
Angus pisa fuerte también en la Patagonia: Cerca de Viedma, Francisco Gilardi logró un destete del 92% gracias a la buena genética y el manejo forrajero
El desembarco del Angus en la Patagonia ya no es una tendencia incipiente sino un proceso consolidado que empieza a mostrar resultados concretos en los campos. Así lo planteó Federico Gila...
El desembarco del Angus en la Patagonia ya no es una tendencia incipiente sino un proceso consolidado que empieza a mostrar resultados concretos en los campos.
Así lo planteó Federico Gilardi, director de la raza en la región junto a Juan Manuel Sosa, quien describió un cambio productivo que en apenas 15 años logró desafiar la histórica hegemonía del Hereford. “Se ha logrado una genética adaptada a los requerimientos de la Patagonia y hoy estamos avanzando muy fuerte, sobre todo en los valles”, aseguró.
Ese crecimiento se explica, en buena medida, por la expansión de los sistemas bajo riego. “El desarrollo ganadero está muy ligado al riego. En los valles de Río Negro y Neuquén, con sistemas por manto e inundación, y ahora con pivotes, se puede producir mucho más forraje y hacer más eficiente el rodeo”, explicó. Incluso, destacó que esa infraestructura permitió avanzar hacia zonas antes más marginales, incorporando superficie productiva.
El modelo que se consolida es claramente mixto. “Se está incorporando mucho maíz y alfalfa. La soja todavía no logra adaptarse por el frío, pero el maíz y los verdeos de invierno, junto con el picado y el almacenamiento de forraje, están creciendo mucho”, indicó.
En esos esquemas, el manejo del alimento resulta clave para amortiguar uno de los principales riesgos de la región: la variabilidad en la oferta forrajera.
En cuanto a la adaptación de la raza, Gilardi fue contundente: “Hay un mito de que el Angus no se adapta al frío. Hoy, con el avance genético, eso ya no es así. Es un animal más caminador, que aprovecha mejor las grandes extensiones y llega a forraje donde otros no llegan”.
Esa mayor rusticidad, sumada a la eficiencia productiva, explica por qué cada vez más productores patagónicos están incorporando Angus en sus rodeos. “Antes eran netamente herefordistas y hoy combinan ambas razas, con un crecimiento sostenido del Angus”, señaló.
Los indicadores productivos empiezan a reflejar ese proceso. “Hoy estamos en torno al 70% de destete a nivel general, pero ya hay sistemas que están llegando al 75 o 77%”, detalló.
Además, mencionó mejoras en el “descarte” o eficiencia del rodeo, con avances de entre 5 y 7 puntos gracias a una mayor selección de madres. “Se está trabajando mucho en eliminar las vacas menos productivas y reemplazarlas por vaquillonas, en un contexto donde además hay fuerte retención de hembras”, explicó. Ese fenómeno, justamente, dificulta tener un número preciso del stock Angus en la región.
Las diferencias entre zonas siguen marcando brechas. “Hay campos con mucha oferta de forraje y otros mucho más extensivos, donde el manejo es más complejo y eso impacta en los resultados”, advirtió. Sin embargo, destacó que tanto el sector privado como los gobiernos provinciales están impulsando mejoras tecnológicas para hacer más eficientes los sistemas.
En su propia experiencia productiva, Gilardi muestra hasta dónde puede llegar ese modelo cuando se logra integrar bien la agricultura y la ganadería. En su cabaña Don Juan, ubicada a 35 kilómetros de Viedma, maneja un rodeo de 280 madres Angus entre puro controlado y pedigree. “Tenemos un 92% de destete y casi 95% de preñez, con un rodeo chico pero muy eficiente”, contó.
La base de esos resultados está en la producción de forraje. “Estamos con unas 100 hectáreas de maíz, con rindes de entre 11.000 y 13.000 kilos por hectárea en picado”, detalló. En alfalfa, en tanto, logra cuatro cortes anuales: “El primero es más flojo, pero el segundo y tercero son mejores, y en total estamos entre 16.000 y 20.000 kilos de materia seca por hectárea por campaña”. Ese volumen permite sostener recrías, encierres y mejorar los índices reproductivos.
Además, la cabaña produce genética: “Hacemos entre 40 y 50 reproductores por año entre puro controlado y pedigree, y también vendemos entre 80 y 100 vientres según el año”. Todo dentro de un esquema que combina riego por pivote y por manto, y que incluso incorpora ambientes más duros del monte patagónico.
“Siempre buscamos mejorar. El desafío es lograr un sistema eficiente pero también sostenible, donde todo se complemente”, planteó.
Sobre el contexto general, Gilardi advirtió por el impacto de la flexibilización de la barrera sanitaria. “Generó incertidumbre y malestar, porque el estatus sanitario se logró con mucho esfuerzo. La barrera debería avanzar hacia el norte y no flexibilizarse hacia el sur”, opinó. También recordó que producir en Patagonia implica mayores costos, desde la logística hasta el plus por zona fría, lo que históricamente explicó las diferencias de precios.
Aun así, el dirigente ve un horizonte positivo para la actividad. “Estamos en un momento histórico, con precios muy por encima del promedio, tanto a nivel nacional como internacional. Hay entusiasmo y creo que es un escenario que puede sostenerse por un tiempo”, concluyó, con la convicción de que el Angus seguirá ganando protagonismo en el sur argentino.