulce de leche.
La recorrida completa en este video.:
Pero la ambición de Marzol es ilimitada y la historia del campo también esta ligada al ferrocarril. El predio tiene vías y vagones comprados en remates en la época de los noventa y una locomotora inmensa. Conseguir esa maquina fue una verdadera odisea que incluyo gestiones en despachos oficiales en Buenos Aires y un viaje hasta Palmira, en Mendoza, para poder traerla.
También hay un puente ferroviario de diecisiete metros que compró sin haberlo visto, a un desarrollador en Malargüe, y que de pura casualidad tenía la medida exacta de la calle que había trazado en el museo. Toda esa locura de logística y montaje esta documentada en video para los que visitan el lugar.
Quizás el contraste más grande en medio de la llanura bonaerense sea entrar a uno de estos galpones y encontrarse con un vagón de madera de la mítica Linea A de subte.
Oscar no solo trajo el vagón, sino que azulejo las paredes del galpón para que los vecinos de la zona que nunca fueron a la capital puedan sentir que están en una estación subterránea porteña.
Hoy, con más de dos mil quinientos alumnos que ya visitaron el lugar de forma gratuita, el museo sigue creciendo.
Ahora Oscar está armando un teatro con butacas para cien personas que espera inaugurar el próximo año. Una prueba mas de que para este coleccionista, disfrutar no es sentarse a mirar lo hecho, sino seguir construyendo.