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Antes de llegar a los hombros de la Sole para despedir a Messi, el “poncho argentino” pasó por las manos de Graciela y su familia, que lleva cinco generaciones con ese oficio en Belén

Cuando Soledad Pastorutti, nuestra querida Sole, cantó “Brindis” en la despedida de Lionel Messi de la selección nacional, hace unos días en el estadio de River, llevó sobre sus hombros una...

Antes de llegar a los hombros de la Sole para despedir a Messi, el “poncho argentino” pasó por las manos de Graciela y su familia, que lleva cinco generaciones con ese oficio en Belén

Cuando Soledad Pastorutti, nuestra querida Sole, cantó “Brindis” en la despedida de Lionel Messi de la selección nacional, hace unos días en el estadio de River, llevó sobre sus hombros una...

Cuando Soledad Pastorutti, nuestra querida Sole, cantó “Brindis” en la despedida de Lionel Messi de la selección nacional, hace unos días en el estadio de River, llevó sobre sus hombros una bandera argentina convertida en poncho. Detrás de aquella prenda celeste y blanca, que encontró una vidriera enorme, estaba el silencioso trabajo de una familia de artesanos de Belén, Catamarca: Graciela Carrasco, su esposo Ramón Baigorría y sus hijos, integrantes del emprendimiento Rua Chaky, que quiere decir “hecho a mano” en idioma quichua.

Unos días antes de esa aparición, Bichos de Campo encontró a Graciuela participando del encuentro anual de Mujeres de la Ruralidad en Mar del Plata. Allí nos explicó cuánto trabajo encierra ese diseño que fue ganando distintos nombres: “El poncho argentino, el poncho del Bicentenario, el poncho de la Selección”.

Para ella y los suyos sigue siendo, sobre todo, “nuestro poncho”.

Mirá la entrevista:

Graciela lucía ese famoso poncho mientras relataba una historia familiar que se puede contar siguiendo el recorrido de la lana. Porque en su emprendimiento no reciben una tela terminada para agregarle un dibujo. El trabajo empieza con el hilado y sigue con el teñido, el tejido y los bordados.

“Hacemos todo el trabajo desde el hilado, el teñido, el tejido. Todo, todo el trabajo de la familia”, explicó.

La tradición viene de la familia de su marido y alcanza a cinco generaciones. Pero el dato que Graciela celebra es que también haya continuidad hacia adelante: “Tenemos la suerte de que mis hijos también siguen este lindo oficio”.

 

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En Belén, donde la confección de ponchos tiene una larga tradición, ese conocimiento se conserva haciendo. En su caso, frente a un “telar rústico de los cuatro horcones”, como describió la herramienta con la que trabajan. Allí se teje la prenda que después puede viajar por el país o terminar en manos de un argentino que vive en el extranjero.

El poncho bandera está hecho con lana de oveja, aunque ellos trabajan también la fibra de llama y ocasionalmente, porque no es algo que abunde, también de la vicuña. Para conseguir los colores, la familia recurre a tintes que también tienen sus secretos. Graciela mencionó el índigo o añil para los celestes y azules, y la cáscara de cebolla para el amarillo del sol.

Ese sol, además, está bordado a mano y requiere de otra etapa de trabajo sobre el tejido.

Los últimos sucesos en torno a la selección nacional de fútbol parecen pensados por una estrategia de márketing para potenciar este tipo de artesanías. Y es que la familia también tenía varios diseños de ponchos con las Islas Malvinas, incluso desde mucho antes de que los jugadores desplegaran la famosa bandera con el reclamo de soberanía tras el partido contra Inglaterra.

“Hacemos de un lado el sol y del otro lado las Malvinas”, contó Graciela, que reconoció que se habían disparado los pedidos con ese motivo tras aquel episodio.

La inspiración original, explicó, fue la bandera argentina y una invitación a participar de un desfile en Plaza de Mayo. A partir de allí, el diseño empezó a circular y a encontrar compradores cada vez más lejos de Belén. “Por suerte lo ves en todos lados. Está en todas partes del mundo”, dijo Graciela soibre el poncho que utilizó la Sole.

¿Y cuánto tiempo lleva hacer un poncho de esas caractarísticas? La respuesta de la artesana fue que demanda  entre 15 y 18 días, con muchas horas de dedicación cada jornada. Es un tiempo difícil de advertir cuando se lo ve terminado sobre los hombros de alguien.

El hilado, los colores, el telar y el bordado se reparten dentro de una familia que hizo del oficio su sustento. Graciela describió jornadas extensas, pero también el gusto por una tarea que eligieron conservar: “Es algo que nos gusta. No nos cansa y es nuestra forma de vida”.

Para llegar a la Sole hubo otra escala catamarqueña: la cantante recibió el poncho como obsequio durante su participación en la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. Después lo llevó al homenaje a Messi y multiplicó la visibilidad de aquella creación familiar.

Fuente: https://bichosdecampo.com/antes-de-llegar-a-los-hombros-de-la-sole-para-despedir-a-messi-el-poncho-argentino-paso-por-las-manos-de-graciela-y-su-familia-que-lleva-cinco-generaciones-con-ese-oficio-en-belen/

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