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De los granos a la leche de oveja: Los hermanos Maestre saltaron el cerco y armaron un tambo ovino desde el cual venden quesos con marca propia

En el campo heredado por su madre, en la localidad bonaerense de Bolívar, los hermanos Maestre le fueron dando forma a un desafío que diversificó la producción del establecimiento ganadero dedi...

De los granos a la leche de oveja: Los hermanos Maestre saltaron el cerco y armaron un tambo ovino desde el cual venden quesos con marca propia

En el campo heredado por su madre, en la localidad bonaerense de Bolívar, los hermanos Maestre le fueron dando forma a un desafío que diversificó la producción del establecimiento ganadero dedi...

En el campo heredado por su madre, en la localidad bonaerense de Bolívar, los hermanos Maestre le fueron dando forma a un desafío que diversificó la producción del establecimiento ganadero dedicado a la cría.

Su papá, Raúl, fue un histórico corredor de granos de la Bolsa de Buenos Aires. Si bien sigue ligado a esa actividad, cuando con su esposa heredaron ese pedazo de tierra se volcó de lleno a la ganadería con toda pasión. Ese giro inicial fue el puntapié para que, años más tarde, la siguiente generación empezara a involucrarse hasta armar el tambo Blanca Grande.

Todo empezó con una pequeña majada de ovejas que apenas alcanzaba para el consumo familiar. “Era para tener el cordero de fin de año, o alguna atención, no mucho más. Y de a poco empezamos a darle forma”, explica Gonzalo Maestre a Bichos de Campo.

El primer paso fue incorporar genética y conocimiento. “Sumamos la raza Pampinta, desarrollada por el INTA Anguil. Es muy mellicera, tiene buena lana y también perfil carnicero. Sabíamos que podía haber un potencial lechero, pero primero había que hacer todo un proceso”, recuerda.

El verdadero salto se dio recién en 2019, cuando Gonzalo se sumó de lleno al proyecto y su cuñado Lucas se instaló en el campo. “Él agarra la majada y empieza a trabajarla todos los días. La oveja requiere mucho seguimiento, es distinto a la vaca. Hay que estarle encima por los predadores, por el manejo”, describe. En paralelo, la familia incorporó tecnología y prácticas: perros protectores, border collie para el arreo, esquila preparto y mejoras sanitarias.

Pero el punto de inflexión llegó casi como una idea lanzada al aire. “Un día cayó mi cuñado y me dijo: ‘¿Y si hacemos un tambo?’. Y ahí empezó la semilla”, cuenta Gonzalo. Tras analizar números y experiencias, en 2023 decidieron avanzar.

El proceso se aceleró gracias a un apoyo clave. “Estábamos en diálogo con Daniel Regalado, que justo estaba desarmando su tambo. Nos dieron una mano impresionante: vinieron los equipos, la majada y ellos mismos a enseñarnos a ordeñar y hacer queso. Fue una oportunidad única”, destaca.

Así nació el tambo ovino de los Maestre, con una lógica bien definida: integrar producción y agregado de valor. “Al principio pensamos en vender leche, pero vimos que el salto al queso era demasiado grande como para dejarlo pasar”, explica el productor.

En ese punto apareció otro actor fundamental: su hermana Lucía. “Había sido mamá y se estaba replanteando su trabajo como maestra rural. Le propusimos aprender la quesería y entró por un tubo. Tiene un talento impresionante”, dice.

Hoy, ella está al frente de la elaboración, mientras Lucas maneja la producción y Gonzalo coordina lo comercial y la planificación. La otra hermana, Cecilia, sostiene la operativa general del campo. Así, el esquema familiar logró algo poco frecuente: continuidad generacional con roles claros.

“Alineamos talentos: cada uno aporta desde lo suyo. Y mis viejos están más en lo estratégico, pensando a largo plazo”, resume.

El tambo funciona con una rutina exigente y muy artesanal. “Arranca a las 4.30 de la mañana y a las 8.30 terminamos de lavar. Ordeñamos una vez al día, priorizando sostenerlo en el tiempo y no enloquecernos”, explica Gonzalo. Hoy trabajan con unas 96 ovejas y producciones que superan el medio litro por animal diario, con la meta de mejorar esos números adelantando la parición para aprovechar la primavera.

La leche se transforma en un único producto: un queso semiduro, de 60 días de maduración, en hormas de medio kilo. “Decidimos simplificar y estandarizar. Y funcionó: vamos a una feria y nos quedamos sin stock. Nos sorprendió muchísimo la respuesta”, asegura.

El tambo Blanca Grande  ya mostró resultados alentadores. “El año pasado fue rentable en términos de flujo. No recuperamos la inversión, pero cubrimos los costos. Y este año creemos que va a ser mucho mejor”, afirma.

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Claro que el camino no está exento de desafíos. La producción ovina exige atención constante: pariciones delicadas, control de parásitos y riesgo de predadores. “Un cordero es muy vulnerable. Una tormenta en el momento justo puede ser fatal”, advierte. Para eso, los perros protectores se volvieron aliados clave: “reducen muchísimo la mortandad. Detectan al predador antes y le sacan el efecto sorpresa”.

Los Maestre siguen mirando hacia adelante. “Nuestro objetivo es crecer, pero entendiendo los límites. Soñábamos con mil ovejas, pero el ordeñe es muy manual, lleva tiempo. Igual queremos desafiarnos y ver hasta dónde podemos llegar”, dice Gonzalo.

En un contexto donde muchos tambos tradicionales desaparecen por falta de recambio generacional, esta familia encontró en las ovejas una oportunidad para reinventarse.

“Nos gusta desafiarnos y buscar algo más”, concluye. Y en ese impulso, transformaron una majada de consumo en un emprendimiento que combina producción, innovación, valor agregado y economía familiar.

Fuente: https://bichosdecampo.com/de-los-granos-a-la-leche-de-oveja-los-hermanos-maestre-saltaron-el-cerco-y-armaron-un-tambo-ovino-desde-el-cual-venden-quesos-con-marca-propia/

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