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¿Cómo se recupera una región cuando se cae un gigante? En el norte de Santa Fe siguen resonando los ecos del fracaso de Vicentin mientras crece el entusiasmo por el futuro

En buena parte de Santa Fe, el nombre de Vicentin pasó de ser sinónimo de orgullo productivo a convertirse en una herida abierta difícil de cerrar. Durante décadas, la firma nacida en Av...

¿Cómo se recupera una región cuando se cae un gigante? En el norte de Santa Fe siguen resonando los ecos del fracaso de Vicentin mientras crece el entusiasmo por el futuro

En buena parte de Santa Fe, el nombre de Vicentin pasó de ser sinónimo de orgullo productivo a convertirse en una herida abierta difícil de cerrar. Durante décadas, la firma nacida en Av...

En buena parte de Santa Fe, el nombre de Vicentin pasó de ser sinónimo de orgullo productivo a convertirse en una herida abierta difícil de cerrar.

Durante décadas, la firma nacida en Avellaneda fue mucho más que una aceitera. Era parte del entramado cotidiano donde se convivían acopios, empleo, transporte, cooperativas, pueblos enteros orbitando alrededor de una estructura que parecía sólida. Con los años, Vicentin supo construir una reputación de empresa familiar que creció al calor del boom exportador argentino.

Pero a fines de 2019, cuando el país transitaba otro cambio de gobierno, la maquinaria se detuvo de golpe. La compañía anunció que no podía hacer frente a sus compromisos financieros. El número, con el correr de los días, tomó dimensión y sumaron más de 1.300 millones de dólares en deudas, con bancos, proveedores y productores. Entre ellos, cientos de actores del interior productivo que habían entregado granos y quedaron atrapados en una cadena de pagos rota.

El impacto fue inmediato y profundamente territorial. En localidades como Avellaneda y Reconquista, el problema fue tangible y concreto. Camiones frenados, acopios sin liquidez, productores sin cobrar y una red de confianza que se rompió en millones de pedazos.

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En paralelo, el caso escaló al plano político. La fallida intención de expropiación por parte del gobierno nacional en junio de 2020 trasladó el conflicto a las calles. En plena pandemia, hubo banderazos, debates sobre propiedad privada y una grieta que se metió de lleno en el corazón del interior productivo. Para muchos productores, el temor ya no era solo no cobrar, sino perder reglas de juego.

Hoy, a casi 7 años del comienzo del fin de la Vicentin que conocíamos, le herida parece comenzar a cerrar de a poco. Al mando de la empresa hay una nueva administración que intentará enderezar el rumbo luego de encender los motores nuevamente. Sin embargo, ese optimismo que genera la Nueva VIcentin -como denominaron los actuales gestores- no oculta las heridas que dejó en las localidades del norte santafesino.

José Spontón, presidente de la Sociedad Rural de Reconquista, en diálogo con Bichos de Campo traza una radiografía directa de lo que ocurrió y de lo que empieza a cambiar. “A lo primero se había cortado, se había disminuido lo que es la cadena comercial y el funcionamiento de la región”, resume, al recordar el impacto inicial que tuvo el colapso de la empresa en una zona donde la actividad agroindustrial estructura buena parte de la economía local.

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El golpe, según describe, no fue únicamente financiero. “Hubo un bajón en lo productivo y en el impacto en la sociedad, sobre todo en empresas pequeñas que brindaban servicios”, explica. En ciudades como Reconquista y Avellaneda, donde la dinámica económica depende en gran medida del agro y de sus grandes jugadores, la parálisis de una firma como Vicentin se trasladó rápidamente al comercio, los servicios y el empleo, como suele suceder en las comunidades del interior.

Mirá la entrevista completa con José Spontón:

Con el paso del tiempo, ese vacío empezó a llenarse. “Después se empezó a reactivar con otras empresas de la región, y tenemos una fuerte presencia de la cooperativa Unión Agrícola de Avellaneda”, señala Spontón, marcando el rol de los actores locales para recomponer una red productiva que había quedado desarticulada.

El proceso, sin embargo, no fue inmediato ni homogéneo. Durante años, la incertidumbre dominó el escenario. En ese contexto, uno de los datos más recientes que aporta el dirigente es el inicio de pagos a acreedores en el marco del concurso. “Sé que pagaron a productores pequeños y medianos, de acuerdo a la categoría que eligieron. Conozco empresas que ya cobraron”, afirma.

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En paralelo, también se registra cierta normalización en la operatoria industrial. “Se volvió a reactivar la fábrica con los nuevos administradores”, indica Spontón, en referencia a la continuidad de las plantas bajo nuevas condiciones de gestión. Ese movimiento, todavía incipiente, empieza a reactivar vínculos comerciales que habían quedado congelados.

Aun así, la recuperación no borra las huellas. En ese esquema, las cooperativas y empresas regionales aparecen como piezas clave para sostener la actividad.

De cara a lo que viene, el diagnóstico es moderadamente optimista. “La región productivamente se ve positiva para adelante”, sostiene el dirigente rural, apoyado también en una mejora coyuntural de algunas variables del agro. La campaña triguera fue “histórica”, y en ganadería “no se veían estas condiciones de los campos desde hace años”, aunque reconoce que la soja volvió a sentir la falta de agua en un verano exigente.

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El ánimo, asegura, acompaña ese escenario: “Hay un ánimo positivo en productores, comercios y toda la cadena”. Esa expectativa también se vincula con la reactivación de otros eslabones, como el frigorífico local -antes vinculado a Vicentin- y parte del entramado industrial.

En ese contexto, la agenda productiva empieza a recuperar espacios de encuentro. Tanto es así que la Sociedad Rural de Reconquista prepara su 90ª exposición, que se realizará el 7, 8 y 9 de agosto, como una vidriera de ese entramado que busca consolidarse tras años de turbulencia.

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El evento, que se desarrollará en un predio de 15 hectáreas, convoca habitualmente a decenas de miles de personas y articula la participación de la industria, el comercio y los servicios de la región. “Es un evento donde se encuentra toda la ciudad”, define Spontón. En la última edición participaron más de 6.000 estudiantes, un dato que refuerza el anclaje social de la muestra.

Más que una feria, la rural aparece como un termómetro. Si en los años más duros funcionó como espacio de contención, ahora empieza a mostrar señales de reconstrucción.

Fuente: https://bichosdecampo.com/como-se-recupera-una-region-cuando-se-cae-un-gigante-en-el-norte-de-santa-fe-siguen-resonando-los-ecos-del-fracaso-de-vicentin-mientras-crece-el-entusiasmo-por-el-futuro/

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